Nicholas Nickleby – Charles Dickens

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Nicholas Nickleby - Charles DickensDespués de reseñar unas cuantas novelas del genial Charles Dickens, parece que poco se puede añadir ya respecto de su talento literario y su acerada visión de la realidad inglesa del siglo XIX. Nicholas Nickleby representa dentro de su ingente producción un paso adelante, una suerte de experimento para ir dando forma a las grandes novelas que escribiría después. ¿Significa esto que el libro es peor que otras de sus obras? Hasta cierto punto sí, quizás debido a ese carácter de tentativa al que hemos aludido; aunque en él están presentes muchas de las características del Dickens maduro, lo cierto es que ninguna de ellas está tan trabajada como en sus títulos posteriores. Este punto hace del libro un hito menor dentro de la carrera literaria del autor inglés; si añadimos la nefasta traducción de esta edición (de la editorial Montesinos, la única que encontré en castellano de este texto), la lectura ha terminado por ser un tanto decepcionante.

La trama, eso sí, es dickensiana a más no poder. El señor Nickleby fallece dejando a su viuda y sus dos hijos, Nicholas y Kate, desamparados y sin dinero; solo la ayuda del hermano del finado, el avaro Ralph, pondrá en marcha una serie de acontecimientos que marcarán la vida de la familia, y en particular del joven Nicholas. Sorprendentes y curiosos personajes secundarios, accidentadas historias y bienaventuradas coincidencias forjarán el carácter del muchacho, convirtiéndole en un hombre cabal como pocos.

Tal y como ocurre en otras muchas obras de Dickens, los secundarios juegan un papel importante: no solo como elementos necesarios para fijar arquetipos sociales, sino para desencadenar las tramas secundarias que, de una forma u otra, acaban por definir el destino del protagonista. En este caso, si hay una figura que destaca sobre las demás y que consigue por sí sola dotar de enjundia a la obra, es el señor Squeers; el taimado y cruel director de escuela que ejerce de patrón durante un tiempo con el joven Nicholas es uno de los personajes secundarios más logrados de toda la obra del maestro inglés, incluso a pesar de su exacerbado histrionismo y sus rasgos maniqueos.

Frente a un protagonista indeciso y en ocasiones pasivo, tanto Squeers como el resto de secundarios (su tío Ralph, el señor Noggs, incluso los hermanos Cheeryble) presentan un delicioso contrapunto y logran hacer de una narración lastrada por convencionalismos una aventura con cierta enjundia. Nicholas es uno de los protagonistas menos trabajados de la obra dickensiana: en parte por su carácter apocado y en parte por la falta de profundidad que el autor le otorga. Los acontecimientos se desarrollan siempre merced a circunstancias externas, nunca propiciadas o controladas por el muchacho, que se convierte así en una figura inane, al albur de fuerzas ejercidas por otros personajes.

Aparte de este hecho, que ya constituye un lastre notable para el fluir de la trama, Dickens hace un uso excesivo de la casualidad. Bien es cierto que es norma en la novela decimonónica el recurrir al azar para justificar giros de la trama o apariciones extemporáneas; sin embargo, en esta novela algunos de los hechos se antojan demasiado «providenciales» como para constituir un elemento verosímil (no necesariamente creíble). El autor hace uso de ese recurso en muchas ocasiones, menoscabando la trama (por lo demás planeada, como casi siempre, con puntilloso detallismo) y convirtiendo los hechos en ramplonas muestras de vodevil.

A pesar de todo ello, no hay duda de que el genio de Charles Dickens le hace encumbrarse allí donde otros fracasarían. Su maestría para la descripción de personajes (memorable la madre de Nicholas y Kate, así como el bueno del señor Crummles), su dominio del diálogo y su capacidad para llevar a los personajes de acá para allá conceden al lector una lectura sin tregua. Estos méritos apaciguan los evidentes fallos de la obra, que, como decíamos antes, pueden deberse a lo temprano de su concepción.

Un punto ineludible, por desgracia, es la traducción. Es posible que la percepción que uno ha sacado de esta obra se haya visto mermada por una traducción que no se puede calificar sino de pésima: términos mal traducidos; expresiones extrañas en castellano; giros redundantes… La experiencia marca, sin duda, el juicio que se obtiene de la novela y empaña de manera insoslayable la lectura. Solo puedo aconsejar que, en caso de existir otra versión, huyan de esta edición como de la peste.

Por lo demás, y como resumen, Nicholas Nickleby no está a la altura de otras grandes obras de Dickens, sobre todo en cuanto a su construcción narrativa; no obstante, y como fruto de la mano de un genio de las letras, ostenta algunas virtudes que la convierten en una obra digna de consideración. E, indudablemente, en una obligación para todos los devotos de Charles Dickens.

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2 Comentarios

  1. NICHOLAS NICKLEBY

    Es en gran parte una realidad pura y sólida de la vida de quién quiera reparar sus defectos. Es en especial un torrente de ejemplos de lo que significa ser un hombre o una mujer Integro. Une exquisitamente la idea de familia entre personas que no se conocen y están solas y buscan ser amados. Hacer las cosas bien y hacer de las buenas costumbres nobleza de corazón y paz interior.

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