Siete hombres – Max Beerbohm

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Siete hombres - Max BeerbohmYa hablamos hace un tiempo de Max Beerbohm y «Enoch Soames«, publicado entonces como relato único. Ahora tenemos la oportunidad de leer la obra en la que esta pieza se insertaba, «Siete hombres», y puedo asegurar que si aquel cuento era una maravilla, el resto no le va a la zaga en lo que a humor, cinismo y talento se refieren.

Quizá la habilidad de Beerbohm para el dibujo de caricaturas (de las cuales, por cierto, se ofrecen unas muestras al final del volumen) sea un indicador de su pareja habilidad para retratar con sarcasmo, pero fidelidad, a una serie de hombres muy propios de su época; y que, por otra parte, podríamos encontrar en la nuestra sin necesidad de buscar demasiado. Ya dijimos en su momento que ‘Enoch Soames’ era una burla cruel y despiadada de las ínfulas literarias, de la necesidad de alcanzar la fama y de los sinsabores (infernales) que ello puede conllevar; no ahondaré más, pues, en este relato. Tan maravilloso, si no más, es ‘Hilary Maltby y Stephen Braxton’, otra sobresaliente muestra del talento del autor para crear personajes llenos de rasgos satíricos, pero tan reales como el que escribe estas líneas; en este caso, la rivalidad entre dos escritores de cierto éxito da lugar a que uno de ellos, durante un fin de semana campestre, sufra de una serie de inconveniencias desopilantes. Pocas veces el humor más socarrón y la ironía más despiadada se conjugan de manera tan notable; quizá en algunos cuentos de Saki (autor del que mucho hemos hablado aquí) se pueda encontrar algo así, si bien Beerbohm gasta un humor menos pesimista y negro: sus protagonistas, aunque descritos con mordaces rasgos, son más humanos y sensibles.

Buen ejemplo de ello es James Pethel, «héroe» del relato homónimo, cuya constante atracción por el azar le aboca a situaciones peligrosas: de hecho, esa debilidad acabará por extenderse hasta afectar a su propia familia. El narrador será testigo de la flaqueza de ánimo de un hombre al que el resto del mundo considera un triunfador y que no es más que un petimetre desorientado.

Ese narrador, por cierto (como apunta John Updike en el prólogo a esta edición), entraría a formar parte de esos siete hombres que conforman el título de la obra: seis protagonistas (‘Enoch Soames’, ‘Hilary Maltby y Stephen Braxton’, ‘James Pethel’, ‘A. V. Laider’ y ‘«Savonarola» Brown’) y un narrador siempre presente —y omnipresente, en tanto autor— que se encarga de presentarlos, escucharlos y, en cierta manera, de juzgarlos, ya que el lector siempre ve a los personajes a través del punto de vista de ese Max Beerbohm que opina, habla y pregunta. De hecho, es el punto de vista de ese narrador el que otorga a estos relatos (o retratos, como se prefiera) su originalidad y su idiosincrasia, ya que el humor del que hace gala sería imposible mediante otra opción narrativa.

Humor que se desencadena, sobre todo, en el último de los cuentos, ‘«Savonarola» Brown’, la historia de un anodino y timorato autor de segunda que lega a la posteridad (léase: al Beerbohm narrador) una obra de teatro protagonizada por el hombre que le presta el apodo y que no es sino una mezcolanza desquiciada y absurda de las obras de Shakespeare, habitada por ilustres personajes del Renacimiento italiano amalgamados mediante unos versos rimbombantes. Quizá sea éste el relato más cruel, por la burla despiadada que representa hacia los que aspiran al arte más eximio y no pasan de artesanos de tercera categoría.

‘A. V. Laider’ es la pieza más floja del libro, tal vez porque la historia de la desenfrenada imaginación del protagonista no hace gala del cinismo del resto de cuentos y se queda en mera anécdota curiosa.

El caso es que este «Siete hombres» es una lectura ingeniosa, cáustica y divertida; no sólo por el empeño del autor en burlarse de sus anhelos y desgracias, sino por la autenticidad que transpiran esos protagonistas y que los convierte en caricaturas muy reales, que trascienden su época y resultan verdaderos y entrañables. Una delicia para cualquiera, y sobre todo para los que gusten de la sátira más literaria.

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