El androide y las quimeras – Ignacio Padilla

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El androide y las quimeras - Ignacio PadillaA veces, encontramos libros que nos subyugan por una cualidad misteriosa y casi inefable, que nos transportan con facilidad a los universos que ha creado el escritor y que nos hacen sumergirnos en la lectura con la avidez y la pasión de la adolescencia. «El androide y las quimeras» es uno de esos libros. Ignacio Padilla pergeña en estos doce relatos un mundo mágico que atrapa y seduce, que embelesa por su frescura, su imaginación y su cuidado.
Se perciben influjos borgianos en todas las piezas del volumen, ecos del gusto por el ajedrez, por la acumulación de datos eruditos, por la anglofilia; son huellas leves, pero que asoman a la superficie enseguida. Sin embargo, esto no supone un demérito. Padilla ha sabido partir de una tradición y un caudal de lecturas enorme (o así lo parece) para construir un imaginario propio cargado de malignidad, guiños metaliterarios (y metaculturales), personajes estrambóticos e historias inauditas. Mientras que otros autores naufragan debido al lastre de sus influencias o admiraciones, el mexicano hace de ellas un elemento más de su riqueza verbal y narrativa.

Lo primero que habría que decir sobre estos cuentos es que están maravillosamente escritos. No es que Padilla ostente una prosa magnífica y exuberante, ni mucho menos (de hecho —quizá otro detalle borgiano— es quirúrgicamente cerebral): es, simplemente, que ha utilizado los recursos idóneos, en los momentos idóneos, para provocar las sensaciones idóneas. Tal vez esto parezca una banalidad, pero no creo que sea nada sencillo jugar con los ánimos del lector, plantearle misterios o incitarle a deducciones erróneas sin caer en florituras verbales que arruinarían el objetivo. El autor recrea en cada relato un hecho concreto, parte de una situación determinada y conduce al que lee hacia un desenlace, muchas veces sorpresivo, sin hacer la más mínima concesión narrativa: cada adjetivo está en su lugar, cada descripción tiene un objeto, cada elemento está ahí porque debe estar. Nada falta y nada sobra.

Por otra parte, cada pieza de este entramado literario abre la puerta a un universo fantasioso y hechicero, donde lo mismo podemos encontrar a un Lewis Carroll senil intentando enmendar su obra maestra, como asistimos al desalmado proyecto de Edison de crear una muñeca parlante. Casi todas las tramas se apoyan en elementos reales, como el autómata de Kempelen o la niña salvaje de Chalons; la genialidad de Padilla transforma esos sucesos, esas lecturas y relecturas, en fabulosas narraciones que llevan siempre el barniz de lo ilusorio, de lo mágico. Siempre entendiendo esto último como una concesión a nuestra parte infantil, a nuestro lado lector más crédulo, inocente e impresionable. No es tanto que los relatos de «El androide y las quimeras» busquen el K.O. cortazariano, el final sorprendente y explosivo, a toda costa; se trata, más bien, de que estas historias apelan a esa suspensión de incredulidad primigenia, como debían hacer los primeros narradores orales que congregaban a un público a su alrededor para hablar de héroes legendarios y monstruos inconcebibles.

Además, el autor tiene el fino olfato del narrador que introduce pistas, detalles en sus cuentos sin que el lector tenga la sensación de que están jugando con él. Padilla maneja el tempo con sutileza y maña, y es capaz, incluso, de insertar referencias en apariencia banales que, vistas en perspectiva, son auténticas denuncias sociales: me remito, sin hablar de las tramas, a los relatos ‘Las furias de Menlo Park’ y ‘Antes del hambre de las hienas’. Quizá hoy día la función pública de la literatura sea poco valorada, pero creo que merece mención especial; sobre todo en un caso como éste, en el que su aparición no hace desmerecer (todo lo contrario, de hecho) el entramado narrativo-fantástico que Padilla levanta.
Poco más se puede decir para recomendar la lectura de un libro. Padilla no será el próximo premio Nobel, pero les aseguro que refresca mucho leer a alguien que tiene una concepción tan clara de lo que la literatura puede dar de sí.

2 Comentarios

  1. PADILLA, UN AUTOR ABSOLUTAMENTE RIDICULO Y TOTALMENTE PRESCINDIBLE. CONTINUADOR DE LAS TRADICIONES LITERARIAS MEXICANAS MAS INFAMES. NO SE QUIEN LE OTORGA UN VALOR REAL QUE NO SEA EL DE UN BUEN BUROCRATON ACOGIDO Y PREMIADO POR LA ACADEMIA. UN REDACTOR MAS, INUTIL.

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