La mujer de nadie – Luis Artigue

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La mujer de nadie - Luis Artigue“La mujer de nadie” cuenta una historia tan simple que parece casi imposible —o innecesario— hacer literatura de ella. Pero Luis Artigue la hace, y la hace con sabiduría, con belleza, con ingenio y, sobre todo, con un temple inusitado que convierte una trama sencilla en una serie de metáforas de proporciones universales.

“La mujer de nadie” nos sumerge en la azarosa existencia de Remedios Varo, una pintora de principios del siglo XX que vive apasionadamente y ajena a cualquier convención mientras la Historia, con sus guerras (la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial), la expulsa primero de España y después de su exilio en París, para terminar en México. Y se podría columbrar, merced a estos elementos, que estamos ante una nueva “clásica” novela sobre la guerra, o ambientada en ese fecundo caldo de cultivo literario que es la mitad del siglo XX; pero nada más lejos de la realidad. Este libro utiliza el entorno y los acontecimientos históricos como un marco importante, pero no definitorio, para mostrar el orgullo indomable de una mujer que no se arredra ante los incontables obstáculos que se le ponen en el camino.

Entre estos se cuentan la guerra y el exilio, como ya hemos citado, pero también otros menos comunes: el amor, por ejemplo, en la figura de sus distintos amantes, los cuales van surgiendo a modo de arquetipos, en un rol que ha sido tradicionalmente asignado a los personajes femeninos. El enfrentamiento con los hombres, de hecho, está presente en toda la novela: no tanto como una reivindicación del papel autónomo de la mujer, cuanto como un ejemplo que sirve para poner frente al lector los prejuicios de una sociedad cimentada en ideas patriarcales y masculinas. Muestra de ello es la relación que Remedios entabla en París con miembros de la vanguardia surrealista, por la que se siente atraída a nivel intelectual; pronto descubre que, en realidad, el surrealismo (y, por extensión, cualquiera de los movimientos vanguardistas de principios del siglo XX, como también todos aquellos que se han sucedido después) es una nueva dictadura, la de los sueños y el subconsciente, frente a la ya establecida, la de la razón y lo correcto. Como la protagonista afirma: «Me ha parecido que […] André Breton, como sabe que Dios no existe, intenta ocupar su lugar.»

La impresión de ser sólo «una acompañante» dentro de un mundo (el artístico) que la acepta como figura secundaria la hace comprender la necesidad de salvarse a sí misma. De ahí su huída a París, primero, y a México cuando unas u otras tropas ocupan sus distintos hogares; de ahí su búsqueda de un hombre que reúna todas las cualidades que necesita, y que sí encuentra, sin embargo, en dos grandes protagonistas que se convertirán en amigas e iniciadoras: Anaïs Nin y Leonora Carrington. Más allá de su carácter sensual (sobre todo con la primera), esas relaciones le proporcionarán una visión serena sobre la forma de afrontar su existencia. Una existencia que terminará en México después de comprobar que, tras una vida de retos y desafíos, «resignarse a lo real es el final de todo gran aventurero»; acomodada gracias al dinero de un hombre al que respeta, pero no ama, en cierto modo sola y sin compañeros, Remedios acepta su periplo como un todo, sin maniqueas decisiones finales.

Artigue ha escrito un libro bellísimo y sin concesiones, repleto de preguntas sin respuesta, pero con múltiples sugerencias. Los epígrafes surrealistas que abren cada capítulo son el emblema de su estilo: envolvente, lleno de comparaciones logradas y con una voz narrativa fascinante, un muerto que confiesa desde el más allá saber todo lo que acontece y que lo revela con pericia. Todo un acierto para imprimir misterio y enjundia a esta historia de fortaleza, de orgullo y determinación que va más allá de géneros y roles, presentando a un ser humano que decide vivir por encima de todo, incluso de sus propios miedos ante la posibilidad de equivocarse.

Sin concesiones a tendencias o modas, “La mujer de nadie” es un libro que nos recuerda que la buena literatura es aquella que nos seduce y nos inquieta. Si tienen la oportunidad, compruébenlo por sí mismos.

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