El espejismo de Dios – Richard Dawkins

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El espejismo de Dios - Richard DawkinsAunque a estas alturas de la historia del mundo parezca incomprensible, escribir y publicar un libro sobre la imposibilidad de la existencia de un ser supremo puede constituir un hecho controvertido. El que Richard Dawkins, etólogo, zoólogo y miembro de la Royal Society, se atreva a reflexionar acerca de esa improbabilidad acarreó en el momento de la puesta a la venta del libro numerosos debates, reproches y animadversiones. Después de leerlo, me di cuenta de que una de las tesis que el autor defiende (a saber: que la religión, incluso moderada, tiene consecuencias graves sobre por el carácter absoluto e incuestionable de la fe) muestra sin lugar a dudas la razón que tiene: no en cuanto a la existencia o no de un dios, algo que está fuera de cualquier discusión racional, sino del peligro que supone para la sociedad la pervivencia de unas creencias basadas en imaginerías obsoletas que transmiten unos valores caducos, crueles e inhumanos.

El ensayo de Dawkins es inteligente, profuso, coherente y, a pesar de (o tal vez gracias a) ello, repleto de un sentido del humor que atempera la contundencia de sus afirmaciones; en absoluto les resta un ápice de sentido, pero contribuye, sin duda, a que los escépticos o renuentes puedan entender con facilidad las tesis que se defienden en el libro. Fundamentalmente, estas vienen a ser: la existencia de una deidad superior es indemostrable desde una óptica racional; la evolución (así como el resto de la historia de los descubrimientos científicos) explica la riqueza y diversidad de la vida en la Tierra; la moralidad no tiene nada que ver con religión alguna; y, por último, la influencia que el adoctrinamiento religioso tiene sobre los seres humanos es fatal para nuestra propia vida en común. Todos estos puntos de amplían a lo largo de diez capítulos con un estilo ameno y socarrón; Dawkins busca, como decía, una divulgación de firmes certezas, pero capaz de llegar a los menos convencidos por la vía de la ejemplificación y el humor.

No se engañen aquellos que piensan que el autor prefiere bromear antes que señalar las debilidades del «adversario»: Dawkins es tan burlón como contundente cuando se trata de mostrar las incongruencias y errores de la religión, aunque sin perder en ningún momento su capacidad para razonar todos y cada uno de sus argumentos. A lo largo de los muchos epígrafes del libro se encarga de confrontar la razón y la fe ante temas como el diseño inteligente, el creacionismo, los argumentos sobre la existencia de Dios, las tesis históricas, el fundamentalismo o la educación. Poco se puede resumir aquí de esas ideas, pero les aseguro que, aparte de (obviamente) racionales, están enunciadas de forma brillante.

Me resulta especialmente importante el capítulo dedicado a la educación religiosa y los efectos perniciosos que puede tener en nuestra madurez. La manera de ver el mundo, según el autor, no debe estar sujeta a ningún condicionamiento; la religión (cualquier religión, por supuesto, así como cualquier creencia desaforada) impide formarse una opinión libre de prejuicios y juzgar con imparcialidad aquello que tenemos delante. Para prosperar como individuos y como especie es necesario afrontar la vida, y por lo tanto nuestro desarrollo intelectual, con una actitud abierta, inquisitiva y curiosa; una actitud que nos permita cuestionar todo aquello que vemos, construir opiniones bien fundadas y, por supuesto, cambiar de parecer si encontramos pruebas que demuestren que estamos equivocados. El fanatismo implícito en toda religión se opone a esta visión del mundo, por lo que Dawkins apela a la educación como un pilar para construir un futuro sin prejuicios.

El último capítulo muestra la belleza que se esconde tras el caos que representa el universo para nuestras mentes. El consuelo que pueda ofrecer una fe no es nada comparado con la magnificencia de un cosmos plagado de maravillas aún por descubrir; para el autor no hay nada más consolador que enfrentarse al reto constante del descubrimiento, del saber, aceptando de buen grado que nuestra existencia es finita. Y no por ello menos deslumbrante. Como se afirma al comienzo del ensayo, somos afortunados por estar aquí, habiendo millones de combinaciones genéticas que jamás han tenido la oportunidad de la vida. Aprovechar este regalo es, sin duda, una oportunidad que no debemos perder.

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