Edición 2.0 Los futuros del libro – Joaquín Rodríguez

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Edición 2.0 Los futuros del libro - Joaquín RodríguezAl igual que el blog del mismo nombre, «Los futuros del libro» se centra en el porvenir que el desarrollo tecnológico deparará al actual formato de libro —es decir: de papel— y en las actuaciones que administraciones y gobiernos deben llevar a cabo para promover iniciativas a favor de la lectura. De hecho, este libro (de papel) está compuesto por decenas de entradas de la bitácora homónima de Joaquín Rodríguez que han sido reordenadas siguiendo un criterio temático (y no cronológico, como es usual en los blogs), con el objetivo de facilitar su lectura. El resultado no es del todo favorable, ya que los riesgos de trasladar al papel esos «apuntes» digitales eran muchos, y el libro acusa algunos fallos casi inevitables.

Con todo, lo importante de «Edición 2.0 Los futuros del libro» es su reflexión inteligente sobre el devenir que el libro, en todos sus formatos, está teniendo en estos días de ajetreados cambios, con el Kindle asomando por el horizonte como una apuesta poderosa, por citar un ejemplo reciente. Para Rodríguez el desarrollo tecnológico es deseable (amén de inevitable) en tanto que proporciona herramientas para que la comunicación y el intercambio de conocimientos estén al alcance de todos; algo que ya se afirmaba en el ensayo de Pierre Lévy «Cibercultura«, escrito casi diez años antes. Los flujos de información que se pueden generar gracias a Internet podrían ser aprovechados por nuevos formatos (aún por desarrollar plenamente) que propiciarían el tráfico de saberes, consiguiendo así una expansión casi universal del conocimiento. Por supuesto, el autor es consciente de que el formato estándar del libro, el libro de papel, es duradero y demasiado extendido como para desaparecer de un plumazo por la aparición de soportes digitales; de hecho, él mismo reconoce ser un consumidor voraz de libros y se reconoce incapaz de pasar sin ellos. No obstante, reflexiona acerca del hecho de que las futuras generaciones se educarán en una sociedad menos basada en el papel y más en el acceso digital a la información: es muy probable que los libros divulgativos, científicos, o incluso guías de viajes o manuales de enseñanza se comercialicen en un soporte electrónico, más versátil y con una capacidad ilimitada para tener datos actualizados.

También se hace eco Joaquín Rodríguez de las políticas de fomento de la lectura y de las relacionadas con el rol de las bibliotecas en esas sociedades futuras. Las primeras suelen brillar por su falta de efectividad, cuando no por su inutilidad más absoluta; las segundas (que deberían sustentar el desarrollo de las primeras, a decir verdad) se distinguen por su ambición sobre el papel, pero por una escasa repercusión real. La mejora de las dotaciones bibliotecarias habría de ser un prioridad para cualquiera que tenga un mínimo interés en promover la lectura; y si hablamos de bibliotecas, como en algún momento hace notar el autor, hablamos de todas sus variantes: municipales, regionales y, sobre todo, escolares. De hecho, éstas últimas son las más necesitadas de un control serio e inteligente por parte de las administraciones: el fomento de la lectura en la enseñanza pasa por tener bibliotecas bien abastecidas, no simples aulas de estudio con una o dos estanterías mal surtidas. Los ridículos índices de lectura de España, por ejemplo, y que las encuestas de la Federación de Gremios de Editores se esfuerzan por maquillar, dan buena muestra del desastroso modo de gestionar los elementos que más deberían contribuir al aumento de lectores.

El papel de las editoriales y las distribuidoras en esa sociedad futura también tiene cabida en este libro. Sostiene Rodríguez que la labor de todos los intermediarios en el proceso de creación de un libro se verá afectada de forma irreversible: si las distribuidoras pueden correr un serio peligro de extinción (la venta on-line a través de la página web de una editorial, por ejemplo, daría al traste con cualquier canal intermedio), no serían menos las editoriales, que podrían asistir al auge de procesos de autoedición que llevasen a esa utopía pseudo-socialista que es la edición 2.0, global y no sujeta a ningún tipo de obstáculo tradicional. Por supuesto, es muy difícil imaginar por el momento un declive de las casas editoriales, en particular de las más grandes, pero no es menos cierto que la mayoría están ancladas en un sistema de distribución y venta frágil, que puede verse muy perjudicado por el auge del comercio digital.

En general, estos temas se tratan en epígrafes breves que se corresponden con las entradas que Rodríguez hiciera, en su momento, en su blog. Esto supone que los textos suelen repetirse, incurrir en redundancias evidentes o resultar escasos en información: la traslación al papel, por cuidadosa que sea, entraña una falta de ilación que menoscaba mucho la lectura. Lo que en una bitácora puede ser interesante (por breve, al adaptarse al medio; por actual, al tratar un tema de plena actualidad), no lo es tanto en un libro; las diferencias entre soportes, como el mismo Rodríguez afirma, son todavía enormes. Más allá de ese detalle, este ensayo atesora muchas ideas interesantes para cualquier amante del libro, de la lectura y del porvenir de ambos.

2 Comentarios

  1. Estimado Alsen,
    todas (o casi) las imágenes de las cubiertas de los libros que acompañan a las reseñas incluyen un enlace a la página web de la editorial que publica la obra. No es el lugar más accesible ni el más evidente, pero ahí está. Muchas gracias por la observación.

  2. Interesantísimo libro.
    Pero me he dado cuenta del «gran fallo» de las reseñas que hacéis: ¡no especificáis qué editorial publica el libro! Sé que es Melusina pero, ¿y para el que no lo sepa?
    Y así con todas las reseñas que hacéis. Mérito también tiene el editor que edita esos títulos que devoráis.
    Es una petición que os hago. Mostrar en el título de la entrada la editorial. No es lo mismo leer a un autor en una editorial que en otra.

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