Sed de amor – Yukio Mishima

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Sed de amor - Yukio MishimaSed de amor fue la segunda novela publicada por Yukio Mishima después de Confesiones de una máscara. En ella el autor realiza una incursión en el proceloso mundo del deseo y los celos, sirviéndose para ello de un personaje extremo, la joven Etsuko.

En el Japón de posguerra, Etsuko es una joven viuda que acepta vivir en la casa familiar de su difunto esposo, bajo la protección de su suegro. Trasplantada a un entorno rural, la joven, que proviene de una familia de alcurnia venida a menos, siente que «está escrita en un alfabeto que los demás no saben leer». Aunque la realidad que la historia irá desvelando es que ella misma tampoco sabe descifrarse, de manera que sólo puede conocer la desdicha.

Etsuko es una mujer compleja y, sobre todo, desequilibrada. Permanentemente pendiente de cada gradación de sus sentimientos, vive por completo absorta en sí misma y desprecia cuanto sucede a su alrededor que no la ataña de algún modo. De alguna manera, Etsuko se dedica a experimentar consigo misma, midiendo y pesando todas sus emociones y, al mismo tiempo, esperando una de índole tal que desequilibre por completo el fiel de la balanza.

El marido de Etsuko le había sido infiel, pero el tormento de los celos fue para ella una apoteosis, un non plus ultra en materia sentimental que necesita volver a repetir. Puede que sea esa necesidad lo que la lleve a aceptar mantener una relación con su suegro, por la que Etsuko, sin embargo, no siente ningún interés. Aunque acepta las atenciones del viejo Yakichi la indiferencia la domina, pues, en contra de lo que esperaba, el acostarse con el padre de su esposo no ha provocado en ella ningún cataclismo interior.

Ese cataclismo sí lo ha producido, sin embargo, la atracción que ha nacido en ella por Saburo, un joven y tosco criado. Aunque Saburo es joven y guapo, no es exactamente el deseo lo que atormenta a Etsuko. Más bien, llevada por ese afán de sentir, se lanza a amar al joven con la esperanza de que ese amor provoque en ella una reacción que la haga sentir viva.

Como Saburo mantiene una relación con Miyo, una criada de la casa, Etsuko disfruta siguiendo la evolución de sus emociones: los celos, la envidia, el deseo de que Saburo la ame a ella… De hecho, parece que Etsuko emprende acciones -como echar a Miyo de la casa-, no a la espera de que suceda algo, sino más bien para poder explorar en su interior las impresiones que estas provocan.

Esa excitación continua de la sensibilidad en la que vive sumergida Etsuko contrasta vivamente con la indolencia de Saburo, que acepta cuanto sucede a su alrededor sin cuestionarse nada y, por supuesto, jamás se detendría a escarbar en sus emociones. Por eso, cuando por fin comprende los sentimientos que suscita en Etsuko, no considera el disfrutar con ella de una relación meramente sexual; antes bien, Etsuko le repele como un «monstruo espiritual» de nervios al descubierto. Saburo es demasiado sencillo para entender lo alambicado de la pasión de Etsuko, quien sólo puede entender el amor como sufrimiento.

De todo esto resulta una novela un tanto errática, que se sigue sin saber muy bien dónde se irá a parar. En su interés por reflejar las tormentas interiores de la joven Etsuko, Mishima deja de lado la narración coherente de los hechos que las originan. De este modo, los sentimientos de Etsuko parecen desproporcionados y su carácter desequilibrado no sabe hacerse cercano al lector, que no desarrolla afecto ni compasión por ella, sino más bien cierta perplejidad. Esa sensación de incoherencia se intensifica por las actitudes del resto de los miembros de la familia, que no comprenden a Etsuko e incluso la critican, pero que finalmente la apoyan en sus locuras sin dar demasiadas muestras de extrañeza.

Sed de amor es, como Música, una muestra del interés de Mishima por crear personajes inestables, que parecen bordear la locura y cuyo carácter perturbado parece no casar adecuadamente con el resto de la narración, aun cuando son el sostén de la misma. Cuánto mejor la sencillez de «El rumor del oleaje».

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5 Comentarios

  1. Desde luego es una obra menor de mishima , nieve de primavera me conmovio x su sutiliza aunque como buen occidental me impacientaba un poco , aunq tambien he de decir que me memorias de una mascara me horrorizo es un grito a la conformidad y lo que en nieve admiraba aqui no estaba del todo labrado como si lo que pasara no lo hiciera del todo .

  2. No es de lo mejor que he leído de Mishima, pero me sigue pareciendo una obra de una más que aceptable calidad. A diferencia de lo que comenta la Sra. Castro, yo sí que logré alcanzar un cierto grado de simpatía con Etsuko, una mujer que trata de buscar el amor en un medio muy hostil hacia la libertad sentimental, en unos años económicamente muy difíciles para el país y donde comer estaba por encima del resto de cosas. Y en el caso de las mujeres, la dependencia material con respecto a los hombres era tan alta, que cualquier otro aspecto humano quedaba supeditado al hecho de sobrevivir. Como en todo Mishima, Etsuko muestra una obsesiva tendencia a la búsqueda de su verdadero interior, que es lo que acaba encandilando al lector. Se recomienda. Un saludo.

  3. Sra. Castro me ha encantado su análisis, casi mas que la obra del autor y desde luego me ayuda a entenderla. Es la tercera que leo de Mishima (tras «después del banquete» y el «rumor del oleaje»). Gran virtud esa que teneis los buenos críticos de poner en palabras las diferentes ideas y sentimientos que una novela genera. Me gusta lo atormentado de Mishima y agradezco comentarios como el tuyo que ayudan al lector. Enhorabuena.

  4. Me ha gustado esta novela.
    El estudio interno de Etsuko a través de su obsesión y sus celos me parece excelente. Es el camino hacia la destrucción de un personaje arrastrado por la desesperación y el aburrimiento. Su sed de amor choca con las escasas posibilidades de un universo cerrado. Esta sed se problematiza aún más en las manos de un corazón egoísta y celoso, enfermo de necesidad de posesión.
    Donde la Sra.Castro ve estructura errática, yo me dejé seducir por el control libre y sorprendente de Mishima.
    Hay páginas de excelente escritura en un relato que regala a partes iguales descripciones sencillas y muy artísticas, muy japonesas, e ideas complejas bella y extrañamente escritas. Una belleza que cautiva y que se complace en viajar a polos violentos y macabros hasta las últimas consecuencias. Ese contraste me parece un acierto.
    Hay una calidad sobrada en la obra que, en mi opinión, hace menores las irregularidades a las que la Sra. Castro alude.
    Y sí, a «El rumor del oleaje» puede suponérsele valores más incontestables que a «Sed de amor», pero los valores de la segunda no los conocerá quien decida confiarse únicamente a la lectura de la primera.

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