Lluvia y otros cuentos – W. Somerset Maugham

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Lluvia y otros cuentos - W. Somerset Maugham

Dentro del universo del relato corto los cuentos del inglés William Somerset Maugham destacan por una concepción «utilitarista» —valga el uso inusual del término—: sus narraciones se centran en la experiencia que se expone, sin que haya elementos que distraigan de la unidad dramática o que constituyan excursos especulativos. En pocas palabras: sus relatos «van al grano», mostrando con un estilo directo los prolegómenos de la historia y procediendo a continuación a dotarla de un final coherente; no hay elucidaciones, sospechas o sobreentendidos. Obviamente, Somerset Maugham no es un caso único, pero no cabe duda de que sus textos cortos logran, en muchos casos, un grado de madurez narrativa que, a priori, parecería estar reñida con la austeridad con la que están construidos.

Por otro lado, en algunas de las historias esa frugalidad en el terreno compositivo pasa una factura importante de cara al lector. La parca puesta en escena de ciertos relatos, como por ejemplo «La carta» o «La nave de la ira», hace que la narración se torne monótona, insulsa. Puesto que el autor no hace uso de efectos extemporáneos y renuncia a sorpresas, los desenlaces se intuyen casi desde el comienzo; en según qué casos esto no pasa de ser un detalle irrelevante, pero en otros (como el primero de los cuentos mencionados, que abre el volumen) se convierte en un tropiezo capital. Maugham basa la fuerza de su estilo en su buen ojo para la descripción de ambientes, ya que (como infatigable viajero que fue) todos sus textos tienen lugar en escenarios más o menos exóticos: desde barcos que cruzan el Pacífico hasta plantaciones indonesias, pasando por sórdidas pensiones en las que se alojan aspirantes a espía. Sin embargo, cuando esos trasfondos no consiguen dominar la narración y establecer una base sólida para la historia, los cuentos flojean y ofrecen su aspecto más endeble.

Es el caso de los relatos mencionados, u otros como «La bolsa de libros», en los que la trama se revela al lector sin ambages, pero no viene acompañada de unos personajes brillantes o de unos escenarios deslumbrantes; el resultado son textos en los que la uniformidad es la nota dominante, sin elementos que destaquen y otorguen al conjunto una seña distintiva, diferenciadora. El estilo de Somerset Maugham es sobrio, hasta cierto punto austero, lo cual puede constituir una ventaja en algunos relatos, pero también puede tornarse un demérito en aquellos cuya construcción es más endeble, como ocurre en los casos citados.

Por el contrario, esa narración directa supone uno de los aciertos en cuentos como «La señora del coronel» o «El P. & O.», en los que la peripecia de los protagonistas es perturbadora, pero se trata de forma sutil. Este último, que además pone punto y final al volumen, es un desgarrador relato sobre la muerte y su aceptación; la forma terriblemente aséptica con la que el narrador va desgranando los hechos y las reacciones que van teniendo lugar muestra la validez del estilo de Maugham en determinadas ocasiones. La monotonía del texto contrasta de manera brutal con los luctuosos hechos que leemos, y ese contraste ofrece una visión descarnada de nuestra frágil condición humana. Esta característica asoma también en otros textos, provocando siempre en el lector una desconcertante incomodidad.

Salvo algunas excepciones, en general los relatos reunidos en este Lluvia y otros cuentos son exuberantes en su ambientación e inquietantes (en todos los sentidos) en su fondo. Somerset Maugham consigue transmitir con su escritura transparente una variedad de emociones sin igual, si bien la parquedad formal pasa factura en determinadas piezas. El conjunto, no obstante, merece un acercamiento y una lectura detenida.

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