Dombey e Hijo – Charles Dickens

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Dombey e Hijo - Charles DickensAunque la lectura de Dombey e Hijo termine con la insoslayable sensación de hallarnos ante una novela «menor» de Charles Dickens (utilizo comillas con el adjetivo porque, admirador como soy del autor, me resulta difícil criticar una de sus obras cuando casi todas ellas tienen una mayor calidad literaria que buena parte de nuestra producción actual), si nos quedamos con los aspectos positivos podremos entresacar algunos de sus temas recurrentes como narrador: el amor por la infancia; la preocupación por la calidad educativa; los abusos de poder; los cambios sociales… En estas páginas salen a relucir muchos de los motivos típicos que en otras de sus obras adquieren una importancia capital, pese a que en esta ocasión queden simplemente esbozados.

No puede haber una buena experiencia de lectura sin una traducción a la altura del original. En el caso de esta edición, la versión en castellano no hace justicia en absoluto, e incluso algunos términos, frases o pasajes destrozan el sentido original. Esto hace que el sentido de algunas partes se pierda por completo; de hecho, la característica atmósfera dickensiana (humor, miseria, desventura, traición) se ve tristemente despojada de todo su poder al no tener un acceso competente a la prosa sencilla y cargada de ironía del genio inglés. Con este impedimento por delante, no deja de ser cierto que la percepción que saquemos de la lectura va a quedar condicionada por un lenguaje que no está, ni de lejos, a la altura de lo que cabría esperar.

Volviendo al libro en sí, Dombey e Hijo cuenta la desgraciada historia de Pablo (esta traducción utiliza una versión castellanizada de los nombres originales) Dombey, un acaudalado comerciante cuyo único deseo es tener un hijo varón que le suceda como director de su empresa y perpetúe su apellido, tal y como él mismo hizo en su momento. La fortuna parece sonreírle con algo de retraso, ya que, años después de tener una hija, su mujer da a luz a un varón; sin embargo, su estado de salud es bastante precario, lo que obliga al señor Dombey a desvelarse por él. Florencia, su hija, se verá relegada a un oscuro segundo plano, despreciada por un padre que apenas sabe de su existencia y empujada a convertirse en una joven independiente, decidida y valiente. Como se podrá imaginar, los deseos y esperanzas de uno y otra (y también de la plétora de secundarios) se verán hechos añicos por unas circunstancias azarosas.

La habitual preocupación de Dickens por la infancia y la educación es uno de los temas capitales de la novela. La arquetípica figura del maestro cruel y despiadado se encarna en esta ocasión en Mrs. Pipchin, una vieja dama cuyo talento para tratar con niños se reduce a «obligarles a hacer siempre todo lo contrario de lo que deseaban», según el narrador. También en Mr. Blimber, un estricto profesor que, pese a su carácter bonachón, considera más importante la acumulación de datos que el desarrollo de los muchachos a su cargo. A lo largo de la novela se hace mucho hincapié en la necesidad de formación, sobre todo en la juventud, pero a ello se le opone la escasa empatía emocional por parte de los maestros; la educación es una oportunidad para convertirse en buena persona, pero al tiempo es una actividad que pone en riesgo el carácter si el tutor es una persona atrabiliaria, cruel o inflexible.

Aunque las figuras infantiles o adolescentes juegan un papel primordial en la obra, la habitual maestría del genio inglés para la construcción de personajes de corta edad se ve mermada por la ramplona figura de Pablo Dombey hijo. Este protagonista, lejos de provocar empatía en el lector, o siquiera compasión, se convierte en un mero contenedor del que el autor se sirve para acumular acontecimientos, sin conseguir dotarlo de una psicología coherente ni de una personalidad atractiva. Como figura clave de la novela, es una lástima que su tratamiento sea tan ramplón; defecto, por otra parte, que se repite con algunos personajes secundarios, como Walter Gay, Susana Nipper o Mrs. Pipchin. Si bien algunos caracteres sirven como arquetipos o elementos cómicos, los citados (e incluso algunos más) juegan papeles relevantes en la historia, pero su aportación se ve mermada por el escaso desarrollo de su psicología. En otras obras de Dickens que también cuentan con numerosas figuras secundarias encontramos personalidades coherentes y complejas, algo que se echa en falta en esta ocasión.

Dombey e Hijo queda así en un segundo plano frente a otras novelas de Charles Dickens. Aun cuando tiene escenas memorables y algún personaje inolvidable (el viejo capitán Cuttle), está muy lejos de otras narraciones cargadas de ritmo, vigor e intriga. Tanto tramas como protagonistas son de segundo orden, y si a ello le unimos una mala versión castellana, solo me queda recomendar que prueben con cualquiera de las muchísimas obras maestras del autor inglés, y dejen ésta para mejor ocasión.

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