Repensar la anarquía – Carlos Taibo

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Repensar la anarquía - Carlos TaiboEl anarquismo es un movimiento difícil de clasificar y/o etiquetar: se puede definir contrario a cualquier forma de autoridad que tenga relación con el Estado y propugna una sociedad completamente igualitaria basada en la libertad y la libre asociación. Pero, como todas las ideologías, es mucho más complejo que lo que una definición puede encerrar en sus meras palabras. Carlos Taibo comienza este breve acercamiento al anarquismo señalando, precisamente, su naturaleza proteica y mutable; aunque hay elementos comunes que lo diferencian de otras corrientes de pensamiento, no es menos cierto que dentro del mismo pueden coexistir planteamientos muy diversos. De hecho, el anarquismo tiene un importante componente de antidogmatismo, ya que se asume que ningún principio, y mucho menos los propios, es inmutable: todo puede —y debe— ser discutido y modificado, ya que es su imperfección lo que empuja hacia la mejora.

Taibo comienza su ensayo repasando algunos conceptos muy claros que el anarquismo contemporáneo tiene en mente. El primero es la crítica a la democracia tal y como se concibe en nuestros días; la oposición se fundamenta en la desigualdad que la democracia representativa fomenta mediante la celebración de elecciones, ya que la aparente pluralidad que se supone termina siendo un simple mecanismo de perpetuación de partidos políticos endogámicos y personalistas. Por otra parte, la elección fomenta el alejamiento por parte de la sociedad de los procesos de toma de decisiones, amén de constituir un proceso que legitima el desapego por el bien común y propicia una dudosa representación. Así las cosas, el anarquismo se acerca a la propuesta de la democracia directa, que pasa inevitablemente por la toma de acciones que no cuenten con mediaciones estatales o burocráticas y que posibiliten la autogestión.

La oposición al Estado es otra de las características del anarquismo. Al respecto, Taibo señala que aunque el perfil de la institución ha cambiado mucho en los dos últimos siglos las críticas que el movimiento anarquista lanzaba contra él son hoy más justificadas que nunca:

La deriva autoritaria de la institución Estado, y su sumisión manifiesta a los intereses privados, cada vez más evidentes en los últimos tiempos, no hacen sino fortalecer el diagnóstico anarquista, sólo en apariencia puesto en jaque por los Estados del bienestar.

Al hilo de esta crítica el autor también analiza los atolladeros en los que encallaríamos al carecer de una supra-institución que se encargase de ciertos servicios elementales.

Precisamente por esa oposición al elemento Estado el anarquismo se apoya en la autogestión y en los llamados espacios de autonomía. Mediante estos elementos se podría construir una alternativa cívica al mundo capitalista basado en el trabajo y la mercancía; espacios que que contesten frontalmente al capital y al Estado y que permitan la constitución de una conciencia colectiva sin referencias a jerarquías, competitividad o consumo.

Y no se podía dejar pasar la ocasión de aludir a la importancia del decrecimiento a la hora de relacionar las actitudes anarquistas frente a los problemas medioambientales y sociales. La recuperación de una vida social que se aleja por completo de lo que el capitalismo ha instituido es fundamental para el cambio de nuestra forma de pensar, primer paso para modificar costumbres, ideas, instituciones y estructuras. Taibo demanda unas sociedades más simples, más solidarias y que permitan, por tanto, la colaboración para enfrentarnos a problemas complejos.

Repensar la anarquía es un texto que presenta esta ideología con rasgos muy básicos; quizá demasiado, de hecho, si lo que se busca es un acercamiento histórico o formalista. No obstante, como primera toma de contacto es interesante y su bibliografía abre puertas a futuros descubrimientos.

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