Astrolabio – Ángel Olgoso

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Astrolabio - Ángel OlgosoCuando comenté «Los demonios del lugar» ya dije que Ángel Olgoso había sido un descubrimiento fantástico por diversos motivos. Me alegra poder decir que me reafirmo en esa percepción después de leer (o devorar, diría) «Astrolabio», su nuevo libro de relatos.

Aunque uno se siente más cercano a un tipo de narrativa más cotidiana, más apegada al día a día y al devenir de la realidad en la que vivimos, no puedo por menos que reconocer que la magia de Olgoso para crear historias que nos definen como seres humanos es asombrosa y adictiva; puede que no hable de las exclusiones sociales, la pobreza o la miseria, pero las emociones humanas, en toda su variedad (y cuando digo esto me atrevo a ser literal: desde el miedo hasta la envidia, pasando por la ira, el amor, la locura o la pena), se reflejan en estos cuentos cortísimos, pero de una verdad última apabullante. Esto que digo no es una frivolidad: los relatos de Ángel Olgoso encierran vida en su interior, vida que se despliega ante nosotros merced a la fantasía —casi siempre—, pero que no por ello se transmuta en algo distinto; la vida de esas piezas puede ser la de cualquiera, si bien la mirada perspicaz e imaginativa del autor la disfraza con ropajes de un millón de tonalidades.

Creo que es algo que puede observarse a simple vista en un cuento como ‘Gabinete de falsos de Jean-Baptiste Colbert’, donde la inclinación por la burla y el descrédito se envuelven en una trama elegante; o en ‘Caballeros de los puentes’, cínico, mordaz y aterrador por la verdad que muestra, una verdad que no se revela en este mundo nuestro de malignas farsas sociales. También es digno de mención el recurso del humor, pues la vida también puede mostrarse en su faceta más frívola, como Olgoso se encarga de reflejar, con cáustica pluma, en ‘Perikhoresis teológica’.

El miedo, en sus muy diferentes variantes, suele aparecer en muchos de los relatos; no sirve como nexo narrativo, como sí ocurría en «Los demonios del lugar», pero su presencia es pertinaz: un miedo muy existencial, como en ‘Será como si no hubieras existido’; o casi social, patológico, como en ‘Claudicación’; o directamente visceral, como en ‘El espejo’. En otros muchos cuentos asoma con una careta u otra, pero siempre apelando a instintos profundos, horrores atávicos que preocupan y atenazan al ser humano. Puede que éste sea el principal motivo por el que corre tanta vida por estas piezas: por la presencia constante de nuestras emociones, de nuestras debilidades. ‘Árboles al pie de la cama’, por ejemplo, apela a nuestros sempiternos deseos de cambio y mudanza; ‘Los reconocerás’ revela nuestras continuas desavenencias interiores; ‘Venablos’ describe nuestros fracasos sentimentales y, por ende, nuestras venganzas imaginarias.

Además de esos sentimientos tan reconocibles y que Olgoso convierte en familiares, aunque desusados, también hay relatos cuya concepción parece indicar un afán juguetón: ‘Espacios’ (con una dedicatoria-guiño a Miguel Ángel Muñoz) es una entrañable oda a los inconmensurables límites del relato breve; ‘El incidente de Avellaneda’ explora la figura de Cervantes y del Quijote desde una perspectiva divertida y metaliteraria; ‘De Il Corriere della Sera‘ flirtea con las leyendas infantiles y los sueños adultos; y ‘Más que humano’ constituye una pequeña frivolidad que juega con el lenguaje, los refranes y las frases hechas.

No se puede perder de vista el hecho de que el autor es un amante de la palabra perfecta, de la prosa poética, y que cada una de las piezas está construida con precisión de relojero; a riesgo de caer en un lugar común, lo cierto es que Ángel Olgoso da la impresión de repasar sus relatos con la concienzuda saña con que un alfarero suaviza los bordes de sus jarrones. Los cuentos son prodigiosos en su forma, milimétricos por su estilo, como si hubieran sido repensados multitud de veces para lograr un efecto concreto. Lo maravilloso es que es así, y que cada uno de los relatos que componen «Astrolabio» toca un nervio, una emoción, un sentimiento, con la facilidad que sólo demuestran los escritores verdaderamente grandes.

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2 Comentarios

  1. Apúntate Juan Carlos Márquez, no te arrepentirás.Ángel Olgoso es uno de los mejores cuentistas españoles, pero se mueve por senderos muy discretos y no es tan conocido.

  2. No he leído ningún libro de Ángel Olgoso, pero si Miguel Ángel Muñoz y el Sr. Molina coinciden debe de ser un espléndido escritor, así que me apunto y tomo nota de los libros, que caerán pronto. De todas maneras, si que me voy a permitir apostillar uno de los comentarios del Sr. Molina que se encuentra en la línea de otros anteriores:

    «puede que no hable de las exclusiones sociales, la pobreza o la miseria»

    Y ni falta que hace.

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