La conquista de Plassans – Émile Zola

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La conquista de Plassans - Émile Zola«La conquista de Plassans» aparece como la cuarta novela dentro del ciclo de los Rougon-Macquart, a través del cual Zola quiso realizar un retrato de la sociedad francesa bajo el Segundo Imperio, al tiempo que escribir una obra que avalase las teorías de la herencia.

En esta cuarta entrega, el autor abandona la vida parisina para retornar a Plassans, la pequeña ciudad provinciana escenario de la primera novela. Allí nos encontramos con el matrimonio formado por Marthe, heredera de los Rougon, y François, de la saga de los Macquart. Comerciantes retirados, viven su pequeña vida burguesa sin pesares ni grandes alegrías, hasta el día en que François Macquart decide alquilar el segundo piso de su vivienda a un misterioso cura, el padre Faujas, llegado de otra ciudad.

La paz abandona entonces no sólo el hogar familiar, sino también la ciudad entera, ocupada ahora en rasgar el velo de misterio que rodea al oscuro y miserable sacerdote, que parece no querer plegarse a las convenciones de la pequeña sociedad provinciana.

Poco a poco la apacible vida de los Macquart se ve sacudida, al caer todos los miembros de la casa bajo el imperio de un hombre regido por una voluntad inquebrantable que, si bien al principio permanece oculta, acaba por revelarse: el padre Faujas anhela conquistar Plassans, tener bajo su férrea mano no tanto las almas como las vidas de sus buenas gentes.

De oscuro pasado, el padre Faujas llega a Plassans como un pobre curra desterrado, incapaz de atraerse las simpatías de aquellos que le pueden ayudar a triunfar. Sin embargo, el cura oculta un as en la manga: el contacto de un hombre importante que sigue sus pasos desde París, dispuesto a echarle una mano si demuestra saber abrirse camino.

Mientras en las tres novelas anteriores son los miembros de la saga Rougon-Macquart quienes se alzan gracias a los padecimientos de los demás, que no pueden resistir su voluntad de triunfar, en esta ocasión serán Marthe y François quienes resulten víctimas de la implacable energía que guía al padre Faujas hacía la meta que traía fijada.

Pero además de sus bienes personales, los Macquart perderán en esta ocasión la salud mental, cuyo frágil equilibrio es consecuencia de la herencia de aquella lejana abuela Adélaïde, cuyos amores ilícitos con un cazador furtivo se nos contaban en la primera novela. De esta manera subraya Zola la nota de la herencia, cuyas leyes pretendía demostrar al comenzar el ambicioso proyecto del ciclo de los Rougon-Macquart.

Por otra parte el autor, considerado el padre del naturalismo, cae en el vicio descriptivo típico de esta corriente. Sin atreverme a considerar esto un defecto, llama la atención la prolijidad de las descripciones de muebles, vestidos, carruajes y paisajes que, sin embargo, no secundan un argumento a veces delirante. Zola pretendió dejar constancia de la realidad de su tiempo a fuerza de inventariar, pero hizo de sus tramas auténticos enredos verdaderamente novelescos, sin parecer caer en la cuenta de que eso contradecía sus postulados.

A pesar de todo, un autor apetecible y siempre recomendable.

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