Santuario – Edith Wharton

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Santuario - Edith WhartonSantuario es una de las primeras obras de Edith Wharton, cuya producción literaria ha dejado títulos tan celebrados como Ethan Frome o La edad de la inocencia. Tal vez por ello carece de la hondura psicológica y de la ironía para describir a los miembros de la buena sociedad que la crítica ha achacado desde siempre a la autora. A pesar de ser una novela breve se hace terriblemente pesada para el lector, que se impacienta con el libro en las manos, aburrido de ver cómo la protagonista desenrolla un ovillo anímico que realmente no da para tanto devanar.

Kate Peyton se nos presenta en su primera juventud, recién prometida a un agradable joven, como una mujer extraordinariamente sensitiva y emocional, con tendencia a analizar exhaustivamente cuanto acontece no tanto a su alrededor como en su propio interior. En ese momento descubre que su prometido ha cometido un acto vergonzoso: animado por el deseo de hacerse con la herencia de su hermano ha mentido para evitar que el dinero familiar pasase a manos de cierta mujer advenediza que compartió los últimos días del moribundo. Ese descubrimiento horroriza a la buena Kate y pone de manifiesto un nuevo rasgo de su carácter, la incapacidad de sentir empatía hacia aquellos que caen, que no hacen gala en la vida de la moralidad intachable que a ella, como joven formal, le han inculcado. No comprende los actos de su novio como tampoco comprende cómo puede haber mujeres malvadas que acceden a vivir en pecado con un hombre a fin de obtener algunos dólares. Para Kate no existe la ambigüedad y las cosas han de ser o blancas o negras, lo que da fe de su absoluto desconocimiento de la vida y de su visión infantil de la misma.

No es ése sin embargo el motivo principal de la historia: a pesar de ver a su prometido como un monstruo, un hombre sin la fortaleza suficiente para no sucumbir a la inmoralidad, Kate decidirá casarse con él. El motivo, un tanto peregrino, es asegurarse de que los hijos del hombre, marcados para siempre por la indignidad del padre, reciban de ella las reglas morales que contribuyan a hacer de ellos personas de bien.

Así nos encontramos con la señora Peyton años después, ya viuda y dispuesta a recoger los frutos del esfuerzo que ha empleado en educar a Dick, su único hijo, un joven arquitecto que parece no cosechar los éxitos que su brillante carrera de estudiante auguraba. Poco se adentra Wharton en la descripción de Dick y cuando lo hace es a través de los ojos de Kate, que espía anhelante cualquier rasgo que en el joven recuerde la debilidad de su padre. La necesidad de alcanzar el éxito y el reconocimiento en su profesión hacen temer a su madre que Dick esté dispuesto a cualquier iniquidad si se presenta la posibilidad. Y la posibilidad se presenta.

A partir de ahí todo es un relato incesante de la angustia de la madre ante la determinación que el hijo pueda adoptar, un girar en torno a la duda de si podrá más en el joven la rectitud inculcada por ella o la terrible herencia paterna, una descripción pormenorizada de cada sentimiento de Kate, que ahora decide intervenir de manera subrepticia para impedir el desastre, ahora considera mejor que los hechos sigan su curso para saber así quién es su hijo realmente.

Lamentablemente esas disquisiciones no son lo bastante jugosas para dotar a la novela de la fuerza suficiente para hacer que el lector mantenga el interés en una historia que le resulta ajena y que se vuelve tediosa por momentos. Pues si la hondura psicológica de los personajes se reduce a que éstos den vueltas y vueltas a una situación que de por sí carece de ningún interés, analizándola desde todos los puntos de vista y sin que una gota de vivacidad destile entre las páginas, entonces sólo puede producir en el lector una cosa: un fenomenal bostezo.

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7 Comentarios

  1. Yo creo que “Santuario” es una novela muy notable. Quizá la crítica no ha tenido en cuenta algunos presupuestos que pueden hacer la lectura más placentera:

    -es una obra muy temprana y la influencia del último Henry James es evidente. Esto significa largas disquisiciones precisas y agudas, y personajes caracterizados no por rasgos psicológicos sino por puntos de vista. No se espera “empatía” ni “cercanía” ni “identificación” por parte del lector.

    -trata un asunto claramente del siglo XIX que no casi no está presente en la novela actual: la predeterminación moral por herencia genética. Es un tema crucial en otras novelas de Wharton, y tangencial en otros autores (Henry James en “Guarda y tutela”, por ejemplo), pero que ahora nos podría parecer antiguo. El terror de Kate Peyton ante la perspectiva de que su hijo sea tan débil -en lo moral- como el padre era un tema fundamental entonces, y Wharton lo trata con el desarrollo y la hondura correspondientes. Que el dilema moral de la protagonista nos resulte personalmente más o menos ajeno es problema nuestro, nunca de la novela.

    “Santuario” es un libro exigente para buenos lectores, que pueden disfrutarlo con sumo placer.

  2. Me leí el libro recomendado por una amiga, y sinceramente, no estoy de acuerdo con la crítica que hicieron ustedes. A mí el libro me ha parecido bueno. No es Ethan Frome, cierto, pero es mejor que la mayoría de los libros publicados ahora, y que uno encuentra en las librerías (todo libros de usar y tirar). Bien por Wharton. Sigan sacando libros de ella.

  3. Apreciado Sergi, es un placer tenerte de nuevo por aquí. Ahora bien, no entiendo muy bien el comentario que dejas, ni su relación con mi reseña de “Santuario”. ¿Has leído la obra?,¿estás o no de acuerdo con mi visión de la misma? Para eso se permiten los comentarios en la página, para mantener un intercambio de opiniones sobre la obra reseñada.

  4. Es sorprendente y maravillosa la actual recuperación de Wharton, tanto por Impedimenta como por Alba. Es una gran escritora, comparable al mejor Henry James. Gracias por la crítica y el blog.

  5. Quería decirte que no puedo estar más en desacuerdo contigo, en lo que respecta a esta obra. Yo la leí en inglés hace tiempo, y la versión española me parece bastante buena. Se trata de una obra de introspección, en la que lo normal es que exista un fluido discurso interno, y elucubraciones de los personajes. Como en buena parte de la literatura fronteriza entre el diecinueve y el veinte. Lo que más me ha sorprendido, quizás, es que adoleces de la más elemental conciencia crítica, al menos en lo que se refiere a este libro: te limitas a hacer un resumen y a decir que te has aburrido. Pero bueno. Quizás habría que recordarte algunas otros autores inmensamente aburridos (para otras lectoras, como yo, deliciosos), que viendo tus gustos, te aconsejaría que evitaras: todo Henry James, para empezar. Proust completo, todo Joyce. Flaubert, Gide, Mann. Entre los españoles no leas a Benet, es aburrido. Volverás a Región es un tormento, te lo aseguro. Don Delillo, Barthelme, Barth. No los aguantarías.
    Mi mensaje es: no seas tan negativa. La obra es una buena obra, y si te has aburrido (además, por las razones que dices) es que en realidad lo que te gusta es Rosa Montero.

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