Confesiones de una editora poco mentirosa – Esther Tusquets

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Confesiones de una editora poco mentirosa - Esther TusquetsSe presenta este libro como unas memorias, más o menos relacionadas con el mundo de la edición, de Esther Tusquets, cabeza de la editorial Lumen durante cuatro décadas. A lo largo de sus páginas se desgrana el desarrollo de esta empresa durante los postreros años del franquismo y su importancia en el despegue definitivo del mundo editorial español.

Obviamente, estas memorias tienen huecos y vacíos, como la misma autora reconoce en algún momento. En los veintisiete capítulos del libro se habla de todo un poco, aunque siempre desde un punto de vista muy personal: la relación de Esther Tusquets con algunos escritores (especial énfasis en su amistad con Carmen Martín Gaite y Carlos Barral), su propósito editorial, el trato dispensado a los autores de su fondo, algunos cotilleos menores del mundillo, etc.; en general, todo ello tratado con un tono ligero, desenfadado y algo irónico. Sin embargo, precisamente ese tono es lo que confiere al libro un tufillo a engolamiento y gazmoñería que aburre e impacienta al lector. Me explico:

No cabe duda de que Esther Tusquets es responsable del florecimiento de una editorial de prestigio como es Lumen; su labor como editora, pues, está más allá de toda duda. Por tanto, de sus memorias como tal se espera alguna información interesante acerca de, bien el florecer de la industria en España, bien los ‘secretos’ mejor o peor guardados que ha podido conocer a través de su privilegiada posición.

Nada de esto se encuentra en el libro, con la contada excepción de un par de anécdotas menores que a nadie pueden interesar. Tusquets se inclina por presentar un retrato de sus años en Lumen como un tiempo idílico, en el que los cócteles con autores, las cenas distendidas con distribuidores, las bromas campechanas entre colegas y los viajes a lo Kerouac conforman el día a día. Cabría esperar que las confidencias sobre algunos escritores desvelasen facetas poco conocidas e interesantes de sus personalidades, pero para la autora parece tener más relevancia el hecho de que la mujer de Miguel Delibes alabase sus huevos fritos, o que Carmen Martín Gaite le escribiese edulcoradísimas cartas cuyo contenido, en puridad, sólo le importa a ella misma.

Porque el ego de Esther Tusquets no sólo planea sobre el texto, sino que aterriza con tremendo estruendo sobre todas y cada una de las páginas, inundando el libro hasta anegar al sufrido lector. Aun cuando sean estas unas memorias, y sea inevitable la presencia panóptica de la escritora, es inadmisible que la visión que ofrece de hechos y personas se restrinja a su particular deseo de protagonizar el texto; esto es más cierto, si cabe, cuando las memorias tienen un propósito informativo y divulgador.

Y toda esta reflexión me sirve para introducir un inciso que espero no vuelva a repetirse, pues nada tiene que ver con la crítica en sí. Personalmente, leí este libro con la idea de conocer los pormenores de una labor editorial como la de la señora Tusquets, referente ineludible en el panorama nacional, pero desde el segundo capítulo abominé de lo que estaba ante mis ojos. La autora confiesa que se vio al frente (junto a su hermano) de Lumen por una coyuntura absurda: su padre compra la editorial porque, hablando en plata, le sobra el dinero y le hace con ello un favor a un pariente. Puede parecer poco importante, pero es significativo el hecho de que la dirección de la empresa caiga en manos de una niña bien, aburguesada hasta la náusea: a lo largo del libro se da uno cuenta de que, más importante aún que el conformar un catálogo (aunque lo hiciera) o conferir una imagen inequívoca a la editorial, lo que más le agrada a Esther Tusquets es conocer gente, dar cenas, viajar, ser amiga de importantes escritores. Como anécdota para ilustrar esto: en el capítulo dedicado a Camilo José Cela, la autora reconoce haberle apreciado como persona (textualmente, dice que ‘le divertía y le caía bien’), pese a considerarle grosero y vanidoso (¿?); sólo cuando el Nobel le juega una mala pasada, hurtándole un libro que debía escribir para ella, confiesa la editora que «detrás de [su] aparatosa fachada no había […] un ser que humanamente pudiera interesarme».

En general, no suelo mezclar la impresión u opinión que tengo de un autor con la que me haya hecho de su obra; me parece, además de contraproducente, poco fructífero. Sin embargo, en esta ocasión, el ego y la personalidad de Esther Tusquets han malogrado lo que sus memorias podrían haber dado de sí. Me parece inaceptable que el ego de un editor —un personaje que debiera quedar en un segundo plano respecto a sus autores, incluso en sus memorias— eclipse los datos que pueda ofrecer. Quizá la faceta de autora de la propia Tusquets le haya jugado una mala pasada; quién sabe. Lo innegable es que el aire vanidoso, gazmoño y frívolo que tiene este libro lo convierte en inabordable. Frente a otros experimentos similares, como los de Jorge Herralde o Mario Muchnik, el de Tusquets queda convertido en un ejercicio de engolamiento. Esa constante sensación de lo encantada-de-sí-misma que está la autora, las cartas personales que presenta para dar a entender lo muchísimo que la quieren los que la rodean, los detalles sentimentaloides que pueblan el texto, todo ello menoscaba el (poco) interés que pudieran tener sus recuerdos.
En resumen: si alguien quiere saber algo de la industria editorial, que no lea este libro. Si lo que quiere es pasar un rato ameno, que tampoco lo lea.

2 Comentarios

  1. Absolutamente de acuerdo con el juicio y las impresiones. Qué lástima desperdiciar así una ocasión de dar a conocer lo que realmente interesa.

  2. La trilogía autobiográfica de Mario Muchnick sigue siendo la mejor obra en cuanto a combinación de anécdota de personajes y exposición de los mecanismos editoriales. No creo que haya muchos editores de la mitica edad dorada de Barral y compañia (incluyendo a E. Tusquets) que alguna vez se hayan interesado tanto por el proceso material de fabricación de sus libros como Mario al describir en un capítulo la técnica de impresión en offset.

    Un saludo

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