Los ensayos – Michel de Montaigne

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Aunque hayan pasado más de cuatrocientos años de su aparición, Los ensayos de Michel de Montaigne siguen siendo hogaño una fuente de placer para cualquiera; no tanto por sus características técnicas, por su estilo o por su composición, sino por la agradable fuente de sabiduría que son sus páginas: la de su autor y la de sus innúmeras fuentes.

Montaigne recopiló en estos cientos de páginas decenas de temas que le preocupaban, le interesaban o, simplemente, consideraba dignos de reflexión: habla sobre la tristeza, la educación (excepcional ensayo), la amistad, la vanidad, el amor, los libros, la virtud, la ira, etc. La novedad de Los ensayos respecto a cualquier obra anterior (y muchas posteriores) es el acercamiento íntimo que su autor imprimió: Montaigne aborda los asuntos desde una óptica personal, colocándose como referente y utilizando la subjetividad como fuente de conocimiento. En el fondo, lo que el escritor busca es profundizar en los temas con el objetivo último de ser aprendiz de sí mismo: mediante la reflexión se comprende mejor y trata de aprender junto con el propio lector.

De ahí que Los ensayos sean una fuente de felicidad y saber constante: quizá no por los conocimientos que aportan, sino por la sabiduría moral que contienen. La educación que nos propone Montaigne es de orden ético y por ello sus consignas apelan a sentimientos, virtudes y deseos; no intenta transmitir información o datos sin más, sino que elabora su pensamiento de manera espontánea (aunque muy elaborada) para ofrecer una enseñanza al más puro estilo socrático: extrayendo de su interlocutor —su lector, en este caso— los conocimientos que ya atesora.

Para ello se basa una y otra vez en cientos de ejemplos extraídos de fuentes clásicas. Montaigne hablaba el latín como una segunda lengua y de ahí que la mayoría de las citas a las que alude pertenezcan a escritores y filósofos latinos. Para el autor francés, la sabiduría de los antiguos estaba fuera de toda duda, ya que le parecía obvio que su rectitud y sentido común eran perdurables más allá de cualquier momento histórico concreto. Por este motivo alude de manera constante a hechos pasados y los utiliza como espejo para mirarse desde el presente. Cicerón, César, Escipión, Horacio o Platón, entre otros muchos, le sirven como modelo o ayuda para indicar cómo debemos comportarnos o actuar en determinadas circunstancias.

Y ahí entra en juego el potencial de Los ensayos en todo su esplendor: la interliterariedad, la referencialidad absoluta. El libro se expande más allá de sus páginas, de su espacio, de su tiempo, para proyectarse hacia el futuro gracias al intercambio constante de información y saber. Montaigne apela a otros escritores tanto como a su lector (el de entonces, el de ahora y el de mañana), convirtiendo la lectura en un juego de complicidad: la enseñanza de alguien es válida para otro, que a su vez la transmite, convenientemente transformada, a un tercer contertulio… y la cadena se extiende hasta el infinito. El diálogo entre autores es enriquecedor y prolífico: de hecho, el propio lector llega a formar parte del proceso, ya que Montaigne le insta a ello y le involucra en la construcción de su magna obra; así, la enseñanza no se aborda desde la superioridad intelectiva, sino desde el intercambio de conocimiento más básico, humano y dialogante.

Adentrarse en Los ensayos es un proceso que exige cierto esfuerzo, pero que otorga una recompensa mayúscula: comprenderse mejor y abrir la mente a la sociedad que nos rodea. La capacidad de Montaigne para hacer comprensibles los entresijos morales de las cuestiones que toca es encomiable, así como su habilidad para entretejer las múltiples lecturas que atesora dentro de su propia obra, conformando de esta manera un texto que sugiere e ilustra por igual. La cuidada edición de la editorial Acantilado, minuciosa pero muy accesible, hace de la lectura un auténtico placer. Pocos libros habrá en un día como éste que merezcan más la pena.

3 Comentarios

  1. en encanta sus ensayos en super interesante tanyo asi que quisiera retroceder el tiempo y conocerlo personalmente es muy fabuloso y tiene una inteligencia irreconosible y lo adoro

  2. obra magna de la historia del pensmaiento occidental, dondé el autor frances se ubica dentro los mas grandes de su país. La lectura es fascinante, pero no sencilla ( si es que algo de sencillo puede tener la literatura). como todo gran libro esconde dentro de sí sus propias virtudes y defectos. La virtud quizas se encuentre en la manera amena de tratar los más diversos temas de la condicion humana. intuyo que las numerosas citas pueden, por momentos, desviar la lectura demasiado. La edición es sencillamente espectacular.

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