El tacto de un billete falso – Pepe Cervera

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El tacto de un billete falso - Pepe CerveraHace poco comentábamos aquí un libro de relatos de un joven autor que ofrecía propuestas más o menos frescas dentro de un agreste y monótono panorama narrativo en castellano; decía uno entonces que era difícil no repetirse a la hora de comentar, al igual que era difícil no leer un libro que se repitiese en su estilo, tema y forma. Con “El tacto de un billete falso” se me plantea la misma cuestión, porque —una vez más, debería añadir— es un conjunto de piezas breves que prometen mucho en sus primeras líneas, pero que se deshinchan según avanza la lectura; un mal, a lo que parece, que afecta a muchos otros escritores (me ahorro el «en ciernes», aunque lo esté pensando) de relatos.

Y es que la herencia y la falta de ambición son equipajes demasiado pesados. La primera, porque es deseable sólo cuando sirve como trampolín, y no como salvavidas; la segunda, porque es más sencillo repetir esquemas aprendidos que ensayar propuestas. Pepe Cervera no ha arriesgado casi nada en estos relatos; queriendo entroncar con una visión del cuento como la de Carver, el resultado es, en la mayoría de las piezas, flojo, cuando no fallido. Y es que, aludiendo a lo ya dicho, la imitación —cuando no es emulación— pasa factura.

Cervera es un escritor solvente, vaya eso por delante; tiene claro lo que quiere contar, e incluso tiene claro (creo) lo que pretende comunicar a nivel sentimental. Sin embargo, esa claridad de intenciones no se refleja en los relatos, que adolecen de falta de concreción y de resolución. Citaba antes a Raymond Carver porque es el exponente de ese ‘realismo sucio’ que pone al lector frente a momentos cruciales en la vida de los personajes sin que apenas uno y otros se den cuenta de la importancia de lo que ocurre. Cervera ofrece en casi todos sus cuentos unas situaciones similares: instantes decisivos para los protagonistas en la consecución —o pérdida— de su felicidad. Sin embargo, esos momentos se quedan casi siempre a las puertas de resultar epifánicos, o simplemente sustanciales; se adivina el propósito desde el mismo comienzo del relato, y su resolución no culmina en un punto álgido convincente, o emocionante.

Me viene a la cabeza “La última noche“, de James Salter, que conseguía transmitir sentimientos de forma muy vívida con unas historias de apariencia sencilla, casi banal, con personajes mundanos, cargados con problemas cotidianos, pero con los que el lector podía conectar casi inmediatamente gracias a la capacidad del escritor para conjugar sentimiento y verosimilitud en pocas palabras. Algo así es lo que ha intentado Pepe Cervera, aunque su habilidad para concretar esos instantes de verdad (de autoconocimiento, de comprensión) no ha dado todo lo que debería de sí. Eso ocurre en ‘Palabras sueltas’, donde se nos describe la fallida relación de una mujer con su padre, vista a través de los ojos del recuerdo del narrador; o en ‘Corteza de árbol’, que también aborda el difícil tema de las relaciones filiales. Algo mejores resultan algunos otros relatos: ’11 de julio de 2004′, por ejemplo, que muestra el doloroso padecimiento de unos padres ante la fragilidad de su hijo recién nacido —y, por extensión, de la suya propia—; o ‘Cuestión de tiempo’, en el que el temor ante la proximidad de la muerte se conjuga con el amor por la belleza natural.

El balance final, a pesar de las excepciones, es flojo: la constante sensación de quiero-y-no-puedo que planea sobre estas piezas es demasiado pesada como para quitársela de encima, por más que Cervera intente superarse con cada una de ellas. Quizá un enfoque distinto, algo más arriesgado, hubiera dado mejores resultados; el riesgo de acogerse a un estilo tan difícil (aunque en apariencia resulte sencillo) como el que ha elegido ha pasado una factura muy gravosa: el autor cruza la fina línea que separa la revelación y la mera anécdota, cayendo en ésta última en casi todos los relatos. Y es una lástima, porque ya he dicho que Cervera tiene claro lo que quiere contar, y apunta maneras, pero la falta de ambición, o de seguridad, le ha llevado a parir un libro débil e insustancial. Veremos qué ofrece en los siguientes, que seguro llegarán.

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