El mal de Portnoy – Philip Roth

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El mal de Portnoy - Philip RothCuando comenté «La conjura contra América» dije que me había parecido una novela estupenda, y que el estilo de Philip Roth era un acierto y una delicia. Lo cierto es que, aunque sigo creyendo que es un buen libro, tras leer «El mal de Portnoy» tiendo a pensar que Roth se ha venido relajando en su trayectoria productiva y que sus habilidades como escritor han entrado en un punto muerto. ¿Por qué? Porque «El mal de Portnoy» es un libro fantástico en todos sus aspectos: cada faceta, cada recoveco de su prosa o de su trama están llenos de matices ingeniosos, de hilaridad inteligente y de una profunda humanidad.

Sin entrar en consideraciones más profundas, se puede empezar por decir que «El mal de Portnoy» es muy, muy divertido. El humor que ese narrador atormentado, obsesivo y neurótico ostenta es un humor corrosivo como pocos, consciente de las debilidades del ser humano y que no cede terreno ante ninguna convención. La cuestión judía, omnipresente en la narrativa de Philip Roth, hace aquí acto de presencia encarnada en la pesadillesca infancia y adolescencia de Alexander Portnoy, en unos padres devotos y feroces que convierten sus recuerdos en una lucha constante por afirmarse como persona independiente. Quizá el hecho de ser judío, teniendo tanto peso como tiene en la narración, sea en realidad una mera faceta que coadyuva a la formación de su personalidad; lejos de ser un rasgo característico que marque la historia y la limite, se convierte en otro chiste, otra neurosis que añadir a la convulsa mente del protagonista.

Más allá de la acidez que recorre sus páginas, «El mal de Portnoy» pone al lector frente a frente con la siempre espinosa relación entre padres e hijos, y las consecuencias que puede acarrear en la formación del carácter. Ese Portnoy obsesionado con el sexo, incapaz de adquirir compromisos y con un ego que oscila entre el desprecio absoluto y la confianza ilimitada, puede ser visto como el resultado de un enfrentamiento constante con sus progenitores, con la forma de vida que llevó y los valores que, de un modo u otro, se le inculcaron. No sólo es que su personalidad sea resultado de ello (algo evidente, por otra parte), sino que parece retrotraerse a esos recuerdos de adolescencia para aferrarse a un mundo que se le escapa y sin el cual no parece saber desenvolverse.

Al fin y al cabo, se desprende del libro un anhelo de ausencia, un esfuerzo por comunicar la existencia infantil con la existencia adulta que no signifique la pérdida de tantas cosas; Portnoy es consciente de sus limitaciones, de las consecuencias que ha heredado de la educación que recibió, de la evolución de las relaciones con sus padres. No obstante, el vacío que percibe entre aquel chaval pajillero y obsesionado con las shikses (las chicas no judías) y el solterón triunfador y solitario en que se ha convertido, no le facilita la tarea de comprender cómo ha llegado hasta ahí. Portnoy repasa su historia con el propósito de esclarecer las facetas más oscuras de su personalidad, pero también intentando conjurar sus fantasmas convirtiendo su pasado en presente. Su necesidad de ironía es una manera de acercarse a sus recuerdos, y por tanto a su «yo» pasado. Por eso este monólogo desopilante no hace más que acercarnos a sus años de colegio e instituto, a las absurdas y estrictas reglas de su madre, a los vacuos consejos de su menospreciado padre; el protagonista se perdona a sí mismo recordando, utilizando esos paseos por su memoria como una confesión.

Lo interesante del asunto es que, aun cuando son confesiones de lo más íntimo, y que pudieran pasar por privadas, son universales por completo. La confusión de Portnoy al enfrentarse al recuerdo de la relación con sus progenitores es muy humana; sus impresiones resuenan en nuestra mente como ecos de un pasado compartido, a pesar de la distancia cultural y temporal. «El mal de Portnoy» nos devuelve a esa fase de la vida en la que el crecimiento se define por lo que rechazamos, en lugar de por lo que decidimos. Quizá por ese motivo resulta tan enternecedor, tan próximo y tan conocido. Si a eso le sumamos el derroche de cinismo del narrador, el resultado es un libro maravilloso, repleto de momentos imprescindibles y de un talento excepcional. Todo un placer.

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7 Comentarios

  1. He descubierto recientemente al autor leyendo Indignación. No será la última vez que le lea ya que es una de las mejores novelas de que he leído los últimos años.
    Magnífica descubrimiento.

  2. a la una de la noche, en medio del silencio de los durmientes de las otras camas, que están en las otras casas, una carcajada, la mía, limpia el vaho de la ventana y se escurre larga por debajo de mi puerta. Encantada de seguirse conociendo y descubriendo las desventuras, palabras y pensamientos del más joven de los Portnoy. Este Alexander de Roth, pero también nuestro.
    El gusto es mío, Sr. Portnoy. Ha sido un verdadero placer haber estado reunida con usted todos estos días y noches. Le he dejado a punto de aterrizar en Tel-Aviv…..esta noche saldremos del avión juntos y ya veremos…..
    Un saludo a todos y todas los lectores de Roth

  3. Buen comentario aunque tengo que discrepar sobre la displicencia de Roth en sus posteriores obras. En la Pastoral Americana el drama humano, la crisis familiar y la decadencia de Seymour Levov,el sueco,son notables la novela le valió el Pulitzer a Roth y sigo considerándola la mejor de sus novelas.
    El Lamento de Portnoy es un grito contra la libertad coartada por los principios familiares y la condena a las restricciones que cunden en una familia judía consevadora ultramontana sobre todo en la figura de la madre de Alex Portnoy.
    Roth sigue descubriendo nuevas formas de escritura más solventes y eficaces,La conjura contra América tiende a ser una ucronía sobre los verdaderos y complejos vaivenes de la sociedad norteamericana desde una una familia judía dividida.
    El mundo de Roth no se ha vuelto dispiscente si no que retorna a esos viejos puntos por él tratados bajo el manto de la ficción.

  4. Condidero a Roth mi escritor norteamericano favorito y lo conocí a través de esta novela que es una crítica feroz a la familia judía tradicional,conservadora y represiva.

  5. OCHO HURRAHS por usted. La pude leer esta audaz traducción menos por el título. Señor Molina, considero que usted sigue siendo lo mejor de esta bitácora, con todos mis respetos.

  6. Así que han reeditado esta bellísima obra… qué buena noticia !
    De todas formas, me gustaba más la traducción «El lamento de Portnoy»

    En fin, he posteado sobre esta obra en mi blog.

    Saludos, camarada.

  7. Hombre, ahora sí. Llevo tiempo (bastante) acudiendo periódicamente por este blog y siguiendo/compartiendo sus (casi) siempre acertadas críticas. Y precisamente en lo referente a P. Roth estaba algo «mosqueado»: sólo se había hablado de «La conjura» y encima bien. Ahora la cosa ha cambiado. Claro. Y tanto. Ahora SÍ estamos ante una de sus grandes obras y el comentario me parece acertadísimo. Yo añadiría a los que les haya gustado este narrador excelente, que no dejen de empaparse con novelas como «El teatro de Sabbath» (para mi su obra culmen), «La contravida» o «Pastoral americana».
    Literatura de altos vuelos sobre los bajos fondos del ser humano. Muy muy recomendable

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