Industrias y andanzas de Alfanhuí – Rafael Sánchez Ferlosio

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Industrias y andanzas de Alfanhuí - Rafael Sánchez FerlosioSorprende que Rafael Sánchez Ferlosio, autor de la muy realista (y más que recomendable) novela El Jarama, escribiera pocos años antes esta otra de Industrias y andanzas de Alfanhuí. Una novela que tiene algo de los cuentos llenos de fantasías e imposibles con que se duerme a los niños, un poco de aquellos libros de caballerías plagados de extrañas aventuras y misteriosas nigromancias, y, por encima de todo, un estilo exquisito y un lenguaje rico y preciso.

Alfanhuí es un niño anónimo que se dedica a extrañas industrias en la casa de su madre. Por ejemplo, auxiliado por el gallo de una veleta llega hasta el horizonte donde, al ocaso, destila el color rojo del cielo al anochecer.

Con tales artes, el niño será enviado a Guadalajara, como aprendiz de un disecador. Será él quien bautice al niño con el nombre que en adelante llevará.

¿Tú? Tienes los ojos amarillos como los alcaravanes; te llamaré Alfanhuí porque este es el nombre con que los alcaravanes se gritan los unos a los otros.

Junto a este maestro disecador, Alfanhuí aprenderá las cosas más extraordinarias y emprenderá los experimentos más insólitos, como lograr que un árbol dé hojas multicolores. O injertar huevos en un castaño que, en lugar de dar su fruto, dará pájaros de colores con plumas de hojas.

Pero como siempre ocurre, la gente vulgar responde de forma violenta a aquello que no puede entender. Así, Alfanhuí deberá regresar a su casa, desde donde marchará a Madrid.

En la capital vivirá en una curiosa pensión y compartirá aventuras con don Zana, una malvada marioneta. El sabor castizo de las calles y gentes de Madrid se mezclará en la narración con las inusuales peripecias de Alfanhuí, a quien siempre acontecen sucesos extraordinarios.

De Madrid, Alfanhuí marchará a conocer a su abuela, una mujer que tiene por oficio incubar los huevos que los niños del pueblo le traen. En ese pueblo, Alfanhuí se dedicará a cuidar a bueyes y a tratar de averiguar qué esconde su abuela en su misteriosa colección de baúles.

Sin duda una de las mejores bazas de la novela es el contraste entre los sitios reales donde tienen lugar las andanzas de Alfanhuí (como Guadalajara o Madrid), y los hechos extraordinarios y los personajes singulares que trata. Sánchez Ferlosio viste un traje multicolor, mágico, a esa Castilla sobria y pedestre que tantos otros autores han descrito. Nada queda de la cotidiana meseta y sus moradores ordinarios. O mejor, sí, queda el paisaje y la esencia de sus gentes, pero como disfrazadas y embellecidas por la imaginación de un cuentacuentos.

Sánchez Ferlosio no presenta, en el prólogo, la obra como suya, sino que la achaca a un primo suyo, con el que el autor colaboró para su publicación. Industrias y andanzas de Alfanhuí es una novela curiosa, que se aleja de la novela realista que se cultivaba entonces en España. Resulta imposible no asimilarla a las novelas que Álvaro Cunqueiro escribiría pocos años más tarde, sustituyendo la meseta castellana por los montes gallegos.

Siendo una novela peculiar por su fondo, tal vez lo mejor de ella sea su forma. Al menos, el uso preciosista del lenguaje que hace Sánchez Ferlosio. Un lenguaje rico, usado con precisión, donde brillan esas palabras hermosas de nuestra lengua que ya no usamos y cuyo sentido preciso se adapta con justeza a lo que el autor quiere trasmitir. Un lenguaje tan rico que hace sentir vergüenza por la pobreza y opacidad de nuestro hablar cotidiano.

Así que ya sea porque les gusten las historias de fantasía desbordante, ya porque amen nuestro baqueteado idioma, Industrias y andanzas de Alfanhuí es un título que sin duda deben incorporar a sus lecturas pendientes.

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