Ellos y yo – Jerome K. Jerome

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Ellos y yo - Jerome K. JeromeLa literatura de humor suele ser considerada como un subgénero narrativo: sarcástico, ácido, mordaz, hiriente, amable o desatado, pero casi siempre un «hermano pequeño» que no alcanza la grandeza de la literatura con mayúsculas (sea eso lo que sea…). Ellos y yo es una obra ingeniosa y pícara, pero adolece de algunos defectos que hacen que esa opinión cobre visos de verdad: falta de coherencia, arbitrariedad de escenas, personajes esquemáticos y ausencia de ilación hacen de la novela un compendio de malas prácticas narrativas. Pese a todo, tiene algunos momentos brillantes y hay que reconocer el ojo de Jerome K. Jerome para la sátira social.

El libro cuenta la historia de un escritor y su familia cuando deciden trasladar su residencia a una casa en la campiña inglesa. El novelista, un consolidado creador, tiene que lidiar con tres hijos que harán de la mudanza y el proceso de asentamiento un auténtico calvario; Dick, el mayor, es un joven atolondrado sin visos de decidir su futuro; Robina es una veinteañera responsable, pero de un carácter imposible, sobre todo para con los suyos; y Verónica, una imaginativa muchacha de nueve años, consume el tiempo ideando travesuras y llevándolas a cabo. Si a esto le añadimos un arquitecto voluntarioso, pero torpe, una vaca con insomnio y un burro insolente, tenemos un cuadro difícil de manejar. No es de extrañar que el narrador protagonista pronto empiece a considerar la posibilidad de haberse equivocado en su decisión…

Ellos y yo rebosa humor por los cuatro costados, es cierto; Jerome tiene una facilidad para hilar anécdotas que permite que cualquier escena dé pie a una sucesión de chistes que arrancan la sonrisa del lector. Además, tiene también una sensibilidad muy marcada para la sátira, de manera que tras muchas de las chanzas se puede encontrar una crítica velada hacia determinados aspectos sociales, como la educación o el matrimonio. No obstante, donde la habilidad del escritor sobresale es en las escenas rurales, en las que el absurdo (absolutamente inglés, por otra parte) toma el control y ofrece los momentos más desopilantes del libro.

Sin embargo, esa acumulación de escenas es uno de los defectos más evidentes de la obra. Cierto que la trama es endeble y que no da mucho de sí, pero el autor se prodiga en divagaciones y excursos humorísticos en cada momento, rompiendo el ritmo de la historia e introduciendo partes que apenas tienen que ver con la novela solo como excusa para insertar un chiste. Por muy ingeniosos que resulten algunos de ellos (y lo son), lo cierto es que la incoherencia narrativa y la falta de un hilo conductor saltan a la vista casi desde la primera página: las historias que el escritor protagonista cuenta cada vez que algo le trae a la memoria una anécdota son divertidas, pero están insertadas en el texto con una falta de tacto más que reprochable.
Por otro lado, los personajes de los hijos (quizá con la excepción de la pequeña Verónica) son meros arquetipos: clichés de personalidad de los que el autor se sirve para añadir algunas sátiras sobre este o aquel elemento; no representan por sí mismos unos valores concretos, sino que actúan como vehículos para introducir escenas de humor que, de otra forma, hubiera sido complicado incluir.

No hay duda de que Ellos y yo es una lectura entretenida, muy divertida y a ratos enjundiosa; sin embargo, el propósito del autor se ve mermado por estos defectos que hacen del libro un conjunto de escenas inconexas que no consiguen mantener un desarrollo coherente. Es, pues, un libro ameno, aunque poco adecuado para los que vayan en busca de lecturas bien armadas.

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