Dominique – Eugène Fromentin

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Dominique - Eugène FromentinDominique es un ejemplo muy ilustrativo de los escasos mimbres que bastaban para construir una novela romántica allá por el siglo XVIII. Eugène Fromentin escribió esta obra en un momento en el que el sentimentalismo en la narrativa estaba transformándose, dando paso a un realismo que acabaría por fraguar en los escritores finiseculares como Zola. Su tono introspectivo, su carácter edulcorado y su narración morigerada hacen de este texto un compendio de características románticas en un momento en el que la literatura cambiaba las maneras de tratar la realidad.

El estilo de Fromentin es cuidado y puntilloso: se detiene en cada detalle con una atención que raya lo obsesivo y emplea un lenguaje tan hermoso como plástico. Como buena obra romántica, las descripciones emocionales son exhaustivas, ya que somos partícipes en todo momento de los deseos, padecimientos, alegrías y dolores de los protagonistas; la emoción es el motor de una narración que, por lo demás, no tiene un fondo mucho más sólido sobre el que sustentarse.

Porque Dominique narra una historia tan importante como, después de todo, nimia: un narrador sin nombre llega a un apacible pueblo costero francés; allí trabará conocimiento con el alcalde del lugar, el señor Dominique de Bray, un hombre reservado, tranquilo y solitario. Después de algunas veladas en su compañía, el narrador servirá como testigo de una confesión que el noble terrateniente le hará en una jornada de caza. Así, sabremos de su etapa adolescente marcada por la pasión poética; de su pertinaz amor por el estudio; y también de su relación con Olivier d’Orsel, un compañero de estudios con un ansia por el placer que le impide alcanzar la paz de espíritu. Será al conocer a una prima de éste, Madeleine, cuando la vida del protagonista se vea trastornada de manera irreversible: su amor por la joven, irrefrenable y violento, marcará sus vidas hasta el punto de cambiarlas por completo.

Dominique es, pues, una novela de amor. Un amor que adopta casi todos los convencionalismos románticos: pasión, obstáculos, perdición, rechazo… Fromentin utiliza buena parte de los tópicos del movimiento para narrar la relación del protagonista y Madeleine, condenada, como no podía ser de otra manera, a la fatalidad. En este sentido, la novela tiene pasajes conmovedores, pero también otros repletos de clichés y fórmulas tan edulcoradas como ramplonas.

Sin embargo, la obra trata asimismo de mostrar el cambio que ese sufrimiento provoca en el protagonista, lo cual la aleja de la tradición romántica más severa y tiende puentes con una narrativa más moderna. Dominique es consciente de su pasión y del dolor que acarrea, pero es capaz (bien es cierto que después de muchos infortunios) de comprender los cambios que padece y de decidir un cambio de rumbo; el tránsito hacia la madurez comienza cuando percibe la renuncia que, inevitablemente, tendrá que asumir.

En este punto, Dominique se distingue de una mera obra romántica al uso; su protagonista es pasional e impulsivo, pero no se deja llevar por sus emociones hasta un punto de no retorno, sino que domeña su dolor para convertirse en un hombre mejor. La figura de Augustin, su profesor en la temprana adolescencia y futuro mentor, cobra así una importancia capital en la novela, llegando en último extremo a eclipsar a Madeleine, que pasa a ser un contrapunto inevitable, pero hasta cierto punto secundario. La pasión se encauza mostrando la inevitable asunción de la renuncia y el abadono de lo que quizás no sean más que sueños fruto de la juventud.

Dominique es una obrita menor que, a pesar de verse lastrada por una tendencia a la exageración propia del romanticismo más exagerado, no deja de tener pasajes bellísimos que remiten al lector a ese momento de nuestras vidas en que lo posible empieza a ser considerado una quimera. Una hermosa y melancólica lectura que hará las delicias de los lectores más sensibles.

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