Relatos autobiográficos – Thomas Bernhard

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Relatos autobiográficos - Thomas BernhardLa obra de Thomas Bernhard es sin duda una de las más singulares y personales del pasado siglo. Al conocerla es imposible no hacerse preguntas sobre el autor o sentir curiosidad por conocer el origen de esos ambientes, físicos o psicológicos, claustrofóbicos;  esas ideas circulares que se repiten en frases reiterativas, o esos protagonistas que socialmente podríamos tachar de tarados y que, sin embargo, parecen poseer mentes especialmente lúcidas, origen de su enemistad con el mundo que les rodea.

Estos Relatos autobiográficos, publicados por Anagrama con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento de Bernhard, reúnen en un único tomo las cinco novelas autobiográficas que el autor escribiera entre 1975 y 1982: “El origen”, “El sótano”, “El aliento”, “El frío” y “Un niño”. En ellas, el lector se aproximará no sólo a los detalles de la vida del autor, sino que además encontrará las raíces de un pensamiento original, excepcionalmente crítico con su entorno y buen conocedor del género humano.

Bernhard fue hijo ilegítimo, y el estigma de su nacimiento no deseado marcaría para siempre la relación con su madre. Una relación tensa, en ocasiones incluso hostil, fruto del odio que la mujer conservaba hacia el amante que la abandonó, cuyo fiel retrato era el propio Bernhard. Sólo tras la grave enfermedad pulmonar sufrida por el escritor, madre e hijo se acercarían, aunque entonces, en breve plazo ella moriría.

Como dejó escrito en “Un niño”, «Ella me corregía, pero no me educaba», de ahí que su guía, su maestro, su orientador, fuera su abuelo. La influencia de su abuelo, un pensador seguidor de Schopenhauer, marcaría la cosmovisión de Thomas Bernhard y, en consecuencia, también su obra. De él aprendería a tomar la necesaria distancia de cuanto le rodeaba para poder juzgar con perspectiva, fríamente, una sociedad que pronto conoció como enferma, hipócrita y antinatural.

Su paso por la escuela y el instituto no fue feliz. La idea del suicidio era en él frecuente. La mediocridad de sus profesores y compañeros era para él una atmósfera asfixiante, de modo que años después seguía siendo contrario a la enseñanza, a la cual tachaba de asesinato intelectual. Según Bernhard, gracias a la enseñanza las cualidades naturales de la persona se ven aplastadas por una rueda que pretende crear miles de mentes iguales: planas y manipulables. El distinto, el que destaca, será especialmente machacado hasta limar cualquier diferencia que en él pudiera existir.

En consecuencia, al terminar la guerra, Bernhard abandonó el instituto y entró como aprendiz en una tienda de comestibles. «Tenía dos opciones», lo describe en “El sótano”, «eso me resulta evidente todavía hoy, una, matarme, para lo que me faltaba el valor, y/o dejar el instituto, en un instante, y no me maté y me hice aprendiz». Ese giro en su vida, que él mismo define como caminar en la dirección contraria, supuso su salvación en cuanto le hizo sentirse útil (no inútil o pasivo, como en el colegio) y le puso en contacto con los hombres.

Consciente de la filosofía misantrópica y algo desesperanzada que su abuelo le había inculcado desde su más tierna infancia, Bernhard reencontró a los hombres en la tienda de comestibles y bajo la orientación de su patrón, Podhala. El interés por el ser humano, sobre todo por los olvidados por la sociedad, tiene su origen en sus experiencias en la tienda de un barrio periférico, pobre, abandonado, nido de criminales, pero a la vez genuino, no emponzoñado por el lodazal moral en el que vivía la sociedad biempensante de los barrios del centro de Salzburgo.

En su época de estudiante, Thomas Bernhard había asistido a clases de violín sufragadas por su abuelo. Como aprendiz, retomará sus estudios musicales tomando clases de canto y musicología. Esas clases, que él siente como un contrapeso perfecto a la rutina del aprendiz de comerciante, le proporcionarán una enorme satisfacción. «La música era mi destino», y siempre la consideró su salvación. De modo que, gracias a su empleo y a sus estudios de música, sentirá que vive un momento de plenitud, de franca felicidad, que le reconcilia con la vida.

Lamentablemente, entonces Bernhard enfermará gravemente del pulmón y, tras estar a las puertas de la muerte —literalmente ingresado en una habitación destinada a los desahuciados—, deberá permanecer durante varios años en casas de reposo debido a su precario estado de salud. Las experiencias escalofriantes de sus años de enfermo, sus relaciones con médicos y pacientes, marcadas por la desconfianza y el desprecio, las considerará no obstante necesarias para acceder a un círculo de pensamiento superior.

En efecto, ese círculo de pensamiento ha quedado recogido en su obra, cuyas raíces se hunden en la experiencia vital de su niñez, adolescencia y primera juventud. Bernhard es un superviviente, alguien que, a pesar de su debilidad, de su humana fragilidad, no sucumbe: sobrevivió a los horrores de la guerra, a la enfermedad, incluso a sí mismo. Y el resultado es una producción literaria  imprescindible, inteligente, combativa: única.

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5 Comentarios

  1. Para mí Bernhard también es una referencia. Comencé con “El malogrado” y reconzco que me marcó, que cambió mi forma de enteder la literatura. A pesar de que su forma de narrar tiene unas señas de identidad muy características, todos los que posteriormente han intentado imitarle han fracasado, copiando sólo lo superficial, lo anecdótico.

    Una reseña muy buena para un autor imprescindible.

    Un saludo,

    Javier

  2. Es una estupenda reseña porque conecta perfectamente al autor con su obra y como no he leído nada suyo leerla es todo un estímulo para poder forjar mi propia opinión. Un saludo y felicidades por entradas como ésta,

  3. En primer lugar agradeceros haberme descubierto a este autor. Soy seguidor habitual vuestro (aunque comente muy poco) y ya va para tres años que quedé “tocado” con los comentarios de La Calera y Corrección. Tras la lectura de esa primera novela, que fue dura, traumática y enriquecedora, quedé “infectado” para siempre por este autor (en el prólogo se comenta que crea adicción, nunca he podido estar más de acuerdo). He ido consiguiendo sus obras, sin prisa pero sin pausa, y cada año he leído 2-3 novelas suyas, con placentera cadencia, dejando su poso…
    De éste tomo ya me he leído “El origen” y “El sótano”, y es más de lo mismo, una perfección narrativa a la altura de muy pocos (Walser, quizás), con sus “agobios” existenciales pero marcado por una ironía ante la que no queda más remedio que terminar la lectura con una sonrisa…
    En fin, mil gracias por dármelo a conocer. A él y a su traductor, M. Sáenz, por que de ese hilo luego vino WG Sebald, otra referencia

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