Tumba de la ficción – Christian Salmon

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Tumba de la ficción - Christian SalmonEs éste un ensayo acerca de la importancia de la ficción dentro del terreno de la literatura. La ficción como una lucha contra el mundo, contra las convenciones, contra la estupidez, pero también una lucha interna, del escritor contra sí mismo y contra ese mundo que le constriñe.

Salmon reflexiona sobre la ‘peligrosidad’ que supone la ficción a partir de un incidente tan conocido como el de la fatwa lanzada sobre Salman Rushdie a causa de la publicación de «Versos satánicos» hace ya algunos años. Para el autor, la inventiva y la imaginación pueden significarse como una auténtica amenaza para las convenciones más intolerantes. La ficción sería, para los lectores que se sumergiesen en sus misterios, una liberación, un catalizador de emociones, ideas y opiniones; podría actuar como desencadenante de pensamientos, de ahí su peligro. El caso de Rushdie es quizá el más notorio, pero también cita el autor a Danilo Kis, estigmatizado en Yugoslavia tras la Segunda Guerra Mundial por sus libros.

Además, Christian Salmon tira del hilo inicial respecto a la idea de la lucha de la ficción y presenta al autor como un ‘perdedor’, un enfermo aquejado del ‘mal’ de su propia creación. El ejemplo que trae a colación es el de Gógol, creador incansable desde muy temprana edad y que se vio superado por la inmensidad de la obra que pretendía levantar, hasta el punto de sufrir continuas crisis que le llevaron a iniciar un peregrinaje por media Europa en busca de un reposo vital que le permitiera continuar su labor.

Quizá por este motivo, continúa lucubrando Salmon, la novela es un género frágil, débil: el género (como él le llama) de la duda. Por ello sus protagonistas, al contrario que los héroes de la novela clásica, son casi siempre perdedores, enfermos, seres malhadados. Los novelistas cuestionan su capacidad de invención, su habilidad para plasmar sus ideas sobre papel, como fue el caso de Proust durante gran parte de su vida, hasta que la tuberculosis le confinó en su habitación.

Y por esa inseguridad la vida del novelista se convierte, dice el autor, en un ‘experimento’ constante, una fuente de vivencias y datos que, una vez elaborados, pueden utilizarse en la creación. Salmon pone como ejemplo a Kafka, que en sus últimos años se tomaba como ‘objeto de estudio’ para extraer vivencias para sus escritos, o a Gombrowicz, que utilizo su peregrinaje trans-oceánico (y la distancia que le separaba de su Polonia natal) como elemento de ficción muy importante en sus novelas.En resumen, un ensayo interesante sobre la cara menos agradable —o agradecida— de la ficción, siempre entendida como un proceso arduo, pero exento de peligros. Aun cuando uno se pregunta si la tranquilidad, el reposo o la felicidad impiden la creación de grandes obras.

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