La fortuna de los Rougon – Émile Zola

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La fortuna de los Rougon - Émile ZolaInspirándose en “Comedia humana” de Balzac, tramó Zola el ciclo de los Rougon-Macquart, que había de ser una ‘historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio”. La idea era describir cómo los miembros de esta familia, a lo largo de las generaciones, se diseminaba por el entramado social de la Francia de Carlos Luis Napoleón Bonaparte, ascendiendo unos y cayendo otros.

Por otra parte, Zola, entusiasta seguidor de la fisiología, pretendía referir cómo los rasgos predominantes de la familia reaparecían una y otra vez, levemente modificados, en cada nueva generación. Y esos rasgos predominantes de los Rougon-Macquart son los relacionados con el desbordamiento de los apetitos. Los Rougon-Macquart se caracterizan por su voracidad, por la necesidad acuciante de satisfacer sus anhelos, si bien estos son de muy diferente índole en unos y otros.

En palabras del propio autor:

Quiero explicar cómo una familia, un pequeño grupo de seres, se comporta en una sociedad, desarrollándose para engendrar diez, veinte individuos que parecen, en un primer vistazo, profundamente disímiles, pero que el análisis muestra íntimamente ligados unos con otros. La herencia tiene sus leyes, como la gravedad.

“La fortuna de los Rougon” abre el ciclo describiéndonos en primer lugar los orígenes de las dos ramas de la familia: Adélaïde Fouque casó con un Rougon del que tuvo un único hijo, Pierre. Pero al quedar pronto viuda, entabló relaciones con un cazador furtivo de apellido Macquart con el que, sin casarse, engendró a otras dos criaturas, Ursule y Antoine Macquart.

El padre de Adélaïde había muerto loco y con los años la propia Adélaïde corrió la misma suerte, ocasión que aprovechó el joven Pierre para desposeer de todos los bienes a sus dos hermanos bastardos y casarse con Félicité, la hija de un comerciante. Pierre Rougon soñaba con enriquecerse, convertirse en un mercader acaudalado y, sobre todo, respetado. Pero a pesar de sus esfuerzos, la vejez le alcanza sin haber visto realizarse sus sueños. Tampoco sus hijos varones, Aristide, Eugène y Pascal logran labrarse una posición respetable en el pequeño pueblo de Plassans, donde la familia reside, ni en París, donde Eugène ha probado fortuna.

En este clima de frustración por una vida perdida, corroídos por la envidia de saber que hay quien vive de manera espléndida, mientras ellos no han podido convertir en realidad sus esperanzas de triunfo, el matrimonio formado por Pierre y Félicité reciben en su casa a los más rancios representantes de la reacción: viejos comerciantes y algún título arruinado que esperan ver caer la República, encarnación de todos los males: el libertinaje, la amenaza a la propiedad privada, el fin de los privilegios de ciertos estamentos… Con sorpresa, el viejo matrimonio recibe indicaciones de su hijo Eugène, que resulta ser un agente de Luis Napoleón Bonaparte para que, durante el golpe de estado por el que éste se proclama emperador, se hagan con las riendas de Plassans.

Con las indicaciones de su hijo y un poco de ingenio, Pierre Rougon logra pasar por un héroe al aparecer como el hombre que evitó que la ciudad cayera en manos de las hordas republicanas. Ese es el comienzo de una nueva vida para el ambicioso matrimonio, que ve realizados sus sueños de grandeza. Han conquistado su fortuna y Plassans se rinde a sus pies. Aunque sus zapatos estén manchados con la sangre de los republicanos muertos.

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2 Comentarios

  1. Acabo de concluir la lectura de “La fortuna de los Rougon”, y las impresiones iniciales no han hecho nada más que reafirmarse, estamos ante una novela excelente que me augura, en futuras aproximaciones al ciclo de los Rougon-Macquart, nuevas satisfacciones.

    La obra resulta profundamente revolucionaria y anticlerical, y es también una oda de los desgraciados, de los indefensos, de los desarraigados. En un tiempo que no se prestaba a verdades tan explícitas, Zola, haciendo gala de una prosa directa, denuncia un contexto social cruel e injusto que insensibiliza y embrutece al ser humano, degradándolo en su existencia. Ante nuestros ojos se despliega la vida en crudo, sentimos el latido de la sangre y el borboteo de los instintos más primarios, aquellos que hacen de los protagonistas juguetes de su destino.

    Por su temática, y hasta por sus personajes (Chantegreil, padre de Miette, es reo en Toulon como Jean Valjean), recuerda a “Los miserables” de Víctor Hugo. Ambas son un alegato en defensa de los desvalidos, pero Zola es más caustico y radical en sus conclusiones, no cree en la bondad innata del ser humano por lo que su realidad, a diferencia de la de Víctor Hugo (siempre beatífico y conciliador), no da pie a excesivos optimismos.

    La novela es en ocasiones especialmente descarnada por su violencia y sus feroces ataques al clero (Vuillet, uno de sus protagonistas, católico fervoroso, provee de rosarios y libros religiosos a los conventos y parroquias, a la vez que suministra, de escondido, pornografía a sus alumnos). El único personaje tratado con benevolencia es Pascal, uno de los hijos de Pierre Rougon, médico altruista (parece más bien un trasunto del propio Zola, es aficionado al estudio de las leyes hereditarias en los animales y a la historia natural comparada), que se complace en observar, desde un rincón al fondo del salón amarillo de sus padres, a la camarilla de burgueses y rentistas reaccionarios allí reunidos, interrogándose estupefacto “del grado de imbecilidad en el que un hombre con buena salud puede caer”.

    Es una alegría acercarse por primera vez a la obra de un autor y recibir tantas y tan variadas recompensas. Un auténtico gozo.

    Cordiales saludos para todos.

  2. Mis lecturas de literatura francesa se reducían a Victor Hugo, Flaubert, Maupassant, Sthendal, Balzac y poco más. Conocía a Zola de nombre pero no había tenido la fortuna de leer ninguno de sus libros, cosa de la que me arrepiento desde hoy mismo y a la que trataré de poner remedio en el futuro; digo esto porque he quedado enganchado a la grandeza de su obra inmediatamente (llevo tres capítulos de “La fortuna de los Rougon” devorados en una sola tarde, y no veo aún el momento de dejar el libro).

    He quedado prendado de su prosa, de sus atinadas observaciones sobre el ser humano y la sociedad en que se desenvuelve, de su facilidad para crear personajes, de la meticulosidad y exactitud con que nos hace llegar todos sus rasgos (los físicos y también los morales)… es impresionante, páginas y páginas con casi ningún diálogo y se hacen tremendamente amenas, te absorben, te interesan. Una auténtica delicia.

    Desde hoy mismo me declaro “zoliano” a muerte e incorporo a Émile Zola a mi rincón de clásicos imprescindibles.

    Cordiales saludos a solodelibros.

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