Del inconveniente de haber nacido - Emile CioranEl primer acercamiento a Cioran (como es el caso del que suscribe) no puede ser sino fascinante y sobrecogedor. El complejo pesimismo que encierra su obra (y “Del inconveniente de haber nacido” es sólo un ladrillo en todo su armazón filosófico) es desesperado, agobiante, pero muy iluminador y, en última y extrema instancia, liberador.

Escrito en forma de pensamientos o aforismos, como casi todos sus libros, en este tratado Cioran reflexiona acerca de varios temas, como la alienación del individuo, la decadencia, la tiranía de la historia, la conciencia y la razón. Por supuesto, como se deduce por el título, el meollo del libro lo constituyen las lucubraciones en torno al hecho del nacimiento. El filósofo rumano entiende que, más que la muerte, lo verdaderamente preocupante es haber sido expulsado a un mundo del cual nada quería saber. La vida sería, en cierto modo, un estado incierto, no ‘natural’, un intermedio entre la nada de la que provenimos y a la que volveremos:

Hubo un tiempo en que el tiempo no existía… El rechazo del nacimiento no es otra cosa que la nostalgia de ese tiempo anterior al tiempo.

El sentimiento de saberse conocedor de un ‘secreto’ terrible, de haber observado el abismo y continuar viviendo, es sofocante para Cioran. Su conocimiento de lo que le rodea, su penetrante visión del alma de los hombres no le convierte en alguien más feliz, sino todo lo contrario.

Sin la facultad de olvidar, nuestro pasado tendría un peso tal sobre nuestro presente, que no soportaríamos abordar un solo instante más, y mucho menos entrar en él. La vida sólo le resulta soportable a los caracteres triviales, a aquellos que, precisamente, no recuerdan.

Aunque lleno de contradicciones (al parecer —leo en una biografía suya— se le atacó mucho por ese motivo), sus ideas son certeras, repletas de amargura y cinismo; muchas veces golpean en lo más profundo:

Siento que soy libre, pero sé que no lo soy.

En general, la frustración por el hecho de estar vivo es el leit motif de muchos de estos aforismos. No deja de ser chocante el que una persona tan admiradora del suicidio, que defendía la validez de la muerte sobre la vida, acabase muriendo por causas naturales a una edad avanzada, aunque no sea más que otra contradicción para añadir a la lista. Sin embargo, en algunas de sus exposiciones se puede encontrar mucha verdad, lo cual no obsta para no comulgar con su ‘visión’ del mundo, tan lúcidamente pesimista. Leído sin prejuicios, Cioran puede llegar a ser un revulsivo vitalista, puesto que su frustración le dotaba de una peculiar mirada, una herramienta que diseccionaba almas y comportamientos, y que nos ha dejado sentencias necesarias y sabias.

Más allá de las posturas filosóficas de cada cual, un acercamiento a su obra es recomendable y provechoso.