Oliver Twist – Charles Dickens

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Oliver Twist - Charles DickensEn esta web hemos reseñado prácticamente toda la producción del genial Charles Dickens, pero entre las obras que faltaban se encuentra este hito de la literatura de todos los tiempos que es Oliver Twist. El que suscribe ha de confesar que es una novela excelente en cuanto a estructura y desarrollo, pero no tanto en cuanto a los personajes que la pueblan; algo curioso si tenemos en cuenta que Dickens, casi por encima de un magistral constructor de tramas, fue un creador de personajes de ficción sin parangón. En esta ocasión, sin embargo, solo algunos de los múltiples caracteres que conforman la obra permanecen en el recuerdo como grandes creaciones; los villanos, como suele ocurrir en otros libros del autor, se llevan la palma: el judío Fagin o el señor Bumble, por ejemplo, son mucho más memorables que Rose Fleming o el señor Bromlow. No obstante, la faceta crítica del maestro inglés aparece aquí con una fuerza inapelable: la visión feroz sobre los hospicios infantiles, los albergues para indigentes o las cárceles se dan en esta novela con una virulencia no exenta de sátira; es, posiblemente, la obra de Dickens más furibunda en cuanto a la dimensión social de los acontecimientos que trata.

La trama es bien conocida: un huérfano de nombre Oliver es criado en un pavoroso hospicio tras la muerte de su madre. Pronto se le empuja a ganarse el pan, llevándolo como aprendiz a una funeraria londinense, aunque al poco tiempo se verá reclutado a la fuerza por una banda de malhechores juveniles manejada en la sombra por Fagin, un atrabiliario ladrón. Lo que acontece a partir de este punto es una sucesión de aventuras que involucrarán a un enorme número de personajes secundarios que jugarán distintos papeles en la vida del joven huérfano. Los descubrimientos, las traiciones, los delitos y las pérdidas se sucederán sin pausa hasta la conclusión de la novela.

Cabe señalar, antes de nada, que Oliver Twist, aun siendo una obra magistral en muchos sentidos, tiene uno de los protagonistas más simplones de toda la producción literaria de Dickens. El huérfano que da nombre al libro y que pasa por ser uno de los personajes de ficción más conocidos de la historia no es más que un muchacho indeciso y pasivo, cuyas desventuras son fruto de las acciones de los demás, nunca de él mismo. Obviamente, las desgracias que sufre son causa directa de la mala idea de los antagonistas y, por lo tanto, achacables a las manipulaciones de otros; sin embargo, el carácter ramplón de Oliver le impide tomar decisiones y actuar de forma coherente. La fortuna que le sale al paso a lo largo de la obra es siempre una consecuencia de la interacción de un personaje secundario, y nunca fruto de una idea meditada o de un plan bien concebido.

Dejando de lado este hecho (en absoluto desdeñable, pero compensado por la maestría del autor inglés en otros aspectos narrativos), la novela nos ofrece una mirada terrible acerca de las condiciones de vida de los más desfavorecidos en la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Las alusiones a las encarcelaciones arbitrarias, a los juicios sumarios a las clases bajas, al desprecio por los pobres, al maltrato constante de huérfanos o mujeres de la calle, son casi imposibles de contabilizar. Si bien el joven Oliver pronto consigue escapar a su funesto destino como inclusero, muchos de los otros personajes son los retratos de toda una clase social sin esperanzas, sujeta siempre a la brida de una administración tan cruel como ciega a sus necesidades. Como afirma en un momento dado el señor Bromlow: «La regla de oro de la beneficencia es darles a los pobres exactamente lo que no necesitan para que se cansen de venir.»

Por todo ello, el tramo final de la obra (ojo con los spoilers), plagado de actos de justicia que pasan por castigar a los antagonistas, es uno de los más luctuosos que Dickens escribiera jamás. El espeluznante capítulo 50 en el que se narran las últimas horas del villano Fagin antes de su ejecución tiene algunos párrafos capaces de poner la piel de gallina al lector más rocoso. La emotividad y el sentimiento que se desprenden de algunos pasajes, como este citado, son impresionantes y nos recuerdan (si acaso hacía falta) que Charles Dickens fue uno de los escritores que mejor supo reflejar el alma humana en toda su complejidad. Aunque como obra literaria no alcance las cotas de excelencia de algunas de sus otras novelas, no cabe la menor duda de que Oliver Twist es un novelón como pocos.

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