El país del miedo – Isaac Rosa

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El país del miedo - Isaac Rosa“El país del miedo” toma su título de un test infantil  en el que se pide a los niños que realicen sendos dibujos de dos países imaginarios: el del miedo y el de la alegría; según lo que representen en cada una de las obras se pueden analizar sus temores y esperanzas, sabiendo qué es lo que les provoca temor.

Isaac Rosa se afianzó con su primera novela como unos de los más prometedores escritores jóvenes en castellano, algo que pareció corroborar con este segundo libro. Sin haber leído el anterior, confieso que “El país del miedo” me ha parecido intenso e inteligente, y alejado por completo de lo políticamente-correcto-literario (si me permiten el neologismo). Lo que sí es innegable es que el autor ha elegido una forma de narrar combativa, directa y que busca la inquisición, el cuerpo a cuerpo con el lector; aquí no hay concesiones al estilo —si bien Rosa tiene uno muy característico—, a la pirueta técnica: se busca apelar a nuestras conciencias, exponernos a situaciones comprometidas y esperar de nosotros una toma de posición frente a lo que nos están contando.

Ese país del miedo a que se hace referencia está compuesto por las inseguridades a que se enfrenta todo ser humano que convive en sociedad: esencialmente, miedos producto de un capitalismo feroz que inculca en los ciudadanos temores inexistentes para poder explotarlos después.

En realidad, su miedo no tiene mucho fundamento, […]. Cuando lo analiza, acaba reconociendo que se trata de un miedo inducido, inflado, alentado, que oculta, bajo la cortina de la inseguridad personal, otro tipo de inseguridades más graves, sociales y económicas: miedo a perder, a no tener, a no ser, a no llegar a fin de mes, a una vejez sin recursos, a no poder consumir tanto, a no tener vacaciones, a caer y no poder levantarte, a quedarte fuera. Además, se trata de un miedo clasista, pánico de clase media.

Ese miedo es el mismo que induce a contratar seguridad privada ante la posibilidad de sufrir un robo, aunque la existencia de seguridad privada aumenta, a su vez, la sensación de inseguridad en un círculo interminable que sólo consigue multiplicar nuestras angustias. En este sentido, el logro de “El país del miedo” es mostrar sin ambages esa realidad que tenemos frente a nosotros cada día, enfrentarnos con ella y revelarnos lo absurdo, caótico y burdo de nuestra situación. Y lo cierto, como comentaba más arriba, es que el autor se aleja del discurso “oficial”: el ciudadano de clase media que desconfía de inmigrantes, gitanos o indigentes, pero en privado respeta sus derechos, tiene que recurrir a medidas drásticas para librarse de la extorsión a que le somete un pequeño ladronzuelo, compañero de clase de su hijo.

La resolución es abiertamente brutal, sin una mínima concesión a esa concordia que se predica desde los poderes estatales (los mismos que imponen tasas de inmigración y que enclaustran a los “sin papeles” en cárceles a la espera de su deportación) y que tan de moda ponen los serviles medios de comunicación. Carlos, el protagonista, es un hombre atormentado por las dudas, por su sensación de cobardía ante las amenazas que cree percibir; un hombre que oscila entre el respeto por los demás y el temor que le suscitan determinadas personas, incluso determinados tipos o clases de personas. Rosa no ha creado a ningún héroe, a ningún predicador que aliente al lector en pro de la tolerancia: su personaje es débil y timorato, pero tan real que conmueve.

Y conmueve por la sinceridad que se desprende del discurso del libro: la ausencia de maniqueísmos, la inexistencia de buenos y malos, la ignorancia de Carlos acerca de cuál es su deber como padre, como marido y como miembro de la sociedad. Una sociedad, por cierto, puesta en tela de juicio en cada línea, ya que el autor muestra cuánta ignorancia cabe en los discursos solemnes y en las poses (sean progresistas o conservadoras). El protagonista se enfrenta no sólo al joven que le acosa, sino a su propia concepción de sí mismo y de la sociedad: ¿es lícito tener miedo de alguien sólo por informaciones sesgadas?; ¿hay que afrontar determinadas situaciones con violencia, o apelando al dialogo?; ¿puede el respeto eliminar las diferencias sociales o económicas?

Preguntas como éstas, y otras muchas, se le plantearán al lector casi en cada página. Isaac Rosa plantea una historia incisiva y sagaz, con un estilo sobrio, contenido, pero inteligente, tratando al lector con un respeto insólito y ofreciéndole un libro repleto de posibilidades, de preguntas y de ideas. Una rara avis en la literatura de nuestros días, tan necesitada de inteligencia y compromiso.

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5 Comentarios

  1. Lo terrorífico del libro es reconocerse en el protagonista. Pienso que en todos nosotros hay un mucho o por lo menos un algo de él.
    Eso es lo que me da miedo.
    A mí me ha removido, y bien. Como una patada en el estómago.
    Yo recomiendo su lectura. Mucho.

  2. Curiosamente este libro es el último que he reseñado en mi blog, aunque mi opinión no es tan favorable como la tuya. El personajes de Carlos no ha logrado conmoverme, porque me ha resultado demasiado timorato y patético. El libro es original y resulta interesante, aunque me gustó mucho más la anterior novela de Rosa, ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!”, con la que me divertí bastante y que supuso mi descubrimiento de este autor. De todas formas he disfrutado leyendo de nuevo ese estilo tan personal que le caracteriza.

    Un saludo

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