Las formas elementales de la pobreza – Serge Paugam

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Las formas elementales de la pobreza - Serge PaugamEl Blog Action Day es un acontecimiento anual que propone a los blogueros de todo el mundo publicar, en una fecha concreta, una entrada acerca de un tema que preocupe y cuya discusión invite a la reflexión y al diálogo. En este 15 de octubre de 2008, el tema elegido es la pobreza; desde solodelibros nos hemos sumado a la llamada y hemos elegido un libro que trata sobre las formas de la pobreza en el mundo occidental, en las sociedades europeas contemporáneas: “Las formas elementales de la pobreza”.

Quizá lo más difícil de este libro sea asumir sus resultados; afrontar la realidad de unos hechos que Serge Paugam muestra con claridad metodológica y que tienen unas lecturas profundas bastante desoladoras. El autor, como sociólogo, no esgrime juicios de valor, ni propone enfoques subjetivos, ni mucho menos ofrece soluciones o alternativas. El lector se queda solo ante la crudeza de unos datos que esconden más sufrimiento del que parece.

Paugam se centra en estudiar las formas de la pobreza en el primer mundo; esto es, se aleja de las tradicionales miradas hacia la pobreza de una parte muy concreta del mundo (geográficamente centrada en África, Asia y América del Sur) para tratar de averiguar cómo son los pobres que habitan en países desarrollados. Su libro ha tomado como datos de campo diferentes trabajos a nivel europeo, aunque con algunas conclusiones extraídas de proyectos realizados en Estados Unidos y Canadá.

Serge Paugam, simplificando al máximo los resultados de sus estudios, divide la pobreza en tres clases: la pobreza integrada, la pobreza marginal y la pobreza descalificadora. La pobreza integrada podría ser considerada como un problema social: los pobres son numerosos, aunque no constituyan una clase por sí mismos, y pueden verse como un conjunto de personas que sufren la pobreza de forma endémica, casi hereditaria. Es un estado que suele darse en países con una economía poco desarrollada o en fase de desarrollo (el autor pone como ejemplos a Portugal e Italia). Las personas que pertenecen a esta categoría no están estigmatizadas a nivel social, y de hecho el debate se centra en cómo el desarrollo económico puede ayudarles y hacer desaparecer la escasez que sufren. Lo normal para subsistir en este tipo de pobreza es dedicarse a la economía informal (pequeños trabajos en los límites del sistema) y apoyarse en la solidaridad familiar, puesto que se cuenta con poca cobertura y ayudas.

La pobreza marginal convierte a los pobres en “fallos” del sistema. Este tipo se da en economías desarrolladas, que casi alcanzan el pleno empleo, y donde las ayudas y los programas sociales son numerosos; precisamente por este motivo, las personas que quedan al margen, sea por circunstancias excepcionales o de forma habitual, son tratadas con recelo, transformándolas en una clase aparte, que se deja de lado para no cuestionar el buen funcionamiento del sistema. No cuentan con tanto apoyo familiar, puesto que se les considera inadaptados o fracasados, y por lo tanto las personas están bastante estigmatizadas.

Por último, la pobreza descalificadora aparece en situaciones derivadas de un fuerte aumento del paro, inestabilidad laboral y recesión. Las personas que sufren este tipo de pobreza son rechazadas y no tienen acceso a demasiadas ayudas sociales, puesto que su número tiende a ser alto y no se las considera productivas; esta situación provoca una expulsión del mercado de trabajo, fruto de una inseguridad social que se ha venido desarrollando en las economías liberales modernas. Es más amplia que la pobreza marginal y despierta un interés por la “cuestión social”: la forma de abordar una solución que pueda atenuar las difíciles circunstancias en las que se ven inmersas muchas personas de forma inopinada. El miedo a la exclusión (a que también puede pasarle a uno) y el hecho de que es un tipo de pobreza que se ceba con determinados grupos (emigrantes, gente sin estudios, trabajadores del sector primario), hace que se la estigmatice y que existan sectores considerados como problemáticos. Además, la cantidad de personas afectadas convierte los programas de ayuda en procesos interminables, laboriosos y, con mucha frecuencia, poco útiles, por lo que la reinserción en el mundo laboral es casi imposible. Es obvio decir que este tipo de pobreza es el que presentan en la actualidad casi todos los países europeos.

Como decía antes, Paugam no propone soluciones: se limita a extraer conclusiones de los datos recogidos. Lo escalofriante, sin embargo, es leer el desarrollo de esas formas de pobreza en el entorno europeo y darse cuenta de los derroteros que toma la pobreza. Y no olvidemos que ésta es fruto directo de la concepción de las economías de nuestros países.

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