Pasar el invierno – Olivier Adam

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Pasar el invierno - Olivier AdamLa etiqueta de realismo sucio ha sido utilizada en tantas ocasiones en los últimos tiempos que casi podría decirse que ha perdido el valor que pudiera tener. Con todo, no es menos cierto que algunas de las características de esa etiqueta se ajustan a la perfección a este libro de relatos del francés Olivier Adam, que dibuja en sus nueve historias unos perfiles muy particulares y marcados por la soledad y el tedio.

Los textos de “Pasar el invierno” nos presentan unos personajes que se mueven entre el fracaso, la ausencia y la amargura; todos son más o menos desgraciados, aunque las circunstancias les ofrecen a todos una suerte de redención. Adam consigue ofrecer unos retratos veraces, con descripciones mínimas y unas personalidades dibujadas a base de frases, de gestos, de momentos; sus protagonistas son muy cercanos, tanto por sus vidas ordinarias (hay profesores, secretarias, taxistas…) como por sus actitudes ante esas vidas. Se puede objetar, no obstante, que esos personajes resultan muy pasivos, sobre todo los que se enfrentan a acontecimientos más adversos; la frialdad con que el autor describe sus comportamientos raya en lo inverosímil, ya que la ausencia de sentimientos es casi total.

Con todo, en el libro hay algunos cuentos magníficos de la primera a la última línea. Es el caso de ‘Bajo la nieve’, la historia de una chica que hace frente a la prematura muerte por cáncer de su padre, narrada con una economía estilística brillante y cuya narradora causa una tremenda impresión: su perfil ausente, esquivo y desesperado —ante la imposibilidad de aceptar lo que está ocurriendo— está trazado de una forma elegante e intensa, con un estilo adusto, pero hermoso y contenido. La naturaleza juega un papel especial en este relato (también en algunos otros), ya que Adam traza unas correspondencias muy bellas entre la tierra y el cuerpo, la muerte y el ciclo eterno de lo natural.

Otro buen texto es ‘Lacanau’, la crónica de una noche de Navidad que una secretaria debe pasar trabajando para terminar unos informes para su jefa. Más allá de la anécdota trivial, incluso de un desarrollo algo alambicado, el autor ofrece una magnífica exposición del sinsentido de nuestras rutinas diarias. La protagonista hace gala de una conmovedora fuerza de voluntad para sobreponerse a lo que, a todas luces, no es más que una existencia cansina y abúlica. Y no es difícil pensar que, en el fondo, nuestras propias existencias no difieren mucho de la suya.

‘Ha muerto Pialat’ o ‘Cenizas’ también son textos notables, aunque no estén al nivel de los citados. El profesor que protagoniza el primero, forzado a un año sabático, y el taxista del segundo, que acompaña a una desconocida durante su periplo nocturno, encarnan esas figuras solitarias que Adam describe con inteligencia. La frialdad de unas vidas mecánicas, previsibles y, quizá por ello, vacías, se contrapone a un ansia interior de plenitud, un afán por escapar de esa mediocridad de lo cotidiano y llegar a un estado diferente, mejor. La salida que constituye la posibilidad de esperanza en estos relatos (y de algunos otros) es real, pero también compleja, por la dificultad que entraña el alcanzarla.

El resto de textos no alcanza niveles tan notables y caen en algunos tópicos fáciles —jóvenes que regresan a casa tras un breve paso por la cárcel, matrimonios destrozados por la muerte de su hijo— o en tramas impostadas, que buscan un efecto final mediante acontecimientos cuestionables —mujeres que suben al coche con el primer desconocido que se les presenta, hombres que huyen de sus vidas montando en un tren cuyo destino les es indiferente—. El autor fuerza la máquina para lograr unas composiciones minimalistas, pero el artificio de su elección resulta bastante evidente: los personajes parecen esquemáticos y el desarrollo de las historias naufraga por ese anhelo de frialdad que planea sobre todo el conjunto.

“Pasar el invierno” no es un libro de relatos magnífico, pero no deja de ser una lectura muy agradecida, tanto por el buen hacer de Olivier Adam (que con algunos relatos alcanza un estilo notable) como por lo interesante de varios de los textos, que ponen frente al lector la amargura de unas existencias muy similares a la suya; esa cercanía, esa calidez, son muy convincentes, y el autor consigue crear algunos retratos excelentes. Y una última línea para mencionar el buen trabajo editorial que han hecho los responsables de Errata Naturae; el libro es elegante y su edición está cuidada y realizada con gusto, lo cual siempre es merecedor de elogio. Veremos qué ofrecen sus siguientes propuestas.

1 Comentario

  1. Prácticamente todas las reseñas de este blog son iguales. Se echa en falta algo más de análisis, de profundización, de información adicional al lector. Y no sólo decir hay un cuento muy bueno y otros que no tanto y luego uno que no me ha gustado… ¿A quién puede interesarle eso fuera de tu familia?

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