La última noche – James Salter

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La última noche - James SalterHe leído críticas muy buenas de esta colección de relatos de James Salter, y por una vez tengo que confesar que, en buena medida, le hacen justicia. Estos cuentos sobre el tema del amor (y sus ramificaciones o aledaños) son muy bellos, muy sabios y muy serenos.

Por supuesto, como en casi cualquier compendio, los hay mejores y peores. De hecho, el que da nombre al libro, el último de todos, es calificado en la contraportada como «una indiscutible obra maestra», cuando en realidad es uno de los más flojitos, pues peca de obvio y ramplón. Sin embargo, hay tres o cuatro joyas dentro de estos diez relatos que, por sí solas, merecen el tiempo de leer el libro.

La primera, para el gusto de uno, es ‘Bangkok’. Es una pieza corta, muy intensa, que describe la tensa conversación entre un hombre y su antigua amante, que le abandonó años atrás y que le tienta con la posibilidad de huir con ella de nuevo. Es sorprendente la templanza del estilo de Salter, que es capaz de plasmar por escrito situaciones cargadas de emoción y transmitir esas fluctuaciones al lector con una viveza impresionante, pero sin recurrir a alharacas estilísticas, tan sólo con una prosa sencilla, tenue, sutil.

Ese rasgo es compartido por todas las piezas del libro, aunque en algunas esté mucho más logrado que en otras. ‘Bangkok’ es un buen ejemplo, pero también se aprecia en ‘Cuánta diversión’, donde una mujer con un cáncer terminal comparte una noche de diversión con dos amigas; una situación tan aparentemente dramática (y que podría resultar desastrosa tratada de una manera inocente) adquiere tintes hermosísimos a través de las palabras de Salter, que apela a la felicidad, a la alegría, a la pura vida, para ilustrar el sentimiento de cercanía a la muerte.

La muerte, precisamente, que es otro tema presente en el libro: no tanto la muerte física (que sí se da en ‘Cuánta diversión’ o ‘La última noche’), sino quizá la muerte del amor, del apego. Así ocurre en ‘Contigo, Mi Señor’, quizá algo previsible, pero no por ello menos intenso a la hora de narrar el declive de un sentir amoroso y el surgir de una pasión, todo ello encarnado en la figura de un perro muy fiel que consigue que la protagonista asuma sus dudas y se dé cuenta de lo que le está ocurriendo. También ‘Platino’ (otro de los mejores relatos del libro) incide en este punto: un hombre casado descubre que su amante se ha acostado con su suegro, un poderoso empresario que le intimida para que deje de verla y reanude su feliz matrimonio con su hija. Las apariencias, en este caso, no engañan y dejan ver que la concepción que unos y otros —no ya de hombres y mujeres, sino tan sólo los dos (o tres, o cuatro…) miembros de una relación— tienen sobre el amor es, casi siempre, engañosa, fruto de sus miedos y sus esperanzas, y para nada basada en los hechos reales. Y, asimismo, ‘Cometa’ nos habla de nuevo sobre el desmoronamiento de una pareja; en este caso, de una pareja que en apariencia está muy bien avenida, pero cuyos secretos, como los de cualquiera, salen a la superficie —en forma de reproches— con suma facilidad.

Este último punto es el que contiene la clave del impacto de algunos de estos cuentos: Salter crea unos relatos cargados de belleza, de sutileza, repletos de una serenidad que dice mucho más que las palabras. Unas palabras, por cierto, que suelen encerrar verdades muy evidentes, pero también (quizá por ello) a veces muy dolorosas. Como la mujer de ‘Bangkok’, hablando de su abandono, le confiesa a su ex-amante: «Sentí el estúpido impulso de probar algo diferente. No sabía que la verdadera felicidad consiste en tener lo mismo todo el tiempo». Algo que se pone de manifiesto en otra de las mejores piezas del libro, ‘Palm Court’, un desgarrador enfrentamiento con las oportunidades desaprovechadas, con los amores ahogados por los miedos y con la aterradora posibilidad de cambiar de vida para escuchar al corazón.

En resumen, un libro con unas cuantas joyas que cualquiera debería leer; al menos, para que nos diésemos cuenta de que se puede alcanzar grados de belleza y precisión muy altos sin pasar por experimentos pseudo-vanguardistas: basta con la sencillez que otorga la sabiduría de la mirada. Y Salter la posee.

5 Comentarios

  1. En algunos casos las historias me hicieron recordar algo de Carver, Ford o Sheppard. Son en apariencia sencillas, minimalistas pero en realidad encierran muchas verdades y sentimientos contemporaneos. Un libro altamente recomendable.

  2. Completamente de acuerdo. Está uno harto de experimentos pseudovanguardistas. Casi siempre basta con la sencillez.
    Con Salter es como si estuviéramos en una habitación oscura y su prosa nos iluminara ciertas porciones de la realidad. Vemos esos fogonazos y nos imaginamos el resto de la habitación. Acaba el relato y seguimos en la oscuridad.
    Todos los relatos me parecen magistrales, pero el que más me gusta, y no sé bien por qué, es el primero, “Cometa”.

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