La capital – José Maria Eça de Queirós

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La capital - José Maria Eça de QueirósLa capital, obra publicada de manera póstuma, responde al esquema, un tanto recurrente en la literatura, pero siempre prometedor, del joven con ínfulas de artista que abandona la vida sin alicientes en un tranquilo villorrio, para lanzarse a la vorágine de la vida en la capital donde, necesariamente, su talento tiene que ser apreciado.

Eça de Queirós desarrolla en esta novela la vida del joven Artur Corvelo, que tiene mucho de su autor, y del que éste se sirvió para presentar una crítica descarnada contra los círculos intelectuales y burgueses de la sociedad lisboeta de la época. Pero, a la vez, “La capital” es un planto por la pérdida irremisible de los sueños de juventud, la pérdida de la inocencia y el desgaste de la ilusión.

Tal vez lo que resulta más acertado de la novela es lo profundamente humano que resulta Artur Corvelo. En él, Eça de Queirós ha sabido retratar un joven de gran sensibilidad artística, que desea vivir en ese mundo de lo ideal que su imaginación concibe como una réplica del ambiente de las novelas románticas. Pero a la vez, le ha concedido rasgos netamente humanos: cierta petulancia, una capacidad nata para cerrar los ojos a la realidad y continuar soñando con situaciones que difícilmente se materializarán, así como una irresolución que lo paraliza y le impide perseverar en la consecución de sus objetivos.

El autor esboza la infancia y los años de estudiante del joven Corvelo, donde apunta ya su carácter. Por un lado, su despertar a la vida intelectual le descubre un mundo sin cuyo estímulo ya no querrá vivir; por otro, el esfuerzo continuado que implica la consecución de cualquier objetivo parece algo superior a sus fuerzas, pues amoríos y festejos son siempre capaces de hacerle aplazar cualquier determinación.

Obligado a abandonar sus estudios tras la muerte de su padre, Artur Corvelo pasará una temporada en una retirada población. La vida sin estímulos de la sociedad rural, en la que ni siquiera ocupa un lugar destacado, acicateará sin tregua su deseo de conocer la vida cosmopolita de la capital. Allí, sin lugar a dudas, su genio como poeta y escritor de dramas románticos le valdrá un puesto de honor entre los intelectuales, lo que a su vez le abrirá las puertas de las casas patricias, en las que hermosas mujeres de refinados sentimientos se arrojarán en sus brazos.

Con esas halagüeñas imágenes en su mente, nuestro hombre correrá a Lisboa cuando una afortunada herencia ponga a su disposición los recursos necesarios para emprender la realización de sus sueños. Pero en la capital, sin contactos y sin el carácter suficiente para abrirse camino, nada será como espera Artur.

Los círculos intelectuales permanecen cerrados para un joven que aún no goza de reputación. La ayuda que necesita para darse a conocer unos se la niegan por envidia, otros por incapacidad, otros porque sólo pretenden utilizarle para que sufrague opíparas cenas y noches de burdel. En los salones de la alta sociedad también le aguarda la decepción: allí donde él creía que moraba la inteligencia, el refinamiento y el gusto por el arte, sólo topa parejas que aprovechan la oscuridad para entregarse a turbios devaneos o un deseo mal disimulado de diversiones livianas.

Consumida su herencia, Artur se ve obligado a regresar al tranquilo pueblo donde está decidido a enterrarse en vida. No obstante, da por sabida la lección de que la capital es una Babilonia que todo lo promete pero nada entrega y donde la lucha es feroz si se quiere alcanzar lo que uno desea, a pesar de que desde la lejanía de la provincia todo parece  sencillo.

La riqueza de tipos que Eça de Queirós presenta, el retrato descarnado de quienes se dejan arrastrar por vicios y debilidades, extendiéndose en la descripción de fisonomías que logran resultar repulsivas, dibuja una sociedad en la que no existe la belleza y todo parece ajado y falso, y se convierte en otro aliciente más que incita a leer La capital.

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3 Comentarios

  1. Mi acercamiento a Eça de Queirós tuvo su origen en una recomendación, en uno de esos consejos que muchas veces llegan a nuestros oídos de forma fragmentada e inconexa y que requieren, por ello, de una posterior labor de investigación. Te llega un vago título, el oficio de su autor: un diplomático portugués, y a partir de ahí, espabila.

    En aquella ocasión tuve suerte y llegué a “Los Maia”, una excelente novela que me hizo pasar momentos muy placenteros. Con posterioridad, el idilio literario con la obra de Eça quedó roto tras la lectura de “La reliquia”, un experimento de lo fantástico, (me atrevería a decir que hasta roza lo alucinógeno), donde se mezclan a partes iguales la sátira y la historia sagrada. A pesar del extraño y original cóctel, un libro fallido, en mi opinión.

    Ahora le toca el turno a “La capital”, con las desventuras de Artur Corvelo, uno de los arquetipos clásicos en el muestrario de sus personajes. Eça nos vuelve a presentar al joven provinciano, bisoño, soñador y poeta incipiente, destinado a ocupar un papel relevante, el que su talento merece (allá cada cual con sus convicciones), en el parnaso literario de la capital lisboeta. Estos rasgos, muy característicos de su repertorio artístico, (los personajes de “Los Maia” soñaban permanentemente con proyectos ubérrimos, que siempre quedaban malbaratados y a medio camino, bien por desidia o por inconstancia), ponen de manifiesto, una vez más, algunas de las preocupaciones fundamentales, que subyacen en el fondo de su obra literaria: la ingenuidad y candidez de todo lo portugués y la inveterada inclinación de su país al diletantismo.

    Eça, hace mofa de una sociedad, la de Lisboa, que vive obsesionada por la moda de lo moderno. Ya se sabe, hay varias disciplinas imprescindibles para epatar en todas las “soirées” de la “high life”: un buen sastre, jugar al “whist” y mentir sin decoro alguno. No son un pasaporte seguro al éxito, pero ayudan a deslumbrar en los mejores salones de cualquier capital.

    A los avatares de esta sociedad, que desprecia todo lo provinciano por no tener “chic”, se ve sometido nuestro héroe. En esta selva pazguata, enferma de modernidad, aterriza Artur Corvelo. Sus únicas armas: un alma cándida, que honra la esencia de todo buen lusitano, y dos obras “maestras” bajo el brazo, “Amores de poeta” y “Esmaltes y joyas”. Dos obras que, en el fondo, no son sino ejercicios literarios de un voluntarioso aficionado al mundo de la poesía, extasiado aún con el romanticismo lamartiniano, cuando todos sus amigos devoran ya a Proudhon, al grito de ¡viva la clase obrera y la revolución!

    Corvelo, piensa en Lisboa como el centro de “una civilización superior”, capaz de producir “delicadas bellezas de perfil patricio”, pero no encuentra nada más que una caterva de pícaros vividores (Melchior Cordeiro y Joao Meirinho, al frente de todos ellos), dispuestos a sablear su cada vez más menguada herencia. Mientras los tostones van desapareciendo del fondo del baúl, su vida se debate en un mar de dudas: qué rumbo tomar, el de las “soirées” elegantes, el de las farras con excitantes andaluzas (curioso el papel que se reserva en el ideario portugués a la mujer española) o el de los clubs republicanos, donde aprendices de Robespierre pierden fuelle en insulsas discusiones protocolarias.

    En “La capital”, Eça de Queirós no escatima ironía y crítica, toda Lisboa pasa por el cedazo de su prosa elegante y cuidada, aunque nunca llega a hacer sangre en sus reproches (lamento, Sra. Castro, no coincidir en esto con sus apreciaciones). Fustiga los saraos burgueses, la vacua vida de los pudientes, los candorosos cenáculos revolucionarios…, siempre, eso sí, con un toque de ternura y delicadeza que desarma al lector. Parece como si nos dijera: es cierto, no me gusta esta sociedad en la que me toca vivir, pero así es Portugal. Mensaje condescendiente y poco rompedor. Qué le vamos a hacer, tampoco cabía esperar la comuna y la anarquía de un diplomático con bigote.

    Con todo, y aunque el libro no llega a deslumbrar como “Los Maia”, resulta ameno acompañar a Arturo Corvelo, poeta de Oliveira de Azémeis, a lo largo de sus desafortunadas experiencias por Lisboa. Esa ciudad que, como dice el gran Melchior Cordeiro, “es el consuelo del alma”.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. Te encontré por feliz azar, siguiendo un libro de Eça… A veces el Destino me regala joyas como ésta… Excelente literatura la tuya, y no menos sugestivos los contenidos, tus recensiones y sugerencias… Fue una agradable sorpresa encontrarte… Ojalá tengas curiosidad por el mío que recién comencé hace una semana a publicar una novela por capítulos, “Amanece púrpura”; una novela en proceso, de la que ya he editado una parte del segundo capítulo. Iré escribiendo los siguientes siempre que haya lectores “suficientes” y “paguen” su lectura con el impuesto revolucionario de sus comentarios… Bueno, hasta otra, en tu casa o la mía… Un saludo cómplice. Volveré.

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