El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos – Robert W. Chambers

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El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos - Robert W. ChambersLos relatos recogidos en el volumen El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos son una buena muestra de la pericia para el terror psicológico del escritor estadounidense Robert W. Chambers. Entre todos los textos que se presentan, claro está, hay algunos de una calidad sobresaliente (es el caso de “El Reparador de Reputaciones” o “En el Pasaje del Dragón”) y otros que, por el contrario, bordean la narración estereotipada y algo ramplona (valgan como ejemplos “La demoiselle d’Ys” o “El Mensajero”). A pesar de los altibajos en la calidad, lo cierto es que los cuentos más destacables son una muestra del talento de su autor para crear atmósferas y situaciones de verdadera tensión.

Chambers es considerado un precursor del relato breve basado en el horror psicológico que poco después alcanzó su edad dorada con Lovecraft y el círculo de los Mitos de Cthulhu. Ciertamente, la habilidad del norteamericano para la construcción de historias desasosegantes es muy notable; muchos de los cuentos de este libro destacan por las atmósferas opresivas, por las visiones enloquecidas de los personajes y por unas tramas que consiguen romper la distinción entre fantasía y realidad.

La mejor muestra de ello es el texto que abre el volumen y que posiblemente sea el mejor de todo el conjunto: “El Reparador de Reputaciones”. La historia es narrada por un protagonista cuyo comportamiento va tornándose cada vez más enigmático, hasta desembocar en un final de auténtica locura. Lo magistral del relato es la forma en la que Chambers muestra la personalidad de ese personaje: su voz, en apariencia lúcida, nos describe unos lugares y unos hechos que tomamos por normales… hasta que empezamos a dudar de la cordura del narrador; de ahí que el tramo final del cuento nos provoque una sensación de angustia que no sólo tiene que ver con las situaciones terribles que se plantean, sino con la posibilidad de que todo lo que hasta entonces dábamos por cierto no sea sino una ilusión pergeñada por la desquiciada mente del protagonista. La línea que separa lo real de lo imaginario desaparece casi por completo y esto contribuye a diluir cualquier atisbo de racionalidad: no sabemos qué es cierto y qué no, ya que la voz que narra se revela como poco fiable: y en ese caso, ¿cómo podemos saber cuáles de los acontecimientos que ocurren son verdaderos y cuáles son sólo fruto de un delirio?

No tan destacables como ése, también hay un par de relatos más que tienen una calidad bastante alta; es el caso de “El Signo Amarillo” (de un estilo que preconiza la mitología de Lovecraft y sus Mitos), “El Creador de Lunas” (en el que el componente de horror es muy sutil, de nuevo jugando con el aspecto psicológico de los personajes involucrados en los hechos) o “Una velada placentera” (con una trama quizá algo estereotipada, para con un desarrollo magistral, haciendo uso de una imaginación desbordante y de un estilo elegantísimo). No obstante, el resto de los textos del libro se limitan a presentar narraciones correctas, aunque sin elemento novedoso alguno: Chambers fue un escritor capaz, pulcro y a ratos luminoso, pero las historias que teje (sobre todo en los relatos pertenecientes a la colección The Mystery of Choice) se basan en tópicos detectivescos, situaciones poco elaboradas y protagonistas sin el más mínimo atractivo.

En suma: El Rey de Amarillo… nos ofrece algunos textos de una calidad magnífica, que merecen contarse entre lo más selecto del género del horror; por ellos merece la pena leer un libro que, por lo demás, poco tiene que ofrecer a los amantes de la buena literatura.

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