Jean Santeuil – Marcel Proust

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Jean Santeuil - Marcel ProustEl que Valdemar haya acometido (con la inestimable colaboración de Mauro Armiño, que está contribuyendo a elaborar unas ediciones tan bellas como exigentes) la publicación de toda la obra de Marcel Proust es algo que uno nunca dejará de agradecer. En este caso, este “Jean Santeuil” no es sino una extensa preparación para lo que más tarde será “A la busca del tiempo perdido”. Encontrado en 1952, el manuscrito contenía unas docenas de hojas de lo que parecía ser una novela inacabada por el escritor francés; una vez ordenado —pese a lo fragmentario del material—, configurará lo que es “Jean Santeuil”.

Antes de mencionar nada del libro, habría que aclarar que Proust, antes que un escritor, es casi una religión; es una experiencia total de escritura: no es necesario comprenderlo, tan sólo vivirlo, sentirlo. Su fuerza radica en la capacidad evocadora de sus frases, de sus ritmos, de sus palabras, de la emoción que provoca su lectura, una marea constante en la que lo importante no es cada una de las olas que fluyen y refluyen, sino el conjunto del movimiento del mar, como un susurro que se introduce imperceptible, pero firme, en el oído. El estilo del francés es laberíntico, intrincado, pero poseedor de una fuerza narrativa incomparable; es difícil aceptarlo, pero una vez dentro de su prosa uno no puede escapar.

“Jean Santeuil” hace gala de estas características, quizá en menor grado que “A la busca del tiempo perdido”, ya que el material de que se compone es mucho más fragmentario; las diferentes divisiones del texto están compuestas por decenas de fragmentos breves, casi pequeñas escenas, en las que Proust pintaba algún personaje, alguna acción, tal vez como apunte para engarzarlo después en una novela completa. Sin embargo, dado que su composición fue incompleta, la hilazón entre las partes es tenue, y en ocasiones hay lagunas en el texto.

Como decía, toda la obra prefigura lo que después terminará por ser “A la busca del tiempo perdido”. El mismo comienzo, en el que el narrador (ese Jean trasunto de Proust, como lo era el Narrador de su obra magna) requiere de su madre el beso de buenas noches sin el cual le es imposible conciliar el sueño, no es más que el primer punto en común de este libro y los que vendrían después. Lo mismo ocurre con su amor infantil por Marie Kossichef, su anhelo del gran mundo, la relación con sus padres, sus estancias en Illiers…

Podría pensarse que esa constante similitud con su obra magna desmerece la lectura de “Jean Santeuil”; en absoluto. Primero, porque saborear esta novela, como decía arriba, es una experiencia estética en sí misma (y de las más placenteras, por cierto), y segundo, porque los matices del estilo de Proust abarcan un campo muy amplio. Aunque la obra remita a menudo hacia fuera, atesora esa morosidad del francés para describir las experiencias, particularmente maravilloso cuando se trata de hablar de los sentimientos del protagonista, de sus recuerdos y ensimismamientos:

Más allá, en la sombra donde se complace en crecer, en esa sombra misteriosa de los días soleados que se parece a la sombra de las iglesias, el espino rosa hacía relucir, como relucen los relicarios en las capillas oscuras, el rosario vivamente rosado, casi enrojecido, de sus maravillosas flores. Acá y allá un árbol aislado se alzaba como una estela y su follaje finamente calado, dejando pasar el sol, expresaba con graciosa indiferencia al caer el mismo sentimiento feliz, infinito y tranquilo.

Lo delicioso de Marcel Proust es dejarse introducir en ese universo sensitivo y minucioso, apartando a un lado la intencionalidad o la búsqueda de significados. Porque, y al igual que ocurría en “A la busca…”, la escritura del francés se desencadena a base de conexiones puntuales, sensaciones que punzan el interior del narrador y suscitan el recuerdo de algo; no un recuerdo pasivo, una recreación del pasado que se limita a la contemplación de imágenes, sino que se trata de una memoria activa, dinámica, que al tiempo que rescata el recuerdo lo vivifica, extrae de él contenidos nuevos, reflexiones que se convierte en la fuerza generatriz de la prosa de Proust. Como el mismo autor advierte: «[…] el valor de la literatura no está en modo alguno en la materia que se extiende ante el escritor, sino en la naturaleza del trabajo que su mente opera sobre ella».

Por todo ello, la lectura de “Jean Santeuil” es una experiencia total: como lector, uno se ve inmerso en un universo fielmente reflejado, coherente y, por encima de todo, muy, muy bello. La estética de Proust, sin ser de ascendencia decadente, es de una excelencia asombrosa, y capaz de sumergir a cualquiera en ese mundo de visiones, de deseos, de soirées, de amores y desamores… en fin, un mundo tan real como el nuestro, pero sólo entrevisto a través de su pluma. Y, en el caso de esta novela, un mundo inacabado, por desgracia, puesto que los esfuerzos del autor pronto se dirigieron hacia lo que sería su obra magna.

No diré (como he hecho en otras ocasiones) que todo el mundo debe leer esta obra: por desgracia, no todo el mundo comulga con la prosa proustiana, tan rica en detalles (lo que la mayoría definiría como «insufrible»). Me limito a invitar a cualquier lector atento a que se pasee por este universo rico, detallado y luminoso, y luego mire en su interior: seguro que nada de lo que vea es igual.

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5 Comentarios

  1. Jean Santeuil, me parece una obra que por supuesto Proust supo hacerla autobiográfica, sin embargo, que debido, a como algunos definen la vida de Proust, o sea un tanto frívola, hacen que la novela a veces sea un tanto densa. Jean se dedica a recorrer salones y conversar con grandes personalidades, pero no se define bien cual es la verdadera historia detrás de ello. He tenido pausas para leer este libro, por ratos me sumergio y por ratos me boto.

  2. Es muy cierto señor Molina la lectura de “Jean Santeuil”, asi como el previo conocimiento de su vida es muy recomendable para emprender lectura de la magna obra ” En Busca del Tiempo Perdido”. Hay biografos excelentes como André Maurios y la de que recientemente he leído por George D.Painter: Lo que dice Cris Nasta : “un ser de una belleza infinita”.Es una verdad que nadie puede negar.

  3. para lograr enamorarse y poder seguirlo a Proust es indispensable leer a la vez su biografia donde al conocer su personalidad melancolica y dulce su don de gentes su gentileza su cultura su inteligencia su amor por las artes su relacion con los padres todo ayuda para poder embarcarse en la lectura del tiempo perdido que es indiscutiblemente autobiografico,y el se impuso el deber de escribirlo para no defraudar a sus padres.Un ser de una belleza infinita,conflictuado y culposo gentil y noble y con una manera de narrar impresionista y una tragedia su enfermedad

  4. Yo siempre recomiendo empezar a leer a Proust por “Jean Santeuil”. Muchos lectores no están preparados para acometer “En busca del tiempo perdido” y, a lo mejor, ni falta que les hace. Jean Santeuil me parece una obra acabada, magnífica. Buena la recuperación de Valdemar.

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