Realidad daimónica – Patrick Harpur

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Realidad daimónica - Patrick HarpurAl igual que ocurría con su anterior libro publicado en castellano, “El fuego secreto de los filósofos“, Patrick Harpur trata en “Realidad daimónica” sobre la relación entre el mundo de la imaginación —en un sentido muy, muy amplio— y el mundo real u objetivo. La diferencia más notoria entre ambos estudios es que en el primero Harpur teorizaba acerca del poder de la imaginación desde una posición más académica (el libro hacía un recorrido histórico basado en multitud de datos) y, en cambio, en este segundo sus postulados se exponen en función de los llamados «fenómenos paranormales».

Hablando en plata: “Realidad daimónica” es un libro mucho más accesorio que “El fuego secreto de los filósofos”. Mientras que en éste las aportaciones teóricas de Harpur apuntalaban un conjunto coherente y novedoso, en aquél el autor se limita a reafirmar sus tesis a base de la presentación de docenas de casos reales, casos que van desde las abducciones extraterrestres hasta las apariciones de fantasmas. Harpur sostiene la teoría de que la Imaginación servía de puente entre el cuerpo y el alma (entre los hombres y los dioses); era un estado intermedio que «conectaba» al ser humano con su entorno natural y que, por lo tanto, lo hacía sensible a los fenómenos daimónicos (que actuaban como intermediarios). Esa Imaginación habría devenido, en los últimos tiempos, en la figura que Jung denominaba «inconsciente colectivo»: un conjunto de realidades psicológicas que recogía las experiencias pasadas, no sólo las personales sino las comunes a la especie.

[…] así es como debemos revisar, o incluso invertir, nuestra visión de los mitos, igual que tuvimos que revisar nuestra visión de los sueños. En lugar de verlos como relatos arcaicos e invenciones primitivas, debemos verlos como la encarnación de verdades psicológicas, historias arquetípicas que nos hablan de una forma simbólica y poética sobre cómo somos realmente.

Según el autor, desde la división cartesiana de mente y extensión (conciencia subjetiva y mundo exterior objetivo) cambió la percepción de la naturaleza: de considerarla como una entidad viviente en la que habitábamos, pasamos a observarla como un mero contenedor de objetos sin alma. De ahí que lo que, a lo largo del tiempo, el ser humano ha considerado como «fenómenos paranormales» —y que van desde los avistamientos de ovnis, pasando por los encuentros con hadas, hasta la aparición de los misteriosos círculos de las cosechas— pueda ser visto como un mensaje de la Imaginación (del inconsciente colectivo), que trata de «ponerse en contacto» con nosotros eliminando las barreras cientifistas y racionalistas con las que la hemos ido apartando. Harpur sostiene que esto puede ser consecuencia de la asunción de la Imaginación (a veces denominada también «Alma del Mundo» o Anima Mundi) como un elemento interno, en lugar de seguir perteneciendo al mundo natural; la razón, en su afán de demonizar todo lo concerniente al mundo daimónico, habría ubicado al Alma del Mundo en el interior del hombre.

Lo que el autor trata de explicar mediante su avalancha de casos reales (o, como él mismo sugiere, reales para aquellos que los han sufrido) es que los dáimones, en cualesquiera sean sus manifestaciones, siguen poblando la tierra, dejándose ver y actuando en nuestro mundo; la psicología moderna surgió, en gran medida, precisamente para paliar los efectos de esa «invasión» daimónica, que se presentaba en forma de neurosis, obsesiones y psicosis. Al ser reducida el alma al dominio de la mente, y ésta al del cerebro, los dáimones fueron medicalizados. («Los dioses se han convertido en enfermedades», afirmaba Jung.)

Harpur achaca el problema de estas apariciones y misterios a la literalización del mundo: «Exigimos que los objetos tengan una identidad o significado. Nos han educado para ver sólo con los ojos, en una visión única». El mundo de la Imaginación no puede ser contrarrestado, racionalizado o asimilado de un modo científico; nos exige amplitud de miras, la asunción de verdades que no pueden ser comprobadas empíricamente, pero que existen, que están ahí desde que el primer ser habitó el planeta. Lo que el autor sugiere es que nuestro ego ha evolucionado hasta escindirse en dos: un ego racional, que es el que domina nuestro comportamiento la mayor parte del tiempo, y un ego daimónico, que es el más sensible a la existencia de los fenómenos daimónicos (o paranormales) y que puede comunicarse —aunque suela ser de manera inconsciente— con ese mundo de la Imaginación.

Casi todas estas tesis ya estaban expuestas, de forma más o menos explícita, en “El fuego secreto de los filósofos”, aunque en “Realidad daimónica” cobren más cuerpo y se sustenten con esas docenas de ejemplos de todo tipo; quizá por ello el libro sea más árido intelectualmente, pese a contar con capítulos verdaderamente interesantes (sobre todo los que relacionan la psicología con el mundo daimónico). Desde luego, para el que se interese por las tesis de Patrick Harpur, es mucho más recomendable su primera obra, por densidad intelectual y amplitud de pensamiento.

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