El Jarama – Rafael Sánchez Ferlosio

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El Jarama - Rafael Sánchez FerlosioEn una nota preliminar de la presente edición de El Jarama se alude a un comentario que Rafael Sánchez Ferlosio hizo en «La forja de un plumífero ». Según el propio autor fue mientras hacía el servicio militar en Marruecos cuando, debido al contacto con el resto de soldados, se le despertó el interés por el habla popular.

Las anotaciones sobre la misma siguieron ampliándose una vez cumplido el servicio y fueron el origen de El Jarama, novela escrita al parecer para acoger y reunir las notas que cuidadosamente había recogido Ferlosio, quien confiesa haber incluido diálogos en la misma solo con la intención de poder incluir alguno de los giros y expresiones que con el tiempo había cosechado.

Y desde luego supo hacerlo con tino, porque leer El Jarama es como escuchar el habla viva, la lengua tal como la usan sus hablantes. Modismos, expresiones, frases hechas e incluso errores gramaticales —laísmos, dequeísmos, dobles negaciones, etc.— salpican los diálogos de los personajes dándoles completa verosimilitud y llevándolos más allá del realismo.

Solo ya por este aspecto, El Jarama es una novela para leer y disfrutar con detenimiento. Y varias veces.

Pero hay más.

A pesar de la confesión de Ferlosio de haber escrito la novela solo para darse el gusto de incluir en ella sus asientos sobre el habla popular, la que nos ocupa es una novela muy bien tramada. Tanto, que esta pobre reseña apenas puede dar un pobre atisbo de sus virtudes.

En ella se narra el transcurrir de un domingo de verano, desde primera hora de la mañana hasta bien pasada la medianoche. Un grupo de jóvenes se acercan desde Madrid hasta las orillas del Jarama para pasar el día. Las conversaciones de los muchachos, alternándose con las de los parroquianos de una venta cercana, son esa excusa que argüía el autor para incluir su colección de expresiones populares.

Pero los diálogos de El Jarama son mucho más. Con lo que los personajes dicen, con lo que callan, con las acotaciones que los acompañan para señalar un gesto, una expresión, un movimiento Ferlosio construye una personalidad, un pasado e incluso un futuro para cada personaje.

También las descripciones del paisaje, de las orillas del río, del transcurrir del tiempo y los cambios que este opera en la ribera del río, en los alrededores, en el cielo… son otra de las facetas destacables de esta novela soberbia. Sobre todo por la manera sutil de plasmar, como decía, el paso del tiempo, en cuanto logra representar no ya meramente el transcurrir de ese domingo de agosto, sino el mismo fluir de la vida, eterna e inmutable como el mismo río.

Porque si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir, la muerte tiene una presencia importante en la novela. No únicamente por la tragedia que le pone punto final, sino porque el continuo fluir del tiempo que recorre la novela la hace presente sin cesar, aunque con delicadeza, casi de forma inconsciente.

De hecho, la tragedia que cierra la historia es un ejemplo de la excelente manera en que está trabajada la novela. Nos cuenta un domingo de verano cualquiera, pero, para que no se la pueda acusar de insulsa, incluye un punto de giro que altera por completo su transcurrir.

El Jarama está lleno de simbolismo, pero incluso si solo se quiere hacer una lectura superficial, está puede ser filosófica: en esta vida no conviene dar nada por sentado porque todo puede verse alterado de un momento para el siguiente. Como apunta el poema «no se puede negar la muerte».

Ferlosio no la niega. Y sin embargo El Jarama es, además de una novela magnífica que hará disfrutar a cualquier lector, un canto a la vida. A la vida tal cual la conocemos la mayoría, la gente corriente que trabaja durante la semana y quiere esparcirse en sus bien merecidos momentos de asueto. La vida genuina, sin lirismos grandilocuentes pero hermosa a rabiar.

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3 Comentarios

  1. Una lectura más que agradecer a mi profesor de Lengua del colegio, el que nos inició en Delibes, Machado, Becquer… ojalá mis hijos con 12 años hubieran leído la mitad de lo que leíamos nosotros en aquellos tiempos.
    Saludos.

  2. Sra.Castro,

    Pues si no hace mucho expresaba mi extrañeza ante la pobre presencia en este blog de obras de escritores, para mí tan importantes, como Miguel Delibes, otro tanto puedo decir de la novela reseñada en el día de hoy. Sin duda estas carencias obedecen a la imposibilidad de abarcar todo lo que nuestra pasión lectora desearía, pero el tiempo no da para más.

    “El Jarama” es uno de los libros más viejos y más queridos de mi biblioteca. Lo leí a los diecisiete años, hace ya la intemerata de tiempo y aún, de vez en cuando, para recordar los buenos momentos que me deparó, me entretengo en ojearlo.

    Nada tiene que ver mi edición con la que ha servido para confeccionar tu reseña. La mía, de ediciones Destino, es de 1970, y lleva una nota del autor, muy curiosa y diferente a la de los recuerdos cuartelarios de la tuya. Expresa Sánchez Ferlosio los cumplidos que muchos lectores le han formulado a las descripciones geográficas del río que abren y cierran la novela, y para hacer justicia a su autoría desvela su origen: Casiano de Prado, “Descripción física y geográfica de la Provincia de Madrid”, Imprenta Nacional, Madrid, 1864, páginas 10 y 11. Él, pobre usurpador, se ha limitado a introducir unas leves modificaciones a lo allí escrito y lamenta el retraso en reconocer los méritos que su procedencia merecía.

    En fin, curiosidades al margen, si la lista de lecturas lo permite, habrá que aproximarse de nuevo a la magnífica novela de Sánchez Ferlosio.

    Un fuerte abrazo y hasta la próxima

    • Querido Miguel:

      Aunque hace ya diez años que mantenemos este blog hay muchas lecturas previas que se quedaron fuera. Entre ellas estaba El Jarama, que también leí en mis años mozos y que, precisamente por ser una lectura de la que conservaba un excelente recuerdo, he querido agregar a este diario de lecturas. Creo que además ahora he sabido apreciar mejor su enormidad. Y por cierto que esta edición también tiene la nota en la que Ferlosio explica el origen de las descripciones geográficas del río que abren la novela.

      En cuanto a Delibes, también hace unos años devoré muchos de sus libros. Que, no obstante, también deberían estar en esta página, así que habrá que volver a ellos.

      Pero ya sabes: ars longa, vita brevis.

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