La declaración de George Silverman – Charles Dickens

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La declaración de George Silverman - Charles DickensQue Charles Dickens sentía una afinidad especial por los parias y los desgraciados no es ninguna sorpresa; su sensibilidad hacia la gente que sufría unas condiciones de vida miserables es tan intensa que en muchas ocasiones los representa con una profundidad que no se ha vuelto a alcanzar en la literatura.

En La declaración de George Silverman vuelve a centrarse en la figura del desdichado, aunque este breve relato se adentra en los entresijos del sufrimiento sin ambages, sin tramas complejas: el texto es directo y apela a la conciencia del lector, a su sentido humano. Y es que George Silverman, el protagonista homónimo de esta bella y triste historia, es un auténtico paria: un niño que vive en la miseria, que pierde pronto a sus padres y cuya vida estará marcada por la soledad, la incomprensión y la rectitud. Una rectitud impuesta por una figura imponente y cruel como es el clérigo Verity Hawkyard, un predicador furibundo que se hace cargo de George cuando queda huérfano y le proporcionará educación, si bien su ominosa presencia marcará la vida del protagonista para siempre.

Como siempre ocurre en las novelas de Dickens, el personaje «malvado» (vaya entre comillas porque en ocasiones esa cualidad no es fácil de percibir) es determinante en el desarrollo de la historia y en las vicisitudes que correrá el protagonista. En este caso, Hawkyard inculca en el joven Silverman un sentido de la culpa profundo y malévolo, aun cuando sus ideas se contraponen de forma palmaria —como el propio George descubrirá— con sus acciones. El autor nos sitúa frente a la moralidad cambiante de un personaje que sólo se preocupa por su propio beneficio, si bien se reviste de honestidad para que los demás crean en su desinteresada fachada. La inocencia y buena voluntad de George ejercen de contrapunto a la funesta presencia del predicador y sus acólitos, de los cuales huye en cuanto puede, pero que consiguen dejar una impronta en el sentido de la honorabilidad del joven.

Debido a ello y a su innata propensión al buen obrar, el protagonista renunciará incluso a lo más querido para ser fiel a su concepción del mundo y de la sociedad. Lady Fareway, su patrona en su primer trabajo, representa en este caso esa sociedad que se guía por los modelos y los prejuicios: su visión estrecha y materialista es justo lo contrario de la sensibilidad bondadosa de George, que pronto se pone de manifiesto al conocer a la hija de su jefa, Adelina. El final de la historia, tremendo y desolador en su sencillez, no hace sino confirmar que la austeridad humana del protagonista va más allá de cualquier contrato social.

La declaración de George Silverman es una muestra más del inmenso talento de Charles Dickens para la construcción de personajes y para mostrar la miseria y nobleza del alma humana. Una excelente propuesta, bellamente ilustrada por Ricardo Cavolo, que nos hará disfrutar del maestro inglés.

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