Curso de librería – Fernando San Basilio

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Curso de librería - Fernando San BasilioLo primero: “Curso de librería” es una novela sorprendente. Dice uno esto porque los libros primerizos son siempre mirados con suspicacia; yo mismo, aunque atraído por un ‘algo’ indefinible, no estaba muy seguro de lo que podía encontrar entre sus páginas. Es lógico que se haya de andar con pies de plomo para arriesgarse con la primera obra de alguien, dado el panorama desolador de plagiaristas, ningunos y adocenados que deambulan por la literatura española. Obviamente, en algunas ocasiones hay que tomar aire y lanzarse a la piscina, porque no sólo de Chéjov vive el hombre, con nulos -o desastrosos- resultados la mayor parte de las veces.

Con “Curso de librería” no he salido en absoluto decepcionado. Es más, todo lo contrario: es ésta una novela ágil, bien construida, nada pretenciosa, con un estilo sencillo y efectivo, con una trama que puede resultar, en principio, ordinaria, pero que deviene a lo largo del libro en una historia repleta de matices y, en todo momento, sin perder un sentido del humor un tanto zumbón, pero inteligente e incisivo.

Y eso que (por aquello de que no todo sean elogios) Fernando San Basilio no es Chéjov; “Curso de librería” no pasará a esos famosos anales de la literatura en los que se encuentran algunos de nuestros más ilustres popes. Sin embargo, el desenfado con el que el autor ha encarado esta primera obra es muy de agradecer. Lejos de adherirse a esa corriente pseudo-costumbrista y rancia que cultivan muchos nuevos narradores (con el objeto, supone uno, de atraerse a la parte de la crítica correspondiente), San Basilio escribe sin florituras, directo al grano, con un narrador en primera persona que disecciona a los que le rodean con una mezcla de superioridad y cinismo: esos desempleados que forman el grupo de futuros libreros a los que hace referencia el título de la obra son el objeto de sus burlas, de sus deseos y de sus frustraciones. Y el gran acierto (se podría decir también ‘la gran tragedia’) de esta novela es, precisamente, que la miseria de esos personajes es también la nuestra: la miseria de todos los días, la de la esperanza, la de la envidia, la de la crueldad, la de la indiferencia. Porque el protagonista es una encarnación perfecta, por imperfecta, de nuestros acelerados días; quizá por ello las últimas líneas del libro, cuando ese curso imposible al que ha venido asistiendo ya ha terminado, son un bello ejemplo del espíritu de esta obra.

Luego fue el ascensor, y luego el portal, y luego la calle Viriato ya del todo anochecida y los neones que arrojaban su luz intermitente contra la lluvia ciega y una moto joven que metía mucho ruido y levantaba el agua de los charcos y algunos oficinistas que volvían a sus casas y corrían hacia el metro llenos de futuro y sin ninguna melancolía.

Novela de perdedores, tal vez, pero de unos perdedores humanos y muy parecidos a cualquiera. Quizá una opción frente a tanta inanidad, como tal vez propone San Basilio, sea ese cinismo ante las malquerencias de la vida.

Una primera novela, en suma, muy recomendable.

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5 Comentarios

  1. A mi también me ha gustado la novela. El estilo me ha recordado a veces a Mendoza, cuando pone en boca del detective loco que no tiene nombre (como el protagonista de ésta novela) reflexiones a veces lúcidas, a veces ingénuas, siempre divertidas. También el planteamiento me ha traído a la memoria la novela “EL guitarrista”, de Luis Landero, en la que un joven que trabaja en un taller por las mañanas acude todas las tardes a una academia. Bastante recomendable.

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