Tres novelas ejemplares y un prólogo – Miguel de Unamuno

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Tres novelas ejemplares y un prólogo - Miguel de UnamunoTres novelas ejemplares y un prólogo resulta una obra muy peculiar. O tal vez lo peculiar en ella sea la forma en que Miguel de Unamuno expresa y ejemplifica una intención, una forma de entender la escritura, incluso tal vez la vida.

Tres novelas ejemplares y un prólogo es una pequeña lección magistral que sirve tanto a escritores como a lectores, porque a todos muestra la idea con la que el autor se enfrentaba a la concepción de sus textos. Y así el prólogo expone una tesis que las tres novelas que le siguen hacen carne.

Para Unamuno los personajes son la esencia de cualquier obra literaria; lo que tiene sentido, pues sin ellos es imposible cualquier forma de narración. Pero los personajes tienen que ser entendidos y desarrollados en cuanto voluntades. Así lo explica en el prólogo. Todo personaje tiene que mostrar la voluntad de ser o de no ser algo. Esa voluntad es la que lo vuelve real, comprensible para el lector.

Si quieres crear, lector, por el arte, personas, agonistas, trágicos, cómicos o novelescos, no acumules detalles, no te dediques a observar exterioridades de los qué contigo conviven, sino trátalos, excítalos si puedes, quiérelos sobre todo y espera que un día —acaso nunca— saquen a la luz y desnuda el alma de su alma, el que quieren ser, en un grito, en un acto, en una frase, y entonces toma ese momento, mételo en ti y deja que como un germen se te desarrolle en el personaje de verdad, en el que es de veras real. Acaso tú llegues a saber mejor que tu amigo Juan o que tu amigo Tomás quién es el que quiere ser Juan o el que quiere ser tomas o quién es el que cada uno de ellos quieren no ser.

Y en efecto, los protagonistas de las tres novelas ejemplares que siguen al prólogo (dos de ellas mujeres) son un derroche de voluntad. Imponen la suya de un modo tal a quienes les rodean que los pequeños relatos que Unamuno bautizó como novelas ejemplares tienen un deje de terror psicológico.

En “Dos madres”, una mujer no cesará en su empeño hasta lograr ser madre, aunque sea del hijo de otra. “El marqués de Lumbría” describe un drama familiar originado por el deseo de guardar las apariencias y poner los blasones por delante de los sentimientos. Por último, “Nada menos que todo un hombre”, sin duda el más interesante de los tres relatos, es una singular historia de amor.

Y tanto Raquel, protagonista de “Dos madres”, como Carolina, de “El marqués de Lumbría”, como Alejandro, protagonista de “Nada menos que todo un hombre”, son verdaderos monstruos de voluntad, personas que se salen con la suya y, en cierta manera, tiranizan a cuantos se encuentran a su alrededor. Quien por cumplir un deseo, quien por materializar una venganza, quien por no renunciar a su manera de ser, los tres protagonistas de estas novelas sojuzgan a quienes los aman hasta el punto de que ese amor puede no ser más que miedo.

Y como resulta así, la tesis de Unamuno queda en parte invalidada porque precisamente ese exceso de voluntad acaba por lograr que los protagonistas de estas novelas ejemplares no resulten humanos.

Carolina, Raquel y Alejandro son sobrehumanos, miembros de una raza superior que triunfan no tanto sobre sí mismos como sobre los demás. Precisamente porque ellos no tienen esas cualidades propias de los hombres: dudas, miedos, debilidades que sí tienen aquellos a los que vencen.

Pero sin dudas, sin miedos, sin debilidades, ¿qué queda del hombre? Por raro que pueda parecer, queda poco. Nos reconocemos en la debilidad de los personajes porque la mayoría somos débiles y solo a costa de un esfuerzo logramos triunfar sobre nosotros mismos, menos veces sobre los demás. Pero a fin de cuentas es a nosotros a quien queremos vencer, porque solemos ser nuestros peores enemigos.

Tres novelas ejemplares y un prólogo es una lectura amena, sobre todo por la prosa cuidada, estilosa y al tiempo sencilla, casi coloquial de Miguel de Unamuno. El carácter de sus personajes las convierte en relatos de corte a caballo entre lo fantástico y lo psicológico. Pero precisamente por el carácter de sus personajes es difícil que uno puede sentirse identificado con lo que sucede (lo que no impide seguir con interés los avatares de las tres historias) y eso siempre hace que la lectura se resienta.

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