A merced de la tempestad – Robertson Davies

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A merced de la tempestad - Robertson DaviesMucho hemos comentado ya en esta web acerca de Robertson Davies, sus espléndidas novelas o su peculiar y acerado sentido del humor. En sus trilogías ya publicadas en castellano (con A merced de la tempestad se inauguraba la primera que escribió, conocida como «Trilogía de Salterton») tuvimos oportunidad de descubrir a un autor meticuloso en sus descripciones del ser humano, dotado de un olfato poco común para captar las flaquezas y miserias del alma humana, y con una ironía tan desopilante como incisiva. En esta novela, que inicia un nuevo ciclo (y que cronológicamente fue la primera en ser escrita), encontramos todos esos elementos en un estado quizá algo embrionario, pero también más salvaje: hay mucho de ternura en los personajes del texto, pero también mucha saña con la que el autor saca a la luz sus “trapos sucios”.

A merced de la tempestad cuenta la puesta en escena de la obra homónima de Shakespeare por parte de un grupo de teatro aficionado de una pequeña ciudad canadiense. Compuesta por docenas de personas, en esa compañía encontraremos todo tipo de seres y actitudes, lo cual sirve a Robertson Davies para mostrar un catálogo amplio de los vicios y virtudes que todos encerramos. Por ejemplo, la serenidad y templanza de Valentine Rich, directora de la obra recién llegada de Nueva York, y que aporta un toque de lucidez a la estrechez de miras de sus compañeros; o el sentido común de Solly Bridgetower, un joven sentenciado a cuidar de su posesiva madre a pesar de sus ansias de libertad; o también la petulancia del profesor Vambrace, que se arroga el derecho a juzgar a todos sus conciudadanos bajo la supuesta superioridad intelectual que se atribuye. Todos ellos, y muchos más, componen un fresco que, si bien parece representar en profundidad ciertas señas de identidad canadienses, va más allá y transmite un profundo conocimiento del alma humana.

Davies juega sobre todo con un personaje: Hector Mackilwraith, un profesor de matemáticas cuarentón, obsesivo y solitario, que cae enamorado de una de las actrices, la joven Griselda. En ese amor no correspondido podremos descubrir muchos detalles: el egoísmo que a veces guía nuestros pasos a la hora de tomar decisiones en la vida; la ceguera que nos invade cuando tenemos que juzgar nuestras propias acciones; la obcecación de la que hacemos gala cuando nos obstinamos en desechar las opiniones ajenas… Hector es un personaje patético, pero no por sus defectos (que también), sino porque no sabe aprovechar sus virtudes: todo lo bueno que hay en él es lo que, finalmente, le convierte en el hazmerreír de sus compañeros.

Davies sabe presentar a sus personajes con un toque de ternura que hace que, incluso aunque actúen de forma desmedida, puedan llegar a conmovernos por lo humano de su actitud. Su estilo no es especialmente brillante, pero su mirada incisiva y su capacidad para lograr empatía hacen de esta novela (como así ocurre con otras que ya hemos comentado) un texto delicioso. Es difícil no encariñarse con alguno de sus protagonistas, pese a que muchos de ellos hacen gala de cualidades deplorables (charlatanería, envidia, orgullo, intransigencia…): el autor siempre consigue dotarles de un aura de prestancia que los engrandece y, sobre todo, los acerca al lector. Un detalle aparentemente poco importante, pero que marca la diferencia entre una obra mediocre y otra grande.

Si no han tenido la oportunidad de acercarse a Robertson Davies, A merced de la tempestad puede ser el remedio a semejante vacío. Hagan la prueba.

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