Nazarín – Benito Pérez Galdós

2
1168

Nazarín - Benito Pérez GaldósLos que nos visiten con cierta asiduidad sabrán de nuestra devoción por el maestro don Benito Pérez Galdós; es difícil encontrar una obra suya ante la cual no rendirse y reconocer el inmenso papel que jugó el escritor canario en la historia de la literatura española. Nazarín es un ejemplo de cómo el autor evolucionó a lo largo de su carrera y de cómo su curiosidad alcanzó casi todos los entresijos del alma humana; en este caso, la búsqueda de la perfección espiritual y la desconfianza hacia las costumbres sociales (no por atávicas inmutables).

El protagonista que da nombre a esta novela es un joven sacerdote que pone por delante de su carrera eclesiástica su concepción mística de la religión y el mundo. Nazarín entiende que la única manera de estar en el mundo es actuando a imagen y semejanza de Jesucristo: esto es, despojándose de toda ambición y dedicando la existencia al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados. Así, el incomprendido sacerdote se ve involucrado en un malentendido que le obliga a salir de Madrid para deambular por el campo en busca de buenas obras en las que volcarse. Acompañado por dos mujeres de turbio pasado, pero de gran corazón, Nazarín iniciará un periplo que le llevará a cuidar de enfermos, sanar apestados y redimir pecadores.

Galdós nos ofrece una historia que, bajo la apariencia de un viaje formativo, esconde una desgarradora visión de la sociedad de finales del siglo XIX. Una sociedad marcada por los prejuicios de todo tipo (el propio sacerdote es vilipendiado a menudo por su aspecto morisco), por una terrible desigualdad social, por una clase dirigente abúlica e incapaz, por una incultura sangrante y por una pobreza desesperada. Nazarín irá siendo testigo de todo ello en su viaje por los caminos, ya que se topará con personajes que ilustran esos aspectos con esa peculiar habilidad que tenía Pérez Galdós para dar forma a sus criaturas de ficción.

La maestría del autor se vislumbra en esta novela con un grado de perfección mayúsculo: apenas una par de frases y unas sutiles pinceladas en formas de rasgos físicos le sirven a Galdós para definir un personaje. Ándara, la muchacha que mete a Nazarín en apuros en Madrid, se nos representa con unas pocas pinceladas y un par de muletillas; magro equipaje que, sin embargo, pronto crea una intimidad con el lector inigualable. Algo similar ocurre con otros personajes que aparecen a lo largo de la obra: la señora Chanfaina, patrona en la pensión del protagonista, una mujer de carácter despótico, pero de corazón puro; don Pedro de Belmonte, un terrateniente agresivo que resulta ser también un campanudo chiflado, conocedor de las costumbres orientales; el Pinto, pretendiente de la otra acólita de Nazarín, Beatriz, que no es sino un cruel tarambana; o el desgraciado enano Ujo, que bajo su apariencia horrorosa se revela como un bondadoso benefactor para el trío protagonista.

La peripecia de Nazarín y sus acompañantes sirve para vislumbrar una sociedad desigual, dada a la superchería y recelosa de lo extraño; pero también se toparán los protagonistas con gentes bondadosas y caritativas. En general, Galdós se centra en mostrar la lucha que se entabla entre la generosidad sin límites de Nazarín y la desconfianza que suscita en los demás; la incomprensión surge allí donde asoma lo inesperado, lo que no se comprende y, en verdad, no quiere comprenderse. Al igual que un Quijote moderno, el protagonista confronta su inocente (aunque pura) visión con la huraña forma de ser del resto; un enfrentamiento que, como no puede ser de otra manera, acabará con la derrota del sacerdote, si bien Galdós se permite un final esperanzador, quizá dando a entender que las cosas podrían llegar a ser de otra manera.

Nazarín es una obra peculiar dentro de la producción galdosiana, ya que el énfasis espiritual es el epicentro de la narración. No obstante, la novela ofrece lo mejor del maestro y no defraudará a ningún amante de la literatura sencilla, pero de profunda mirada, del escritor canario. No sé cuántas veces lo habrá dicho uno ya, pero allá va de nuevo el consejo: lean a Galdós. Cuanto más, mejor.

Más de Benito Pérez Galdós:

2 Comentarios

  1. Sr. Molina, no te canses nunca de repetirlo, hasta la saciedad si es necesario: “Lean a Galdós. Cuánto más, mejor”… Y aún resulta poco, en mi opinión.

    No importa la obra que se elija, las hay mejores, buenas y menos buenas, pero hasta la más floja de ellas tiene mil cosas que mostrarnos. Su producción literaria es inmensa y por lo tanto tenemos mucho donde escoger.

    Cada poco tiempo, he tomado la costumbre de acercarme a él, y así pienso seguir en mi rutina de lecturas. Ahora estoy con la primera de sus novelas contemporáneas, “La desheredada”, y poco importa si por temática y estilo puede o no catalogársela como un intento medroso y fallido de sumarse al naturalismo de Zola. Es Galdós y basta, con ello tengo suficiente mientras me haga disfrutar. Sólo él y muy pocos más pueden conseguirlo.

    Un fuerte abrazo y adelante con nuestras monomanías galdosianas

    • Completamente de acuerdo, Miguel. Ya sabes que aquí somos fanáticos de Galdós y que nunca nos cansaremos de recomendar su lectura.
      Al igual que tú, periódicamente nos embarcamos en alguno de sus libros, porque es imposible cansarse de la buena literatura.
      Este verano tengo el propósito de leer (y reseñar) algunos “Episodios Nacionales” más, así que tenemos Galdós para rato. Y que no falte.
      Un abrazo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here