Almas muertas - Nikolái GógolLos que nos visitan a menudo ya sabrán nuestra devoción por los clásicos rusos, así que nadie se extrañe ante los elogios que uno va a escribir sobre este magnífico libro de Nikolái Gógol.

“Almas muertas” es una espléndida novela por muchas razones, pero se me ocurre una que puede ser fundamental: su modernidad; de hecho, en casi todos los manuales de literatura se la califica como la primera novela moderna en ruso. No es que uno esté siempre de acuerdo con los manuales, pero en este caso la lectura del libro confirmará esa afirmación. La novela es moderna en un sentido estricto: por sus personajes, por su trama, por su narrativa. Mientras se lee, se puede olvidar fácilmente que se escribió hace casi dos siglos y que el romanticismo aún coleaba con fuerza en Europa. Gógol concibió una obra que muestra lo nauseabundo de la sociedad rusa (y, por qué no, de casi cualquier sociedad) a través de una historia que se desarrolla con agilidad. Porque la trama del libro, lejos de ser accesoria (algo que muchas veces ocurre cuando se priman otros aspectos de la escritura), es un elemento importante, puesto que tiene ciertos elementos de intriga y su explicación se demora con mucha maestría por parte del autor.

En “Almas muertas” se cuenta la historia de Pável Ivánovich Chíchikov, un personaje misterioso que llega un buen día a la ciudad de N. para emprender un negocio oscuro y desconcertante. Entabla relaciones con los hombres más importantes del lugar y les hace una extraña oferta: comprarles los campesinos ya fallecidos para evitarles el pago de sus impuestos a la administración. Algunos propietarios reaccionarán favorablemente ante la oferta, otros no, pero la duda no desaparece: ¿para qué necesita Chíchikov esas almas muertas?

La resolución de esa pregunta no es el quid, ni mucho menos, del libro, pero contribuye de forma notable a crear cierta atmósfera inquietante alrededor del protagonista y sus acciones. Por supuesto, como muchos compatriotas suyos, Gógol consigue retratar unos caracteres humanos formidables: desde el mismo Chíchikov, noble en sus maneras, mezquino en sus pensamientos, pasando por el cochero Selifán, borrachín y mentiroso, hasta Nozdriov, contumaz trapacero y juerguista. Sería largo enumerar aquí otros personajes, pero queda uno impresionado por la vivacidad que la pluma del escritor otorgó a todos ellos y la familiaridad con que me los representaba mientras devoraba las páginas. Confieso que yo esperaba encontrar en “Almas muertas” unos seres a lo Dostoievski, atormentados y repletos de contradicciones, pero los personajes de Gógol son más bien caricaturas, muestras humorísticas de tipos sociales seguramente existentes, pero deformados por la visión inmisericorde del escritor. En ese sentido, más que memorables por su idiosincrasia, los protagonistas de esta novela se hacen imprescindibles por su manera de encarar las situaciones, por sus comportamientos ante los problemas.

No creo que haya muchos escritores que sean capaces, como Gógol, de definir en pocas palabras una manera de ser y de pensar. Sólo por esto (aunque hay muchas otras buenas razones) merece la pena leerse “Almas muertas”.

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