Trieste – Angelo Ara y Claudio Magris

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Trieste - Angelo Ara y Claudio MagrisLeídos algunos otros títulos de la colección Cosmópolis, uno llega a la conclusión de que el espíritu que guía la selección de las obras es muy literario, muy artístico: más que la simple acumulación de miradas, más que la mera recapitulación de descripciones, el auténtico aliento que impulsa a los autores de algunos otros títulos es el creativo; en sus escritos pasean por las ciudades tanto física como artísticamente: muestran los recovecos psicológicos, amén de los reales; los impulsos que recorren a los habitantes y los convierten en seres únicos y especiales; los aspectos más oscuros y recónditos que transforman la faz ciudadana en una leyenda secreta y casi desconocida.

“Trieste”, por desgracia, es todo lo contrario. Angelo Ara y Claudio Magris crearon una obra repleta de erudición, de investigaciones históricas exhaustivas y de un profundo repaso por el devenir reciente de la ciudad italiana; incluso se entrevé, en algunos pasajes, el hondo amor que les inspira Trieste y su entorno, sus gentes y sus paisajes. Sin embargo, y para desgracia del lector (al menos, del lector que esperaba un acercamiento más humano y cálido), se limitan a pasar por los hechos con la frialdad del historiador, haciendo gala de un estilo pomposo, rimbombante y trufado de eruditas reflexiones. Su estudio no tiene el interés que pudiera atesorar una mirada algo más sensible, una mirada que prestase una atención concienzuda a los habitantes de la ciudad, a su fisonomía, al espíritu propio que todo lugar tiene, en especial para aquellos que pertenecen a él.

Tampoco “Trieste” es demasiado interesante como estudio, ya que tiende al tono académico y, por ese motivo, convierte cualquier tema en tedioso objeto de reflexión. Parece que el estilo que los autores han escogido no quiere caer en el historicismo más puro, pero tropieza, empero, con una sentimentalidad fría, ajena, que provoca más un escalofrío en el lector —por deshumanizada y falta de perspicacia psicológica— que una verdadera empatía. El repaso al último siglo y medio de la ciudad italiana resulta a ratos interesante, pues es evidente el esfuerzo que los autores hacen para poner de relieve el especial carácter de la idiosincrasia triestina: multicultural, heterogénea y agitada; no obstante, la monotonía expresiva y la lejanía que imprimen al discurso provocan cierta desazón en el lector, que lee pasajes y pasajes repletos de datos pero desprovistos de corazón.

Tratando de ir un poco más allá, y dejando de lado la mala fortuna de su estilo, “Trieste” puede llegar a ser interesante como acercamiento a esa peculiaridad triestina de la que hablábamos arriba. Una ciudad que ha pertenecido a Austria o a Italia en diferentes periodos de su historia, que ha aglutinado a hombres de múltiples nacionalidades, que ha servido como puente entre la mentalidad eslava y la mediterránea, es por fuerza un lugar con interés. El curioso carácter que esta mescolanza de lenguas, culturas y políticas ha fijado en sus habitantes es lo que Ara y Magris tratan —con mala o buena fortuna— de reflejar en el estudio; quizá por ello la parte más interesante sea la que dedican a los artistas, sobre todo los escritores, que «padecieron» esa idiosincrasia distintiva. A través de las obras de Italo Svevo o de Umberto Saba, los autores nos acercan al hecho de la literatura que se mueve entre dos tendencias, entre dos maneras de afrontar la vida: la apolínea, que se preocupa por el arte y que trata de desarrollarse en un entorno complejo, y la mercurial, burguesa y comercial, indiferente a la escritura y a cualquier manifestación artística. La obra de estos dos creadores, como la de otros muchos, puede dar fe de las dificultades que afronta el arte cuando la disposición social es flemática, incluso hostil.

A excepción de algunos datos de interés como éstos, “Trieste” es un libro que sólo deberían leer aquellos interesados en la ciudad y que necesiten recopilar información concreta y detallada, amén de recurrir a las docenas de historias sobre ella que existen. Para los lectores más humildes, es una obra tediosa y falta de alma; y teniendo en cuenta que el tema podría haber dado mucho más de sí (insisto: en un plano más sensible o artístico), es una verdadera lástima.

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