Guantes negros – Fede Durán

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Guantes negros - Fede Durán“Guantes negros” me llamó la atención, como casi siempre sucede con las apuestas, por lo poco que se extraía de la lectura de su contraportada. Ya sé que es una información muy poco fiable, siempre destinada a las maniobras de marketing, pero en muchas ocasiones esos son los únicos datos que uno tiene a mano para decidir si se arriesga con un libro desconocido o no. En esta ocasión, la apuesta no ha dado resultado.

Fede Durán, ojo, no es un mal escritor. Quizá por su oficio de periodista, quizá por un talento innato, su forma de abordar los relatos que componen el libro es interesante. Haciendo gala de un estilo seco, preciso y austero, Durán busca los momentos difíciles de la existencia de sus personajes, profundiza en los sueños rotos y los deseos imposibles; sus historias casi siempre hablan sobre la derrota, sobre la resignación, pero con una puerta abierta que señala el camino de la esperanza. Algunos de los cuentos son más oscuros, más terribles, bien por sus desenlaces o por las desesperadas situaciones en las que se ven envueltos sus protagonistas; otros apuntan más hacia un tierno desencanto de la realidad, con hombres abandonados que buscan recuperar el amor o con personas que, al perder las gafas, aprenden a mirarse con ojos nuevos.

El libro se divide en tres secciones, cada una de ellas centrada en un motivo más o menos específico. La primera, que da título al libro, reúne cuatro relatos (sin título, sólo identificados por un número) que giran en torno al tema del poder, la represión, la autoridad y el abuso. Las relaciones entre nazis y judíos, el sometimiento —de resonancias kafkianas— a la autoridad o la imposibilidad de escapar del aparato del Estado sirven al autor para presentar una galería de personajes extraños y oscuros, marionetas que penden de los hilos de fuerzas superiores e insondables. El segundo apartado, ‘Gafas de pasta’, es más bien un catálogo de perdedores: tipos que se enfrentan a sí mismos o a circunstancias adversas, pero que son incapaces de superar su inherente mediocridad o, simplemente, aspiran a algo demasiado superior. La última sección es ‘Batería aérea’, un delirante repaso de las vidas de campeones mundiales de especialidades absurdas, de viudas de británicos expatriados o de aspirantes a escritor ávidos de éxito.

Algunos de los relatos son bastante buenos, sobre todo, como decía, por la caracterización de unos personajes que suscitan ternura ante lo evidente de su decrepitud psicológica. No obstante, el tono general es… gris. La escritura de Durán es más que correcta, pero la forma de narrar la historia es monótona, el movimiento de la acción es brusco o inadecuado y el ritmo de la prosa avanza con frenazos y acelerones. Se echa en falta una madurez estilística, un repaso concienzudo de las posibilidades de los relatos y una revisión narrativa en profundidad. Sólo dos o tres relatos parecen piezas trabajadas a conciencia; el resto más bien parece fruto de un arrebato de inspiración, de un rapto de genialidad que no ha sido madurado con posterioridad. La lectura se hace tediosa, monocromática; es difícil diferenciar entre unos cuentos y otros debido a la uniformidad de su aparato formal.

Además, hay algo que se echa mucho de menos y que es difícil de expresar técnicamente: la chispa. Llámenlo genio, llámenlo talento o llámenlo aptitud, pero lo cierto es que en este libro no lo encontrarán; sí hay momentos ocasionales de profesionalidad y tesón, pero falta madurez narrativa, criterio para saber diferenciar lo accesorio de lo imprescindible. “Guantes negros” tiene la única virtud de apuntar maneras, de insinuar las posibilidades de su autor, pero lo cierto es que no pasa de ser una colección de relatos ordinaria y superable.

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