Zoo o Cartas de no amor – Viktor Shklovski

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En Zoo o Cartas de no amor se presenta, a pesar de su título, una historia de amor. Del amor no correspondido, pero porfiado, que Viktor Shklovski albergó por la también escritora Elsa Triolet, y que fue el origen de estas cartas que Elsa consintió recibir, siempre y cuando en ellas no se le hablara de amor.

Como consecuencia de dicha prohibición, las cartas que integran el volumen adquieren una riqueza que catapulta el libro por encima de la mera historia de amor (o desamor), para convertirlo en un caleidoscopio que, con cada giro, forma una nueva imagen. Así, se van sucediendo imágenes del Berlín recién salido de la Gran Guerra, de los exiliados rusos que pueblan la ciudad, de los artistas rusos entre los exiliados; pero también se forma una imagen, y esta sea quizá la más valiosa, de las corrientes literarias del momento y de la concepción de la creación literaria del propio Shklovski.

En Zoo o Cartas de no amor, Shklovski se desdobla para ser el enamorado que escribe las cartas —y que es un escritor ruso exiliado en el Berlín de los primeros años veinte, de modo que esas circunstancias quedan reflejadas en sus textos—, a la vez que actúa como recopilador.

El recopilador ha seleccionado las treinta y tres cartas incluidas en el volumen, las glosa someramente al inicio de cada una de ellas e incluso indica el orden en que deben ser leídas, que no se corresponde con el orden cronológico bajo el que se estructuran. Entre las cartas se incluyen algunas escritas por Alia, nombre con el que se designa a Elsa Triolet, que ayudan a poner en contexto la realidad de la relación epistolar: Alia vive al margen del amor que Shklovski le profesa.

Pero el recopilador, y las notas introductorias de cada carta dejan constancia de ello, parece observar el asunto de esta extraña correspondencia forzosamente no amorosa desde una perspectiva diferente a la del enamorado. Conserva la distancia suficiente como para ironizar sobre la insólita situación y parece haber comprendido que Alia acepta las cartas, pero jamás amará a quién las escribe.

Además, la edición de Ático de los Libros incluye cinco prefacios que el autor incluyó en las sucesivas ediciones del volumen, los cuales esbozan la forma en que los sentimientos de Shklovski con respecto al libro fueron variando, pero también la manera en que varió su sentimiento respecto a Elsa Triolet y los días del exilio.

Por su parte, el enamorado se vuelca por entero en cada carta. Aunque muchas veces incumple la promesa de no escribir de amor, incluso cuando la mantiene las cartas traslucen su pasión, porque cualquier tema que se trate alude de forma velada a ese otro tema que no se puede tocar. Y para no hablar de amor, Shklovski habla de Berlín desde la perspectiva de un exiliado ruso, que no acaba de encajar del todo en una ciudad en efervescencia. Describe episodios de las vidas de artistas rusos, amigos suyos y también exiliados, de la talla de Andrei Bely o Boris Pasternak. Apunta reflexiones sobre creación literaria y los movimientos de vanguardia o hace paralelismos entre situaciones cotidianas y escenas de los grandes clásicos de la literatura rusa.

La riqueza de temas, y el interés de los mismos, se ve realzada por la sencillez con la que Shklovski da cuenta de ellos. En sus cartas, el autor se muestra como un enamorado nada pretencioso, a pesar de ser uno de los intelectuales más reconocidos de su tiempo. Y esa mezcla de humildad y erudición otorgan un especial sabor a esta novela epistolar.

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