El misterio de Notting Hill – Charles Warren Adams

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El misterio de Notting Hill - Charles Warren AdamsComo argumento publicitario de El misterio de Notting Hill se pone el acento en el hecho de que la obra pueda ser la primera novela de detectives (por lo menos en lengua inglesa), inaugurando así un género que ha otorgado a la narrativa algunos libros inolvidables. Sea o no así, de lo que no cabe duda terminada su lectura es de que este texto es un hito menor, aun cuando encierre algunos elementos dignos de mención; Charles Warren Adams, a la sazón propietario de la editorial que publicó el libro (pueden extraer de este hecho todas las conclusiones que deseen…), tenía un indudable talento como constructor de tramas, pero no tanto como novelista. Y esto, qué duda cabe, pasa una factura importante a la novela.

El misterio de Notting Hill es un resumen pormenorizado que un agente de seguros, el señor Henderson, envía a una compañía para tratar de elucidar las circunstancias que rodean a la muerte de unos clientes. Gracias a la detallada documentación que aporta este inusual protagonista, que se mantiene en todo momento en un discreto segundo plano, el lector puede ir recopilando datos acerca de los acontecimientos que desembocaron en la muerte de la señora y el señor Alderton, por una parte, y de madame R., esposa de un misterioso barón experto en hipnosis. Pese a que las tres muertes no parecen tener nada en común, la investigación de Henderson clarificará muchos puntos oscuros y desvelará hechos que cambian por completo las hipótesis sobre los difuntos.

La novela se centra en ofrecer al lector los datos que pueden llevarle a establecer una conclusión firme acerca de cómo sucedieron los acontecimientos, ya que desde las primeras páginas parece clara la identidad del malvado. La fuerza de la trama y su principal recurso es, pues, la minuciosidad con la que el protagonista recopila información, dejando en manos del lector la tarea de atar cabos, idear conjeturas y establecer conclusiones. Lejos de ofrecer una trama repleta de acción, o con personajes inquietantes o atractivos, el libro basa su efecto en desentrañar la labor ardua y analítica que hay que llevar a cabo para averiguar todos los entresijos del caso. No en vano el protagonista es un investigador de seguros, hombre minucioso y particularmente interesado en que el caso pueda llegar a juicio con una argumentación sólida y unas pruebas concluyentes.

Con estos mimbres nos encontramos ante una obra de una precisión poco común a la hora de presentar los detalles de la investigación, así como de construir una cronología de los hechos tan minuciosa como metódica. La conclusión final que hace Henderson es casi superflua, puesto que la cadena de datos, testimonios y pruebas que se han venido ofreciendo a lo largo de las secciones que conforman el libro conducen, de manera inexorable, a un resultado que no arroja dudas. La pericia del autor para suministrar esos elementos resulta digna de mención, ya que la meticulosidad empleada es impresionante.

Sin embargo, la novela flaquea en el aspecto humano: mientras que los hechos se diseccionan con habilidad, los personajes que se han visto involucrados se nos antojan simples marionetas en manos de un ingenioso y avispado maestro de ceremonias. No hay pasión, ni duda, ni deseo, ni emoción en ninguno de los protagonistas; es cierto que la estructura del texto se basa en hacer hincapié en las pruebas recogidas más que en los caracteres, pero el resultado es innegablemente pobre. Podemos apreciar como lectores el esfuerzo del protagonista/autor para recopilar los datos del caso y dilucidar una tesis coherente; pero no podemos pasar por alto la ausencia de sentimiento en unos personajes envueltos en una trama compleja y misteriosa. Y eso sin entrar en los detalles acerca del papel de la hipnosis en todo el caso, el cual (quizá por los años que median entre la publicación original y hoy día) resulta tan inconcebible como inocente.

A pesar de estos innegables fallos, El misterio de Notting Hill es una novela interesante por sus presupuestos formales y por constituir el primer (o, al menos, uno de los primeros) acercamiento a un género que ofrece grandes satisfacciones al lector de mente inquieta. Una obrita menor, pero de feliz lectura.

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