Lo prohibido – Benito Pérez Galdós

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Lo prohibido - Benito Pérez GaldósLo prohibido es una de esas novelas rotundas de Galdós, sin fisuras, en las que una se sumerge hasta llegar al final sin tomar aire. Una novela, como todas las de Galdós, para no dejarse ni un garbanzo, de esos que tanto ofenden a alguno, en el plato.

En Lo prohibido Galdós realiza con maestría un cuadro de la buena sociedad madrileña de los años ochenta del siglo XIX. Sagacísimo observador, el autor supo reflejar en sus obras la realidad de una sociedad entregada a la ostentación, que gastaba lo que no tenía para aparentar lo que no era. Pero además, introduce un tema nuevo, el deseo masculino narrado en primera persona y la descripción de un hombre dispuesto a comprar aquello que desea, apartando la moral.

Narrada en primera persona, Lo prohibido recoge la llegada a Madrid de José María, un soltero con rentas que rápidamente se siente atraído por su prima Eloísa que, lamentablemente, está casada. Pero la hermosura y buenas prendas de la mujer hacen que la llama de la pasión sea inextinguible y ambos acabarán sucumbiendo y entablando una relación ilícita. No obstante, la pareja defiende la pureza de su amor: puesto que el marido de ella está gravemente enfermo, la situación se legalizará cuando el cónyuge muera y los amantes puedan santificar su relación.

José María empieza sin embargo a hastiarse de la mujer que hasta el momento le obsesionaba. El placer de la conquista, la vanidad satisfecha y el encanto de poseer la belleza de Eloísa van dejando paso a la fatiga de los sentidos, ahítos ya de sensualidad. Sólo una cosa le mantiene unido a su amante: el sentimiento tan masculino de sufrir ante la idea de que otro disfrute, bese y ame lo que una vez fue suyo. Pero cuando finalmente el marido fallece nuestro hombre tiene muy claro que, si bien disfrutó con gusto de poseer lo que le estaba vedado, la mujer que le estaba prohibida por las normas sociales y religiosas, no quiere él ser ahora el que imponga la veda que otro anhele burlar. Además, con otra actitud muy masculina, razona que, como Eloísa faltó al que era su legítimo esposo una vez, bien puede hacerlo una segunda, aunque ahora el esposo sea otro.

Galdós es vocero de la moral de su época al trazar el personaje de Eloísa. Una adúltera tiene siempre que recibir su castigo, pues la que burla las leyes sagradas no puede disfrutar impunemente de una felicidad que no merece. Por eso el autor la retrata como una mujer que, aunque sinceramente enamorada de José María, lo está aún más del lujo, y ese defecto crece con cada página para que el lector comprenda que una mujer así no merece el amor de ningún hombre y que es justo que su amante la abandone antes de que consuma su fortuna.

Pero la verdadera razón de que la pasión de José María por Eloísa se extinga es que, como suele ser habitual, una nueva nace para ocupar su lugar. Nuestro hombre vuelve a caer en la tentación de desear lo prohibido y en esta ocasión sus anhelos vuelan hacia la menor de sus primas, Camila. Ésta también está felizmente casada y, para desgracia de nuestro protagonista, con un hombre sano y vigoroso que no parece dispuesto a entregar el alma en breve.

La obsesión de José María crece y se hace incontenible, pero en esta ocasión el objeto de su pasión no está dispuesto a ceder: los regalos caros que hicieron sucumbir a Eloísa no surten efecto en Camila, quien está sinceramente enamorada de su esposo. A pesar de que el joven matrimonio tiene que pasar por algunas estrecheces, la mujer no cede al asedio de quien pretende comprar su honestidad con vestidos caros.

Para concluir la historia de manera aleccionadora, José María cae gravemente enfermo (digamos que como castigo por sus pecados) y, sintiendo su muerte cercana, realiza examen de conciencia por el cual concluye en adorar, sin atisbo ya de sensualidad, a la firme Camila que se le ha negado una vez tras otra cumpliendo los preceptos que manda la moral.

A pesar del regusto a moralina judeocristiana que pespuntea la historia, la rotundidad de los personajes creados por Galdós imprime a la misma una fuerza que la hace rutilante: el hombre que sabe que sucumbe a pasiones enfermizas, que no sólo atentan contra las leyes de los hombres sino que además sólo pueden granjearle infelicidad, pero a las que no sabe hacer frente y que por satisfacerlas está dispuesto a corromper a quien ama. La mujer que mancilla su nombre por amor para verse después abandonada por el único que podría arrancarla del vicio del lujo y la vida fácil que el mismo que la repudia por ello le enseñó. Y finalmente, la mujer cuya virtud se sostiene únicamente porque, en el fondo, no desea lo que se supone debería ser tentación: el hombre o la fortuna.

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5 Comentarios

  1. Tengo marcado un objetivo claro: conocer la obra de Benito Pérez Galdós, genio entre los genios de nuestras Letras. La tarea no será cosa fácil y el camino emprendido se antoja muy largo, pero el maratón literario no tiene vuelta atrás y ahí estamos enfrascados en el recorrido de la ingente producción del escritor canario.

    Hace poco recalé en “La Fontana de Oro”, novela que, en mi opinión, no está a la altura de lo mejor del bueno de don Benito. Banal y carente de sustancia dramática a pesar de los hechos que relata, parece, ni más ni menos, lo que es, la opera prima de un escritor aún en ciernes, – la escribió con tan sólo veinticinco años – , y, aunque no pienso extenderme en comentarios adicionales, si diré que muchos de sus diálogos, una de las materias fuertes de todas sus obras, parecen, por lo impostados, las declamaciones de un coro de actores noveles. Cosa sorprendente, cierto, pero así es y así lo reflejo sin más.

    “Lo prohibido”, escrita quince años después, entre “La de Bringas” y “Fortunata y Jacinta”, aunque no es una de sus obras más reconocidas, sí me parece de las más singulares y logradas. Galdós recurre, como ya hizo antes en “El amigo Manso”, al recurso del narrador – protagonista, José María Bueno de Guzmán, que va desgranando, en unas memorias casi póstumas, los últimos cuatro años de su vida en Madrid. Preocupado únicamente por dos cosas, el dinero y el amor, es el paradigma perfecto de la alta sociedad madrileña de las últimas décadas del siglo XIX, una clase social que parece finiquitar un período, para entrar en otro, con claras muestras de agotamiento vital. Galdós se encarga de recordárnoslo una y otra vez echando mano de un recurso recurrente, el de las enfermedades; ninguna novela de su amplia producción literaria, que yo recuerde, reúne semejante cantidad de personajes achacosos por centímetro cuadrado. Miasmas y microbios se enseñorean de todo Madrid, hasta el extremo de que tal parece sino que estamos asistiendo a los últimos estertores de una raza, la de la aristocracia capitalina al completo.

    Es también la novela de lo crematístico, pero no al por menor. Por ella no campan ya gañanes menores que trapichean con cualquier cosa para salir adelante; aquí estamos en presencia de peces de gran calibre, auténticos tiburones de apellidos contrastados, Ortueta, Urquijo,… El Monte de Piedad ha sido sustituido por el parquet de la Bolsa, y las “Cubas”, las Obligaciones de Osuna y las “Perpetuas” arramblan con todo. Es el primer afloramiento de un capitalismo salvaje que sustituye a otros comportamientos pasados de moda; aunque asome tímidamente la nariz, Torquemada poco tiene que hacer ante semejantes pirañas, su ciclo económico ha periclitado.

    Hay otra característica típica de todas las novelas de Galdós que, por su ausencia, llama la atención en “Lo prohibido”. Me estoy refiriendo a la ironía y al fino humor de retranca con los que el escritor canario nos obsequia casi siempre; aquí está todo más contenido, algunas sonrisas despertarán en nosotros las ocurrencias de los protagonistas, sí, pero el mensaje de calado debe ser nítido y no puede enmascararse con guasas: es esta una novela para denunciar la fatuidad de una sociedad que vive por encima de sus posibilidades, anclada en el perpetuo divorcio de los principios y los actos.

    El ideario del protagonista principal lo pone bien de manifiesto cuando formula afirmaciones como las siguientes:

    “Nada, la necesidad de huir de Madrid era tan imperiosa, estaba tan claramente indicada por la moral, por las conveniencias sociales, que poquito a poco, sin darme cuenta de ello, fui tomando la heroica resolución de quedarme”

    “Mi razón echaba luz, eso sí, sobre los errores de mi vida; mas no daba fuerza a mi voluntad para ponerles remedio”

    Es “Lo prohibido”, en resumen, por tema y personajes, una novela puente, algo atípica, que anuncia lo que está por venir. En Camila hay mucho ya de la Fortunata que la pluma de Galdós recreará unos años más después.

    Por cierto, Sra. Castro, creo que el final de la novela no debe interpretarse exclusivamente en clave de moralina. No estamos sólo ante el justo castigo exigido por la mujer adúltera. Eloísa y Camila son representantes de algo más, dos formas diferentes de entender la vida: una regalada y vacía, la de la alta sociedad; otra natural y regeneradora, la de la clase popular. En mi opinión, Galdós se decanta, como siempre, por el pueblo y el comportamiento de sus protagonistas es una forma de reafirmar esa su elección: Camila resiste firmemente todos los requerimientos de José María, Eloísa, en cambio, claudica a las primeras, embelesada por el lujo y el boato prometido.

    Un fortísimo abrazo y hasta la próxima.

    Feliz entrada de año 2015 para todos los amigos de solodelibros.

  2. Esa fatiga emocional y física del protagonista impregna al lector y hay que ser muy terco para poder terminar el libro

    No pude seguir hasta el final porque la narración se volvió asfixiante en una serie de detalles: descripciones, comentarios, diálogos, etc.

    Me dejó una sensación desagradable hacer abandonado la lectura de un libro que empieza bien…

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