jPOD - Douglas CouplandLas modas literarias, casi por definición, son poco fructíferas para la literatura: por cada novela nueva que supone una aportación más o menos interesante aparecen docenas que no añaden nada nuevo al panorama literario. Aunque no he leído ninguna otra novela de Douglas Coupland, imagino que el resto no debe ser radicalmente diferente a esta “jPOD” que tan mal sabor de boca me ha dejado.

Para los interesados en la trama, contar que este libro narra las peripecias (por llamarlas de alguna manera) de Ethan, un programador de videojuegos perteneciente a un grupo llamado jPOD, integrados en el departamento de desarrollo de una gran empresa. Enfrascados en la realización de un nuevo juego, las vidas de Ethan y sus compañeros sufren algunos acontecimientos que llamaremos ‘especiales’ y que les conducen a unas situaciones ‘peliagudas’. Y hasta aquí puedo leer; en consideración a los que quieran leer la novela, claro.

Como cualquiera habrá advertido ya, “jPOD” es un libro ‘moderno’: salen programadores, se citan muchas marcas de ropa, comida y gadgets electrónicos, los personajes son chachis, ganan un montón de pasta y se comportan como verdaderos freaks. Todo esto sería lo de menos si no fuera porque es lo de más. Me explico.

“jPOD” es una novela inane. Más allá de las absurdas aventurillas de Ethan (primera página: su madre, narcotraficante, mata a un motero que le debe dinero electrocutándole; imaginad el resto) no hay absolutamente nada, nada, que mantenga el armazón de este libro en pie, que lo haga creíble. Puede que la credibilidad no sea un valor per se para decidir si un libro es bueno o no, es cierto, pero “jPOD” se basa sólo en la concatenación de diálogos hilarantes entre personajes simpáticos. Punto. Si alguien cree que va a encontrar una novela que defina una nueva clase social, que marque las pautas de una generación 2.0, que describa a los jóvenes del siglo XXI, que se despida: aquí no hay nada de eso. Coupland, muy diestro (eso sí) en el arte de marear la perdiz, se marca un libro de más de quinientas páginas que sólo puede arrancar una sonrisa (y ya es bastante) a los que sepan qué es Cobold, cómo de ineficaz resulta Windows y sueñen con piezas de Tetris cayendo sin cesar.

Obviamente, el entretenimiento está garantizado, pero es lamentable cerrar el libro y descubrir que uno ha sido engañado del comienzo al final por un prestidigitador de la narración. Douglas Coupland parece conocer bien el mundillo que describe, ofrece un panorama creíble (e imagino que estudiado) de esos nuevos ‘generación X’ criados entre monitores de ordenador, tiene habilidad para reproducir con soltura sus comportamientos y actitudes. Sin embargo, su pericia como escritor es tan limitada que a las diez páginas ya puede uno darse cuenta de que todo van a ser fuegos artificiales. Lo cual, dado que la temática podía dar algo más de sí, es una lástima.