Rudin – Iván S. Turguénev

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Rudin - Iván S. TurguénevLa maestría de Turguénev a la hora de retratar caracteres es digna de mención cuando hablamos de sus novelas. Y un ejemplo palmario de ello es Rudin, una excepcional disección de personajes que se esconde tras una historia sencilla, casi banal, pero cargada de descripciones majestuosas y de diálogos que nos muestran con perspicacia el interior de las almas de sus protagonistas. La novela es casi teatral, en tanto sucede en apenas dos o tres localizaciones concretas y se sustenta en las conversaciones que los diferentes personajes mantienen unos con otros; en sus palabras, en sus intervenciones, vamos hallando las pistas que servirán para definir sus muy distintas personalidades, siempre con una sutileza fuera de lo común y con un estilo tan hermoso como sobrio.

Rudin es un hombre ilustrado y elocuente que llega a casa de la viuda Daria Mijailovna, una rica hacendada que vive ociosa en su residencia de verano, rodeada de un grupo de terratenientes y acólitos. En ese ambiente ostentoso y encopetado, el protagonista provoca una infinidad de sentimientos en la corte que se da cita en torno a la ilustre viuda: para su joven hija, Natalia, o el instructor de los hijos pequeños, Basístov, Rudin es objeto de una admiración sin cortapisas; al terrateniente Lezhnev o al exfuncionario Pigasov lo único que les causa es un profundo desprecio; para los propietarios vecinos, los hermanos Serguéi Volíntsev y Alexandra Lipina, el protagonista de la novela es un misterio, un libro cerrado a cal y canto. En suma: Rudin aturde a propios y extraños con su carácter introvertido y entusiasta, con su discurso conmovedor y vehemente. Quizá por eso las tranquilas veladas en el salón de Daria Mijailovna se verán sacudidas por su presencia, que, pese a ser fugaz, dejará una huella indeleble en el corazón de todos.

La novela es un retrato morigerado de un tipo de sociedad que cambiaba rápida y bruscamente en la segunda mitad del siglo XIX. En este sentido, la viuda Mijailovna o el irascible Pigasov son los epítomes de la rectitud, la intransigencia y el desprecio por los cambios: su actitud para con Rudin, aunque muy diferente, no hace sino señalarlos como representantes de un tipo de personas que creían ostentar una superioridad moral de la que en verdad carecían. En el caso de la viuda esto se constata con el férreo control que ejerce sobre Natalia, a la que trata de influenciar sin reparar en el carácter decidido y la inteligencia de la muchacha; Pigasov, por su parte, no es sino el arquetipo de sabihondo, un hombre acostumbrado a epatar a sus contertulios con discursos altisonantes, pero incapaz de discurrir más allá de sus estrechos esquemas teóricos.

Frente a estos personajes «inmovilistas» o conservadores, tenemos a otros que representan el cambio, el progreso, la apertura de ideas y la modernidad. El principal, desde luego, es el protagonista, pero también encontramos a Natalia, la hija de Daria Mijailovna, que hace gala de una sagacidad basada en el sentido común, la inteligencia y la honestidad; o, curiosamente, a Mijailo Lezhnev, que a pesar de estar enfrentado a Rudin en un principio, es capaz de reparar en sus virtudes para juzgarle con ecuanimidad.

Y es que el protagonista de la obra es un carácter atribulado y polifacético, difícil de valorar en un principio. A su llegada a la hacienda de Mijailovna nos hallamos ante lo que podría considerarse el prototipo de petimetre: un hombre altivo en su timidez, excelente conversador, aunque siempre con el prurito de encandilar a su audiencia y causar una honda impresión en los que le rodean. No obstante, a medida que se desarrolla la historia podremos ver a un Rudin algo distinto: un Rudin sensible, débil incluso, que conoce (o, al menos, intuye) sus debilidades y faltas y aun así trata de sobrellevarlas y comportarse con corrección. En su relación con los otros personajes, especialmente con la joven Natalia y con su antiguo compañero Lezhnev, asistiremos a un progresivo cambio que nos lleva a mirar a este hombre con otros ojos; a lo largo de la novela descubriremos a un hombre atrapado por sus principios, deseoso de mostrarse coherente con la época que le ha tocado vivir y ávido de valores nobles, justos y humanos. Una ambición ésta que le deparará frustraciones, enfrentamientos y dolor.

Rudin es una novela quizá un tanto lenta, dado su carácter manifiestamente teatral, pero cuyos personajes están cargados de una viveza que hace olvidar el demérito anterior. Una obra que hará las delicias de los amantes de la literatura rusa, pero también de aquellos que buscan en la narrativa el espejo de nuestras almas.

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