Levadura de malicia – Robertson Davies

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Levadura de malicia - Robertson DaviesEsta novela es la segunda parte del ciclo conocido como «Trilogía de Salterton», que fue la primera de las trilogías que Robertson Davies publicó. Aunque puede leerse con independencia de las otras dos, lo cierto es que hay personajes que ya pudimos conocer en A merced de la tempestad, por lo que es conveniente leer los textos en el orden adecuado para ir formándose una idea clara de lo que el autor tenía en mente mientras redactaba estos libros. Si en la primera parte teníamos una obra que profundizaba en los deseos a través de un grupo de teatro, en esta ocasión Davies se centra en el mundo del periodismo para tener una base sobre la que construir un nuevo acercamiento a las debilidades de los seres humanos.

Como protagonistas tenemos a tres personajes que aparecieron en la anterior novela: Solly Bridgetower, Pearl Vambrace y el padre de ésta, el profesor Walter Vambrace. Ambas familias arrastran un pasado de antipatía mutua que se ve sacudido por la aparición en el periódico local de un anuncio de compromiso matrimonial entre Solly y Pearl. El profesor, ofendido en extremo ante lo que considera una afrenta a su honor y dignidad, pone en marcha una serie de medidas legales para llevar a juicio al periódico, al joven y a su familia. Lo que nadie sabe, eso sí, es quién ha sido el causante del malentendido y qué intereses le han podido mover. A lo largo de la novela se irán desvelando algunas de esas cuestiones, al tiempo que otras tantas salen a la luz de manera inopinada.

Como decíamos, en esta ocasión el meollo del libro lo constituye el periodismo y otros elementos que lo rodean: la publicidad, las jerarquías sociales, la fama… Todo ello le sirve como excusa a Robertson Davies para hablar de lo que realmente le interesa, que no es otra cosa que nuestra tendencia al engaño y a la irreflexión. Ejemplo palmario de ello es la figura de Walter Vambrace, que pierde por completo su sentido de la rectitud cuando intenta afrontar un pequeño incidente convirtiéndolo en un atentado contra su dignidad; su comportamiento hará que su propia hija deje de respetarle, e incluso que su posición como hombre respetado en la ciudad se vea menospreciada. En menor medida, esto le ocurre a casi todos los protagonistas de la novela; tanto Solly como Pearl, por ejemplo, verán cambiadas sus vidas debido a la incapacidad de asumir la verdad y la responsabilidad que conlleva; la propia madre de Solly, Louise, decimonónica y altiva, habrá de ver los cambios que se operan en su hijo y que distan mucho de coincidir con los que encara ella misma.

Como en todas sus obras, Davies hace gala de un profundo sentido del humor para reírse de todo y todos, empezando por sus compatriotas, cuyas costumbres y maneras retrata con mordacidad. Más allá, incluso, su mirada se centra en los pequeños defectos que todos encerramos y que pueden llegar a constituir un obstáculo para la consecución de la felicidad: el sentido del honor del profesor Vambrace, la dependencia de Solly, el sentimiento de inferioridad de Gloster Ridley, el director del periódico…; de ahí la referencia a la levadura de malicia, que fermenta en nosotros lentamente hasta apoderarse de nuestras acciones. Sólo Humphrey Cobbler, el organista de la catedral, parece librarse de esa tendencia, ya que vive conforme a sus propias reglas, sin reparar en las opiniones ajenas y disfrutando de lo que está a su alcance. La libertad, parece decirnos el autor, está a nuestro alcance: sólo hay que saber aprovecharla.

Levadura de malicia es, en general, algo más flojo que los otros dos libros de la trilogía, pero no hay duda de que contiene momentos desopilantes que harán las delicias de cualquier amante de Davies en particular y de la buena literatura en general.

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