Cartas finlandesas / Hombres del norte – Ángel Ganivet

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Cartas finlandesas / Hombres del norte - Ángel GanivetYa comentamos aquí hace unas semanas el libro “Betsabé“, primera novedad de la editorial Nórdica, dedicada en exclusiva a la difusión de la cultura y literatura de los países nórdicos. En esa línea se inscribe la publicación de “Cartas finlandesas”, una selección de piezas en forma de correspondencia, publicadas en un periódico granadino, en las que se describe el modo de vida de los finlandeses.

Ángel Ganivet, autor que los estudiosos incluyen en la generación del 98, fue un escritor y ensayista que se preocupó mucho por el carácter de sus contemporáneos, tratando de retratarlo —y examinarlo— en sus obras, aunque con un marcado acento realista. Esta característica no se aprecia tanto en esta obra, puesto que el escritor se desmarca de su España natal para observar y describir las costumbres de los finlandeses, ya que fue nombrado cónsul en Helsinki en 1896. Sin embargo, sus capacidades como observador perspicaz y lúcido se mantienen intactas a la hora de retratar a esos ‘extranjeros’ de los que tan poco se sabía en la España de finales del siglo XIX. Algunos comentarios dicen tanto de los finlandeses como de los mismos españoles:

Preguntemos a la generalidad de los españoles qué idea tienen sobre Finlandia y los finlandeses, y notaremos que no tienen ninguna idea, y al notarlo descubriremos un rasgo de nuestra idiosincrasia: el desdén con que miramos todo lo que ocurre fuera de España, y casi todo lo que ocurre dentro también. Vivimos en un estado de ‘distracción permanente’.

Es agradable leer estos artículos de Ganivet porque, por una parte, su sentido del humor, digno del mejor Camba, acerca al lector sus vivencias y le hace cómplice de sus reflexiones, y por otra, se nota que el autor considera a sus compatriotas como lo que son, testarudos y cerriles, pero no por ello les pierde el cariño.

Quizá por este último motivo algunos pasajes del libro se antojan un tanto chovinistas, ya que Ganivet no puede sacarse de encima su educación y su cultura para apreciar como se merecen algunos de los comportamientos más modernos e innovadores de los finlandeses. Así, juzga a las mujeres como ‘marimachos’ debido a la libertad que exhiben (estudian, se independizan de sus familias muy jóvenes, tienen varias relaciones antes de contraer matrimonio y no dudan en montar en bicicleta o fumar en público), o desaprueba el sufragio casi universal que utilizan para determinadas votaciones. Sin embargo, en su descargo hay que decir que comenta todos esos detalles con simpatía y sin ocultar detalles ‘escabrosos’ (para la mentalidad española, se entiende), e incluso no tiene reparos en admirar su sistema educativo, el funcionamiento de sus hospitales o el desarrollo pujante de su sistema económico.

Más que para entender a los finlandeses (a los que, por sus frecuentes digresiones, acaba por describir más bien poco), estas cartas son útiles para comprender la indigencia cultural y social en la que vivía la España de finales del XIX, si se la compara con un país moderno, abierto y emprendedor.

Y una última palabra para la segunda parte del libro, “Hombres del norte”. Son, simplemente, unas pequeñas biografías de varios autores nórdicos (Ibsen y Hamsun los más conocidos), sin entrar en demasiados detalles y haciendo un breve resumen de sus obras más representativas.

3 Comentarios

  1. Más aguda que esa “distracción permanente”, me parece la españolísima costumbre de hacerse adversario y juez de algo, y sobre todo de nosotros mismos, los españoles. Lo del concupiscente ombliguismo es un mal tan profusamente extendido por el mundo, que me parece cansino atribuirlo a los españoles, de cualquier época. Preguntémosle a franceses (en francés, si pretendemos respuesta) o americanos lo que piensan, saben o conciben en torno a los finlandeses… y encontraremos el mismo porcentaje de ignorancia y curiosidad que en casi todas partes.

    Suomi, Sibelius, los techos verdes sobre blanco, los lazos remotos con Hungría, los lagos, Karelia, en fin, si alguien ignora todo eso da igual que sea español o austrohúngaro.

    Vamos, digo yo.

    pd: se podría hacer un poema cubista con las palabrejas que el verificador de abajo destapa al azar, hoy me tocó: “ovimbu”.

    Casi suena a finlandés.

  2. ¿Existiría en toda España, en tiempos de Ganivet, alguna mente preclara que no tuviera sus prejuicios? Casi como que pienso que no… Femenina, igual, pero aun eso lo dudo. ¿A alguien se le ocurre alguien?

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