Nuestro amigo común – Charles Dickens

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Nuestro amigo común fue la última obra publicada por Charles Dickens en vida y quizá una de las más importantes dentro de su producción. En ella tenemos al Dickens más mordaz, más irónico y más tenebroso, haciendo gala de su irrefrenable sentido del humor, aunque tiñendo cada página de una pátina de desencanto que no pasa desapercibida. A diferencia de otras obras mucho más «ligeras», como Los papeles póstumos del Club Pickwick o Barnaby Rudge, Nuestro amigo común es una novela oscura y algo desesperanzadora; todos los personajes, ya tengan un destino brillante o no, pasan por vicisitudes complejas y decepciones profundas.

La historia del libro es enrevesada y compleja, al estilo de las publicaciones seriadas que el escritor inglés publicó a lo largo de toda su vida. Un joven heredero que debía casarse con Bella Wilfer, una muchacha de posición humilde, aparece muerto flotando en el Támesis; a raíz de este crimen el dinero de su padre pasa a poder del matrimonio Boffin, antiguos ayudantes del millonario, que adoptan a Bella para proporcionarle un futuro mejor y cuyo secretario, Rokesmith, se enamora de ella. Al mismo tiempo, los hijos del asesino del heredero encaran la deshonra y la pobreza sin hallar solución a sus miserias, mientras que un par de abogados encargados del caso comienzan a relacionarse con unos y otros por las desconcertantes piruetas del azar. Como imaginarán, la madeja de relaciones es tan enrevesada que sería imposible resumirla en pocas líneas, aunque en la obra cada una de las líneas narrativas se desarrolla con una pericia magistral.

Dickens no se ahorra burlas descaradas a lo largo del libro; en particular, y dado que el tema del dinero es el motor del libro, el autor retrata a algunos personajes con una crueldad inusitada, pero muy exacta. Es atroz el retrato que dibuja de los Veneering, unos nuevos ricos que se dedican a organizar cenas y recepciones con el único objeto de rodearse de aduladores y ampliar su red social; lo único que importa, parece decirnos Dickens, es la riqueza, se obtenga como se obtenga: «No hace falta tener antecedentes, ni una reputación sólida, ni cultura, ni ideas, ni modales; hay que tener acciones.» El escritor inglés no escatima mofas contra esos integrantes de la alta sociedad que sólo se preocupan de asuntos intrascendentes y juegan con la vida de la gente que les rodea sin atender a las consecuencias; no hay mayor exponente que el señor Podsnap, creador de una corriente que se denomina con sorna «podsnaperismo», y que barre con un movimiento despectivo de su mano todo aquello que no le interesa; lo que viene a ser, descubrimos leyendo, casi cualquier cosa que no le reporte beneficios. Esa impostura llevada al extremo es los que hace que Dickens arremeta contra una forma de vida basada en la pose continua y el fingimiento: «Si el asunto de que se trata», afirma del señor Veneering, «es de meter a un hombre en el Parlamento, o sacarlo, o ningunearlo, o de promover una línea de ferrocarril, o de ponerle obstáculos, o lo que sea, nada se considera tan eficaz como correr hacia ninguna parte a toda prisa». Los capitalistas sin escrúpulos son vapuleados sin piedad, así como el sistema social que perpetúa ese estado de cosas; la señora Hidgen, por ejemplo, una pobre mujer que ha trabajado durante toda su vida y que recoge a huérfanos de las calles, prefiere morir de agotamiento antes que dejarse llevar al asilo de pobres, ya que considera que el trato en ese lugar es peor que su mísera vida.

El tono cáustico está presente en toda la novela y aunque la conclusión de la misma, fiel a la trayectoria de Dickens, «pone a cada uno en su lugar», lo cierto es que ese rasgo tiñe a todos y cada uno de los personajes; Rokesmith y Bella, los dos protagonistas principales, no son en absoluto planos: sus personalidades están llenas de facetas oscuras y las variaciones que van sufriendo son siempre fruto de los golpes que reciben. El autor parece incidir en el daño que puede hacer el dinero, bien sea poseerlo (como ocurre con los Boffin o los Veneering) o bien desearlo (como sucede con Bella o con Silas Wegg); y la conclusión, velada pero evidente, es que de una forma u otra la riqueza siempre termina por corromper a cualquier ser humano.

Nuestro amigo común es, en suma, un libro de factura casi perfecta, con unos personajes seductores y una trama inteligente. Como decía al comienzo, quizá sea una de las novelas más interesantes de Charles Dickens, tanto por su estilo, perfeccionado al límite, como por su temática, tan actual ahora como pudo serlo entonces. Un indicativo de su extraordinaria calidad, sin duda.

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2 Comentarios

  1. Que buen libro, todavía no lo termino pero es tipico de Dickens la estructura de la historia, me intriga que pasará con el señor Boffins y me ha enseñado que la avaricia es peor de lo que pensaba, denigra al ser humano y todo solamente para llevar una vida miserable.

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